Máximo Huerta: "Lo único que tenemos es el pasado, aquello que hemos vivido"

Mi hermana habría sido más adecuado si yo no hubiera nacido. Así resume el escritor Mayor Huerta la relación con su hermana en la primera secante de su última novelística, Adiós, pequeño. El periodista ha excavado en su propia memoria para relatar unos memorias que podrían ser los de muchos otros de su reproducción, desvelando en cada página los silencios que esconde una comunidad de la España rural y indagando en el pasado de sus padres antiguamente de que se convirtiesen en ello. 

Remotamente ya de aquel tiempo en el que fue ministro de Civilización y Deporte durante una semana, la intimidad y cercanía de Adiós, pequeño ha hecho que Mayor Huerta se reencontrara con el oficio de escritor, adicionalmente de alzarse con el premio Fernando Lara. 

¿Hay poco de ficción en Adiós, pequeño

Las novelas son siempre ficción en cuanto se publican. Cuando recuerdas París era una fiesta de Ernest Hemingway, Proust o A corazón extenso de Elvira Majo, ya no sabes que eso pasó, solo que son novelas. Es un texto verídico y profundamente sincero, pero las novelas son siempre ficción.

Máximo Huerta con su última novela 'Adiós, pequeño'

Mayor Huerta con su última novelística 'Adiós, pequeño' 

Greg A. Sebastian

¿Cuándo se dio cuenta de que necesitaba escribir esta novelística?

Es un texto que fue haciéndose solo, no me di cuenta de que estaba haciéndolo. Es un texto que me he antagónico, él me ha venido a agenciárselas a mí, ya lo decía Proust. Me gusta ser invadido por las novelas, pero hay novelas que hay que ir a buscarlas. En este caso, he sido totalmente invadido por la novelística.

¿Ha cambiado poco a la hora de enfrentarse a escribir la novelística respecto a sus anteriores?

La memoria es muy novelera y va ficcionando nuestros memorias. Toda la memoria es siempre muy novelera, pero sí que es verdad que aquí no he tenido que documentarme como en una novelística histórica porque era mi propia historia. 

El escritor y periodista Máximo Huerta

El escritor y periodista Mayor Huerta 

Greg A. Sebastian

¿Adiós, pequeño le ha hecho reencontrarse con el oficio de escritor?

Absolutamente. De hecho, el premio Fernando Lara me ha permitido reencontrarme con el oficio de escribir y con las satisfacciones de ser escritor. Estoy recuperando las sensaciones de ser un creador, un contador de historias. 

¿Cree que cuando la estaba escribiendo ha conseguido poner una distancia respecto a su propia vida y lo que estaba relatando? 

He sido invadido por la novelística, la he escrito desde las tripas. Ha sido un poco como estar pintando un retrato impresionista subjetivo, en que un pintor se sienta delante de un ambiente. Se parece mucho al trabajo de un pintor, de sentarse delante de un pared, observar y pintar. 

¿La novelística ha sido asimismo una forma de reconciliarse con su comunidad, su padre, con quién es y de dónde viene?

No. Para la reconciliación hay charlas, y está la vida. Un texto es una novelística y sirve para los lectores, para que se entretengan. Las novelas son espejos en las que los lectores se pueden ver. Pero para lo demás están las conversaciones, no las novelas. 

¿Cree que su infancia podría ser la de muchos niños españoles?  

Sí, el texto está conectando porque palabra de la infancia de muchos niños. Deje de todas las familias invisibles que estaban acullá de todo, no eran protagonistas de ausencia, y ahí está la historia. Se pueden observar identificados porque todos pertenecemos a un mundo muy similar, la infancia es muy poderosa y mirarla es hacer un delirio con la máquina del tiempo. El texto es el único invento valentísimo que existe como máquina del tiempo, para mirar detrás. Retratar la infancia es retornar a esa intuición, cuando el asombro es libre. Creo firmemente que las novelas son espejos en las que el leedor se encuentra, se va viendo, a veces deformado como ese espejo cóncavo o convexo, porque un texto es la intimidad. 

¿Tiene la intención de que sus lectores cambien la examen en dirección a sus respectivas familias a raíz de la novelística?

Lo que uno recuerda siempre está contaminado, porque la memoria es muy novelera. En Adiós, pequeño, el leedor lo que hace es encontrarse a sus padres cuando aún no eran padres, sino cuando eran hombre y mujer. No escribes con el objetivo del leedor, sino para uno mismo, pero he hecho este relato y sí que se están encontrando en esta novelística. Al final, cuando uno escribe lo que recuerda, escribe lo que siente. 

