El crimen de Santaló

Muchos de los establecimientos del escena del crimen han cambiado, pero sigue ese bullicio de la ciudad que se despereza y activa a las ocho de la mañana. En la cantón de la calle Santaló con la Travessera de Gràcia hace tiempo que cerró la sucursal del Barclays que ocupaba el edificio acristalado del chaflán, que hoy es una tienda de cocinas de fastuosidad. Siquiera está la sucursal de la Caixa cuya cámara de seguridad grabó con legitimidad la secuencia en la que primero la víctima, Félix Martínez Touriño, caminaba en dirección mar, arrastrando la maleta de ruedas con la que pensaba delirar aquella mañana a Lyon por trabajo. Y sí continúa abierta la panadería con cafetería El Fornet, en la otra borde de la Travessera de Gràcia, que durante horas acogió a una multitud de periodistas que se trasladó a ese punto de Barcelona para tratar de entender lo que había pasado. Las empleadas del horno pusieron voz al percatar genérico: “Por cómo ha sido ha tenido que ser un sicario”.

El crimen se produjo pocos minutos luego de las ocho de mañana, a plena luz del día, y con esa cantón llena de multitud que iba y venía, tropezando prácticamente entre ellos. Algunos aseguraron acontecer escuchado el disparo. Varios transeúntes empezaron a tildar al 112 solicitando la presencia de los Mossos d’Esquadra y de una ambulancia: “Han matado de un tiro en la vanguardia a un hombre que está en el suelo sin moverse. Hay mucha cepa”.

El rama de homicidios de los Mossos d’Esquadra de Barcelona se trasladó hasta el ocupación, que ya había sido acordonado. Los sanitarios no pudieron hacer nulo. La víctima recibido un disparo certero, sin rodeos y por la espalda, en la vanguardia.

Los testigos coincidieron en la descripción del pistolero: cor­pulento, con un pasamontañas dudoso y el armamento oculta bajo un diario­ doblado. Tras disparar, el autor había huido, sin pasar dema­siado, en dirección a la Diagonal, descendiendo a pie por Casanova­. Y allí mismo, en centro de la calle, antaño de alcanzar a la gran avenida, los investigadores localizaron el armamento del crimen en un contenedor de obra y el pasa­montañas de gancho bajo un coche.

La investigación fue complicada, y solo el persistencia y muchas horas visionando imágenes y teléfonos dio con el hilo

Félix Martínez Touriño era director del Centro de Convenciones Internacional de Barcelona (CCIB) desde hacía poco más de un año y esa mañana viajaba a Lyon a conversar con sus jefes y formalizar el despido de uno de sus empleados: Manuel Tostado. El crimen causó tanta conmoción que los compañeros de la víctima llegaron a plantearse que había sido un homicidio por error. Igualmente se barajaron otras opciones como una venganza sentimental o un ajuste de cuentas tras algún negocio turbio. Hipótesis que en su momento desconcertaron a la abogada con la que la víctima estaba a punto de casarse y a la tribu, que vivía en Madrid.

Los Mossos recopilaron todas las imágenes de las cámaras de seguridad, y fueron precisamente las proporcionadas por la sucursal de La Caixa en Santaló las que aportaron la secuencia más clara de la víctima seguida de cerca por el pistolero al que debían poner nombre.

La mujer de Touriño aportó otra pista definitiva. Unos días antaño, Félix se trasladó a Castelldefels con un amigo para conversar con un tal Javier, que había respondido a un anuncio en el que la víctima vendía su coche. Dos días luego, el supuesto comprador se volvió a citar con Félix en la plaza Francesc Macià. Quería retornar a ver el coche y conducirlo un poco más. En ese trayecto, los dos hombres hablaron de cosas personales, y Félix le comentó que esa sombra cenaba con unos amigos y su mujer en un restaurante chino de Pedralbes. Para sorpresa de los amigos de la víctima, el comprador se presentó en el restaurante. Tanta insistencia llamó la atención de los investigadores, que empezaron a trabajar a partir de su teléfono. Un número que solo se utilizó para comunicarse con Félix. Una circunstancia extraña que lo situó en el corcho de los sospechosos, aunque no como el autor­ material, al que los testigos describían como un hombre muy vigoroso.

Del disección de más imágenes, los Mossos comprobaron que el hombre que quería comprar el coche estaba en el ocupación del crimen la sombra previo, anejo con otro vigoroso que sí coincidía con la descripción del pistolero, y de una tercera persona.

El homicidio parecía obra de un sicario profesional, y se especuló con el error y el ajuste de cuentas

Los investigadores identificaron a uno de los sospechosos a partir de la matrícula del coche que había estado en un parking de la zona horas previas al crimen. Y empezaron a analizar líneas de teléfonos, titulares y coartadas. No fue acomodaticio. El próximo nombre que obtuvieron fue el de un delincuente que había pasado por prisión. Un hombre que casualmente era pareja de Pilar Tostado Blancas, a la que había conocido en la calabozo, y que era hermana de Manuel Tostado Blancas, responsable del unidad de audiovisuales del CCIB y al que Touriño había decidido despedir por los tejemanejes que había descubierto. El tribunal avaló la argumento de que Tostado Blancas pagó a un sicario, al que contactó a través de su cuñado para eliminar a su patrón.

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