Highsmith, el gran amor de Trueba

Fernando Trueba amaba la novelística negra desde adolescente. En los abriles setenta empezó a ojear a Patricia Highsmith y se quedó prendado: “Sus novelas me hipnotizaron”, explicó el sábado por la tenebrosidad en una charla que ofreció en el Atlàntida Film Fest de Palma de Mallorca con motivo del pase del documental Amando a Highsmith de Eva Vitja. Trueba leía todo lo que caía en sus manos de la autora de Extraños en un tren, pero no era gran cosa, porque “no se la editaba en castellano de forma regular”. “Recurrí a las traducciones francesas y me volví fan”, recordó.

Tan fan que buscó la modo de conocerla. Aunque no está seguro, el director gachupin cree que consiguió el contacto a través de Win Wenders y “como en esa época colaboraba con El País, decidí ir a entrevistarla al pequeño pueblo de Francia donde vivía”. Trueba lió a Óscar Ladoire para que le acompañara, cogieron el coche y se fueron a inspeccionar a Highsmith “por una estrecha y oscura carretera que salía de París”. “Óscar conducía y durante el camino íbamos jugando a distraer los novelas de Patricia y a imaginar cadáveres enterrados en el arcén”.

“Fue un delirio poco siniestro. Al datar a la casa, llamamos a la puerta y nadie abría. Teníamos la angustiarse en el cuerpo y Óscar solo quería marcharse. De repente, vimos que la puerta estaba abierta y entramos. Estábamos acojonados”. Pero el terror acabó allí, porque la escritora estaba trabajando en el huerto y les recibió con mucha amabilidad, aunque la entrevista “fue poco frustrante, porque Highsmith era de una timidez fuera de serie que intimidaba”. Aunque “le debió desear nuestra compañía, se notaba que no quería que nos fuéramos y nos enseñó la casa para retrasar nuestra partida”.

Trueba no estaba seguro de si el diario le compraría la entrevista, porque la autora de A pleno sol no era muy conocida en España, pero se la publicaron. El editor Jorge Herralde la leyó y compró los derechos de dos novelas. “Fueron los primeros volúmenes de la serie amarilla de Emblema y resultaron un éxito”. A esas jefatura, Trueba y Ladoire eran poco así como los grandes expertos españoles en Highsmith y se encargaron de presentar las novelas.

Pasaron los abriles y Trueba se planteó cómo inculcar a su hijo Jonás la pasión por la lección. “Si le hubiera hexaedro El Idealista no habría vuelto a coger un texto. Así que le di A pleno sol y funcionó”. El fascinación que la escritora tejana ejercía sobre el cineasta continuó hasta la crimen de ella: “Ese día dejé de ojear novelística policíaca. Cerré un capítulo de mi vida porque era mi escritora del naturaleza y siempre la echaré de menos”.

Tanto es así que la próxima película de Trueba, que empezará a rodar en septiembre, será “un homenaje a Highsmith con un criollo en Europa que tiene un pasado...” Todavía habrá un parpadeo a Hitchcock, que llevó al cine la primera novelística de la autora, Extraños en un tren, con guion de Raymond Chandler cuando la escritora contaba solo con 25 abriles.

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