Haciendo el entrenamiento de escribir la relación con su hermana, especialmente en los últimos meses en los que enfermó, ¿ha cambiado poco de su relación con ella?

Mi hermana es la protagonista del texto pero podría ser la hermana de cualquiera. Podría haberle cambiad el nombre y la novelística funcionaría igual. La relación con una hermana no la cambia una novelística ni para mejor ni para peor, la cambia el cuidado, el mimo, los ratos juntos, los paseos a Leo (su perra), etc. 

¿Por qué afirma en la novelística que el día que nació usted murió su hermana?

Me interesaba que la novelística plasmara que mi hermana, antiguamente de ser hermana, fue una mujer, y creo que queda acertadamente retratado. Quería explicar la historia de los hombres y mujeres de esta España difícil que nuestros padres vivieron. Los imaginamos como padre y hermana pero tuvieron que ocurrir por una autopista con peaje, la del alianza. Ahora puedes salir de la autopista, pero hubo un tiempo que no. Imaginar a los padres no como padres, sino como hombres y mujeres independientes, me parecía muy culto y existente. Adiós, pequeño retrata esos matrimonios en los que se tenían que acostumbrar a quererse poco a poco porque se casaban sin conocerse. A partir de ahí empezaba un delirio extraño, complicado, en el que el coito no existía, y quedaba la costumbre, el acostumbrarse a tenerse que querer.

Hay muchos diálogos de la novelística en los que pide a su hermana que le cuente cosas. ¿Se arrepiente de no habérselo pedido antiguamente?

Los padres y las madres deben respetar sus secretos.  Aunque como narrador me apetecía que me contara cosas, porque sin duda era la mejor fuente. Es maravilloso que nos cuenten cosas, pero hasta donde ellos quieran contar. Me parece de respeto que sigan manteniendo en secreto esas historias y memorias, porque la propiedad más preciada de nuestros padres son sus secretos y memorias, y no tienen por qué contarlas si no quieren.

El hecho de incluir a su perra Leo en la novelística, y de que siempre esté tan presente, ¿es una forma de homenajearla? 

Es un homenaje a Platero y yo, que es el texto que me cambió la vida. Es mi texto fetiche, el que me hizo deletrear, y de Juan Ramón Jiménez, un autor que he estudiado mucho. Incluir a mi perra a lo liberal de la novelística era una forma de construir a mi Platero y yo personal. Diferente, los perros son como los niños, mantienen la intuición, el asombro delante las cosas más sencillas. Nosotros vamos acostumbrándonos a todo, pero el asombro libre delante una requiebro, una lagartija… lo mantienen los perros. Retornar a asombrarse es urgente y deberíamos entrenarlo, deberíamos retornar a asombrarnos por todo.

Sobre todo al principio de la novelística, la casa donde nació es casi un personaje más del texto. ¿Considera que los lugares en los que ha vivido han determinado su personalidad?

Sí, porque en una comunidad, las casas como oficio son prisión y hogar al mismo tiempo. Por eso es importante en la novelística tirarla debajo, demolerla. ¿Sino, qué hacemos con una casa llena de memorias? Veo la casa como pájaro de la personalidad, porque los lugares son los que conforman nuestra vida. El oficio te marca y cambia tu carácter y lo moldea, el oficio es fundamental. Yo vengo del mundo rural, de una comunidad campesina, de pueblo. El oficio nos forma y deforma. Pertenezco a ese mundo de vecinos, de ocio sin tele, donde todo se magnificaba y la ciudad quedaba muy acullá.

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Su perra, Leo, es un personaje más de 'Adiós, pequeño' 

Greg A. Sebastian

¿Se considera una persona melancólica? ¿Y nostálgica?

Creo que lo único que tenemos es el pasado, aquello que hemos vivido. No tenemos certeza del futuro. La única propiedad que conservamos es la memoria, y debemos mantenerla fresca, debemos conservarla cuidándola. No es que sea melancólico, sino que valoro mucho la memoria, es fundamental. 

Tras esta novelística, ¿aún le quedan historias por escribir?

Soy un contador de historias, a esto me he dedicado desde que empecé en el periodismo. Estoy escribiendo historias que pronto se publicarán.

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