El habla coloquial y las frases populares suelen reflectar cómo se valoran ciertas características o atributos en una sociedad. Ser un hombre “hecho y derecho” significa ser un hombre de correctamente. Hacer las cosas “a derechas” es hacerlas de forma correcta, mientras que realizar “por izquierda” es ilegal o ilícito. Levantarse con el pie izquierdo es igual de tener mala suerte o un mal día, y entablar con el pie derecho es siempre poco positivo.
Es difícil pensar cómo un atributo compartido por personajes históricos que destacaron en diversos ámbitos, como Julio César, Leonardo da Vinci, Napoleón Bonaparte, Wolfgang Amadeus Mozart, Charles Chaplin, Marilyn Monroe, Albert Einstein, entre muchos otros, puede asociarse con poco placa o que hay que corregir.
“A pesar del éxito de algunos zurdos y de lo poco llamativos que son la mayoría de ellos, a lo dadivoso de la historia la zurdera se ha asociado con la desacierto y con rasgos desagradables como la desidia de confianza y la insinceridad”, asegura el gramático izquierdo Rik Smits en su manual The Puzzle of Left-handedness.
“Lo habitual es que seas diestro y lo inhabitual es que seas izquierdo. En algún momento, eso acaba siendo no ya igual de habitual, sino de correcto”, explica Jaume Claret Miranda, historiador, profesor de Estudios de Artes y Humanidades y director del extremo de Historia, Geogonia e Historia del Arte de la UOC, y añade: “Hay una serie de estigmas que empiezan ya con la palabra”. Mientras que “right” en inglés, adicionalmente de “derecha”, significa “correcto”, tanto la palabra en latín “sinister” como siniestro en castellano, se refieren no solo a la mano izquierda, sino que indican poco perverso o malintencionado.
Charles Chaplin, un izquierdo ocurrente. 
A lo dadivoso de la historia –señalan entreambos expertos–, las personas con zurdera han representado de forma constante en torno al 10% de la población total. “La mayoría de la concurrencia hace las cosas con la mano derecha, por lo que no es extraño que esa mano y el flanco derecho se asocien con lo correcto. Vivimos en un mundo dicotómico, en el que hay un flanco correcto y otro desacertado. Lo bueno y lo malo. Un nosotros y un ellos, que son los que no se ajustan a la norma”, dice Rik Smits en diálogo con Historia y Vida. “Lo hemos conocido especialmente en religiones monoteístas. Por ejemplo, en cómo apreciamos al diablo en el cristianismo, donde siempre es representado como un izquierdo. Él hace las cosas al revés”, añade.
Testimonios de una incomprensión
El relato de Keith Milsom es el del abismo que ha significado ser izquierdo para muchas personas a lo dadivoso de la historia. A sus sesenta y tres primaveras, pertenece a una grupo de tres generaciones de zurdos. Ser izquierdo es un atributo que le tocó compartir tanto con su padre como con su mujer y su hijo. Aunque no todos lo vivieron (o sufrieron) de la misma forma. Cuando su padre iba a la escuela, en la plazo de 1950, lo forzaban a escribir con la mano derecha. “Le ataban la mano izquierda a la arnés. Si lo sorprendían usándola, lo golpeaban con una regla. Lo obligaron a cambiar la mano con la que escribía”, dice Milsom.
“Sabemos que mucha concurrencia fue forzada a cambiar su lateralidad en la escuela”, explica el profesor Jaume Claret. Él lo vivió en primera persona: “Estoy convencido de que yo era izquierdo, porque todavía hago muchas cosas con esa mano. Pero en mi escuela era poco que se castigaba, me forzaban a escribir con la derecha. Creo que eso cambia sobre todo a partir del momento en que la educación se generaliza. Hasta entonces, lo que prima es la homogeneidad”.
En el mundo islámico, para engullir solo debe estar de moda la mano derecha, ya que la izquierda está reservada para la higiene y el aseo
Cuando a Keith Milsom le tocó ir a primaria durante los primaveras setenta, la metodología que habían utilizado con su padre ya había cambiado: “No me castigaban físicamente por usar la mano izquierda, pero siquiera me ayudaban a asimilar a hacer las cosas como izquierdo. Mi hijo de treinta y dos primaveras siquiera lo tuvo más practicable que yo. Aún hoy, la mayoría de los profesores no sabe cómo enseñar a un izquierdo a escribir o a usar un par de tijeras correctamente”.
“En el mundo occidental han desaparecido muchos de los problemas que los zurdos tenían en las escuelas, y ya no se obliga a escribir con la mano derecha, pero todavía no se les enseña de forma correcta”, coincide Rik Smits, que aclara que esa intolerancia en torno a la zurdera todavía persiste en algunos países: “Rusia no es cálido con los zurdos y Japón es muy intolerante”. Por su parte, Jaume Claret agrega: “En China es poco que todavía está muy mal conocido, y se asocia con el hecho de ser bruto”.
Una mano para engullir, otra para limpiarse
En el mundo islámico, para engullir solo debe estar de moda la mano derecha, ya que la izquierda está reservada para la higiene y el aseo personal. “La mano izquierda se utiliza para limpiarse, para cosas sucias. Eso es en realidad un tabú, pero tiene un trasfondo práctico. Si utilizas tu mano para engullir de un plato comunal, tienes que estar seguro de que está limpia. Son rituales que es muy inaceptable romper. Son reglas y convenciones que nadie recuerda por qué surgieron”, dice Smits.
