Playa tortura

Lleva media hora dándole con una pala al cubo de dibujos horteras –horteras y rojos, calamares, en concreto– y solo ha parado el bailoteo para rebozarse haciendo la croqueta.

Así es como el impulsivo que escupe arena se distrae a costa nuestra y ese simple y fastidioso seña, yuxtapuesto con muchas otras esclavitudes (la invasiva música a tope, por ejemplo, de la tribu de la toalla vecina), evidencia que, hace ya mucho, ir a ciertas playas es una tortura. El padre del impulsivo de la pala no se inmuta, es más: da media envés y, de perfil, nos regala unos pequeños ronquido a modo de rugido selvático, poco así como “yo ya no puedo hacer más”.

Media envés, ver el mundo de perfil.

“En muchas circunstancias de la vida se había sentido mejor de costado”. Al descansar, al hacer el simpatía, en la siesta, incluso al nadar. Comportarse de flanco, eso hacía Paul. Lo explica Michel Houellebecq en Aniquilación, su postrer compendio, que, por cierto, delante las desproporcionadas expectativas que le acompañaron te decepciona a menos que seas excéptico pertinaz.

“Para cambiar las cosas hubiéramos indispensable mentiras maravillosas”, escribe Houellebecq

El texto se mantiene fiel a la éxito provocadora de un autor que hemos manido degradarse, cuya autodestrucción nos devuelve en fotografías una mueca de dolor vitalista; el mismo, sin retención, que nos atrapó con Las partículas elementales.

Pero Aniquilación, no nos engañemos, no es compendio para soportar a la playa. Son seiscientas cuatro páginas intentando atrapar un argumento sin agarrarlo de las solapas, sin mirarlo de frente.

El impulsivo de la pala ha empezado a dibujar en la arena enigmáticos dibujos geométricos, parecidos a los del compendio del francés chalado. Acompaña el ritual con gritos tribales. “Para cambiar las cosas hubiéramos indispensable mentiras maravillosas”, escribe Houellebecq. El padre de la criatura, como al inicio de la sesión, sin inmutarse. De flanco. Momento de retornar a casa a por el cántaro y la sombra: para pisar una “playa tortura” es mejor no ir.

En verano no queremos ver las cosas de frente, ya llegará septiembre.

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