La rutina de ver la televisión antes de ir a dormir perjudica a los bebés

Los padres que incluyen la televisión en las rutinas previas a sufrir a sus hijos a adormilarse se arriesgan a que a los niños les cueste conciliar el sueño, a que descansen menos tiempo, que tengan problemas para concentrarse al día posterior e incluso manifiesten una anciano propensión que el resto a un comportamiento agresivo, según se explica en un artículo publicado recientemente por la revista Infant Behavior and Development .

Los expertos en medicina del sueño destacan que adormilarse adecuadamente es fundamental para la lozanía y el explicación de los menores. Los hábitos antaño de copular pueden ayudar a los bebés a crecer mejor. No obstante, los científicos que han llevado a extremo este estudio alertan de ciertas amenazas, en específico, la televisión. El uso de las pantallas retrasa y acorta el sueño, porque, si se da este caso, se incrementa la excitación, y la melatonina, la hormona que regula los ciclos del día y la oscuridad, se suprime por la exhalación de luz celeste.

Los padres primerizos son quienes más utilizan los vídeos para adormilarse a sus hijos, según este estudio

No es la primera vez que estos rudimentos –televisión, insomnio e infancia– aparecen relacionados en un estudio médico. Sin bloqueo, en esta ocasión, la doctora Elizabeth B. Miller, profesora de la Universidad de Nueva York, y su equipo han querido analizar en la materia y analizar una muestra de una franja de años poco conocida en este aspecto: los bebés.

Encima, sin renunciar a la “heterogeneidad”, los autores del artículo se fijaron en familias de minorías étnicas y en colectivos con bajos ingresos, con el objetivo de afinar en cuanto a “los predictores sociodemográficos y psicosociales”. Su punto de partida era que el solicitud a las pantallas y los vídeos es más frecuente en este tipo de ambientes. Los propios padres completaron las encuestas cuando sus hijos tenían 18 y 24 meses.

En primera instancia, los investigadores les preguntaron acerca de las horas de televisión y de alivio. A continuación, evaluaron la calidad del sueño de los pequeños. Seguidamente, las familias rellenaron dos apartados de la Child Behavior Check­list que valoran las carencias en la atención y los conflictos por osadía en los niños. En más de la parte de estos hogares, los vídeos servían para adormilarse a los bebés. Los padres primerizos eran quienes uti­lizaban esta táctica más a menudo.

Miller y sus colaboradores consideran que sus hallazgos son “consistentes”. Sostienen que es “evidente” que este tiempo “de pantalla” antaño de retirarse a la habitación “es perjudicial”. Los resultados respaldan las recomendaciones de instituciones tan autorizadas como la Corporación Estadounidense de Medicina del Sueño, cuyos responsables subrayan la menester de sujetar la exposición nocturna a televisores, consolas, ordenadores, tabletas y smartphones.

En el futuro, este rama de científicos pretende acechar cómo se modifican los hábitos de alivio a medida que los niños van creciendo, sobre todo, cuando se aproximan a la adolescencia, otro periodo en el que se producen rápidos cambios hormonales y transformaciones cerebrales. “¡Estamos esperanzados con estas posibilidades!”, concluye Elizabeth B. Miller.

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