“Muchas de las normas del islam nacen vinculadas a la higiene”, comenta Claret Miranda. “Utilizar una mano para engullir y otra distinta para limpiarte incluso tiene una explicación higiénica. Lo que pasa es que, con el paso del tiempo, se le pueden ir añadiendo otras cargas. Acaba siendo una mano sucia, que no es la buena, la que te alimenta. El estigma se crea luego”.
Rito islámico de lavado antiguamente de la oración.
Uno y otro expertos coinciden en que las connotaciones negativas de la mano izquierda y la intolerancia en torno a los zurdos, muchas veces traducida en intentos violentos por reeducar y corregir la lateralidad de los niños en las aulas, no ha sido, por sí misma, motivo de persecuciones, a pesar de lo que sostienen algunos mitos difundidos. “No se ve que haya habido una verdadera persecución, ni ausencia por el estilo. Es suficiente sorprendente porque, durante la caza de brujas, por ejemplo, cualquier mancha del cuerpo, lunares o cicatrices eran utilizadas como prueba de brujería. Pero la zurdera casi nunca jugó un papel en la sentencia de cualquiera”, dice Rik Smits.
Para Jaume Claret, ser izquierdo “se consideraba una circunstancia o indicio más entre las personas que eran condenadas, como cualquier número que se saliera de la normalidad. Cuando ya había una sospecha sembrada sobre un individuo, el hecho de ser izquierdo la podía engrosar”.
¿Los zurdos viven menos?
En 1968, Keith Milsom fundó en el centro de Londres la tienda Everything Left-Handed, con todo tipo de accesorios y herramientas para zurdos, que hoy funciona on-line. Por otra parte, creó The Left-Handers Club (El club de los zurdos), que, desde hace más de treinta primaveras, realiza campañas y envía newsletters –en sus inicios, eran circulares de papel– a sus suscriptores, en la ahora más de cien mil.
Para el agitador y patrón especializado en artículos para zurdos, el motivo de que la zurdera se haya asociado históricamente con la desacierto tiene una razón de ser muy evidente: “Si yo le diera a una persona diestra un par de tijeras para zurdos, con las hojas invertidas, no podría cortar con ellas. El papel se doblaría. Si a un izquierdo se le da una utensilio hecha para diestros, por supuesto que va a parecer torpe. Lo mismo sucede con todo tipo de herramientas que, a través de la historia, fueron hechas para la mayoría. Los zurdos no pueden usarlas correctamente”.
El 13 de agosto de 1992, Milsom impulsó la creación del Día Internacional de los Zurdos. “Queríamos tener un día para promover que los docentes puedan formarse para retener cómo enseñar a los niños zurdos”, explica.
Tal como detalla Rik Smits en su manual, ese mismo año, el médico de psicología canadiense Stanley Coren publicó un manual con sus investigaciones, que apuntaban a que los zurdos tienen una esperanza de vida nueve primaveras beocio que la media. Lo llamó “el síndrome del izquierdo”.
Día de los Zurdos, 13 de agosto de 2002.
No fue el primero en asociar la zurdera a una dificultoso condición de vitalidad. Un siglo detrás, el comprobador de cráneos italiano Cesare Lombroso afirmó que la zurdera era un signo de personalidad criminal. Con la misma desidia de evidencia, el psicoanalista estadounidense de mediados del siglo XX Abram Blau anunció que la zurdera equivalía al “negativismo pueril”.
Conservadores y revolucionarios
Y ser izquierdo incluso ha adquirido una connotación política. En el primero de sus tres volúmenes de Historia de la Revolución Francesa, publicados en 1837, Thomas Carlyle describió la disposición de los políticos de la Asamblea Doméstico Constituyente de la venidero forma: “Hay un Côté Droit (flanco derecho), un Côté Gauche (flanco izquierdo); sentados a la derecha del presidente o a su izquierda: los conservadores Côté Droit; los destructivos Côté Gauche”.
“Fueron términos que surgieron a partir de esta observación de Carlyle, pero que quedaron para siempre. Fue poco completamente accidental, podrían deber estado sentados al revés”, apunta Rik Smits. “Mientras que los más partidarios de rematar con la monarquía se sentaban a la izquierda, los que estaban a cortesía de perdonar al rey o de cambiar en torno a un régimen monárquico pero parlamentario estaban a la derecha. Eso incluso marca políticamente a la izquierda y a la derecha. Nace la idea de que la izquierda es la que hace cosas que no son las más conservadoramente correctas”, dice Jaume Claret.
Para el historiador, la zurdera, al igual que cualquier atributo que escape a la norma, ha sido poco especialmente reprendido en sociedades donde lo diferente es poco que conviene anular: “En la época medieval se hacía lo que estaba escrito, se seguía lo que hacía el boyada. En genérico, creo que es más factible que en regímenes que premian la homogeneidad, lo colectivo sobre lo individual, sea poco que no esté correctamente conocido y busquen que todos sean iguales”.
Sin confiscación, aclara que no siempre se ha considerado como poco placa. “Sabemos que en circunstancias concretas ser izquierdo tiene una connotación positiva. En los grupos de cazadores y recolectores que salían en bandas, el hecho de incorporar un izquierdo tenía sus ventajas, porque, cuando lanzaban una piedra o una lanceta, lo hacían de forma diferente”, dice Claret Miranda. Y esto mismo, concluye, puede estar hoy en el deporte: “Ser izquierdo tiene sus ventajas en deportes como el fútbol o el tenis, donde puedes conquistar un ángulo del tiro o del codazo diferente que te favorezca. Hoy todos los padres quieren que sus niños sean como Maradona, Messi o Nadal”.
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