Fernando Alonso, gato de ocho vidas

La esencia era un nombre: Oscar Piastri.

Piastri tiene 21 primaveras y se le presume un futuro magnífico en la F-1. Entre el 2019 y el 2021 ha ganadería todo lo que ha disputado, incluido el título mundial de F-2. Y viene de la Institución Alpine.

Piastri es australiano y está creciendo, y la escudería Alpine ya le está buscando un hueco para el 2023.

Lo que pasa es que, para que entre uno, debe salir otro.

En Alpine pilotan Esteban Ocon (25) y Fernando Alonso (41). El primero es francés y aparece octavo en la normal del Mundial (58 puntos). Alonso está décimo (41) y se encuentra (o se encontraba) en proceso de renovación con Alpine.

La negociación se le estaba haciendo fantasía a Alonso: Alpine tan solo le ofrecía un año más y un papel beocio en el equipo, más en la segmento del piloto probador, posiblemente abriéndole paso a Piastri.

En conocido, Alonso decía:

–Si estamos de acuerdo las dos partes, lo arreglamos en diez minutos.

La existencia es que aquel era un mensaje laportiano.

(Laporta es el presidente que pretendía resolver la renovación de Messi “cerca de de un asado”).

Y como en el caso Messi, este siquiera iba a ser un trámite.

La perspectiva

Alpine, su coetáneo escudería, pretendía dar paso al fresco Oscar Piastri, campeón de la F-2 en el 2021

Y consciente de ello, entre bastidores, Alonso estaba moviendo fichas: Aston Martin le llamaba a la puerta.

Aston Martin no es una escudería puntera (ahora mismo se encuentra novena entre los diez equipos de la parrilla), pero tenía una aprieto, la pobreza de sustituir un piloto de renombre con otro: se retiraba Sebastian Vettel (35).

Vettel ha ganadería cuatro Mundiales consecutivos (del 2010 al 2013) y sin retención ahora escasamente sobrevivía en la F-1, 14.º en la normal con 16 puntos, carencia que ver con los centenares que acumulaba en sus espléndidos cursos en Red Bull. Y al final del 2022, iba a asegurar pespunte.

Alonso juega en la cinta de Vettel. Sus dos títulos mundiales del 2005 y el 2006 (con la antigua Renault; hoy Renault es Alpine) le dan pedigrí, profundidad y renombre, preciso aquello que Aston Martin andaba buscando.

De hecho, la propuesta era un win-win, pues la escudería británica le ofrecía un resolución “multianual” y le garantizaba una plaza en la parrilla conexo a Incidente Stroll, el otro piloto titular de Aston Martin e hijo del propietario, Lawrence Stroll.

¿Probador? 

De eso, carencia.

Así que, como los gatos, Alonso cayó de pie.

“Tenemos ganas de concluir proporcionadamente lo que queda de temporada 2022 con Fernando (Alonso) vestido de azur y vamos a darlo todo juntos hasta la última revés en noviembre. El equipo anunciará su dupla de pilotos para el año que viene próximamente”, tuiteaba ayer Alpine, cuyo dilema queda resuelto: tendrá mostrador libertado para promocionar a Oscar Piastri.

La contratación de un talento como Alonso es un aviso claro de las intenciones de nuestra escudería –decía, por su parte, Aston Martin–: estamos decididos a desarrollar un equipo de F-1 que sea campeón”.

¿Y Alonso?

Pasan los primaveras y ahí sigue, como el dinosaurio de Honorable Monterroso.

Con este van ocho saltos en la F-1, ocho saltos desde su comienzo hace 21 primaveras (la próxima será su 20.ª temporada, tras sus parones del 2019 y 2020), un récord de duración y éxitos que le ha convertido en maniquí para los más jóvenes y incluso para los más viejos, aquellos que se preguntan dónde se encuentran los límites físicos del ser humano.

“Conservo el deseo y la pretensión por disputar para estar en individuo. Y quiero ser parte de una ordenamiento comprometida con ilustrarse, crecer y triunfar”, decía Alonso ayer.

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