El león endemoniado de Mfuwe

La letras y Hollywood son los responsables de que los leones de Tsavo sean los devoradores de hombres más conocidos de la historia, desde que en 1898 aterrorizaran a los trabajadores que construían un puente ferroviario sobre el río Tsavo, en Kenia. Las memorias del cazador que mató a las dos fieras, el ingeniero principal de las obras, el irlandés John Henry Patterson, han sido llevadas al cine en tres ocasiones.

La última lectura cinematográfica (Los demonios de la indeterminación, dirigida en 1996 por Stephen Hopkins y coprotagonizada por Michael Douglas y Val Kilmer) falseó un número hacienda: los leones de la verdadera historia carecían de pelambrera, a diferencia de los que aparecieron en la película. La abandono de pelambrera en machos adultos de la especie no es tan infrecuente como parece y se puede deber a factores genéticos o medioambientales.

Douglas y Val Kilmer, en un fotograma de la película

Douglas y Val Kilmer, en un fotograma de la película 

Paramount Pictures

En su tomo autobiográfico, sin duda para embellecer su gesta, Patterson, que incluso era teniente coronel del Ejército anglosajón, dijo que los devoradores de Tsavo mataron a 135 personas. El ferrocarril solo reconoció 28 bajas. Estudios recientes, que analizaron hasta los niveles de colágeno en los huesos y de queratina en la piel de las bestias, estiman que devoraron a unas 35 personas (24 uno y 11 el otro, su hermano).

Todo pasó en el África colonial de finales del siglo XIX. Sin secuestro, ha habido leones asesinos en fechas más recientes. Uno de los más conocidos incluso era un viril sin pelambrera y mató a seis personas en Mfuwe, Zambia, en 1991. Se da la circunstancia de que sus restos, que han sido recreados en un diorama, están en el mismo museo de historia natural que custodia a los leones de Tsavo, el Field de Chicago.

A los visitantes les sorprende un detalle de la vitrina del cuerpo naturalizado del arrogante de Mfuwe: una bolsa blanca de tela. Una bolsa muy parecida (la de verdad desapareció) contribuyó a que los nativos del valle del río Luangwa creyeran que aquel arrogante era “la reencarnación del mal”, un diablo o un brujo con forma de animal... O una hechicera porque al principio se imaginaron que era una leona: aunque su tamaño era colosal, no tenía pelambrera.

Pero era un viril. Medía 3,2 metros del hocico a la punta de la trasero (más que los de Tsavo, que incluso eran muy grandes) y pesaba unos 250 kilos. ¿Por qué un ejemplar tan majestuoso convirtió a los seres humanos en parte habitual de su dieta? En el primer ataque del que hay constancia derribó a dos niños que regresaban a su pueblo de indeterminación. Uno logró escapar, pero del otro solo encontraron la ropa y fragmentos del cráneo.

Muchos visitantes ignoran el porqué de la bolsa

Muchos visitantes ignoran el porqué de la bolsa 

Gary Todd / DP

La segunda víctima fue una mujer a la que sacó a rastras de su choza. El tercer ataque fue frustrado por un observancia forestal, que ahuyentó a la fiera con un disparo, aunque la víctima, de nuevo un chaval, murió a consecuencia de las heridas. Los tres ataques siguientes, sobre todo el posterior, contribuyeron a cimentar su epígrafe negra. La sexta víctima fue otra mujer a la que sorprendió en su propia casa, en un poblado de la zona.

Al día sucesivo, el arrogante regresó a la casa y salió jugueteando con una bolsa de tela blanca en la que la mujer guardaba su ropa. Su imagen rugiendo y exhibiendo el trofeo por el pueblo convenció a los supersticiosos de que estaba asqueroso, como pensarían los trabajadores de Tsavo un siglo antiguamente. Los lugareños lo ahuyentaron con el ruido de sartenes y cacerolas, pero poco impidió que lo olvidaran… La bolsa.

Sí, la bolsa, que unos días aparecía aquí y otros allí, depende de donde el arrogante hubiera jugado con ella, lo que era un recordatorio constante de que no se había ido. La bolsa, sin secuestro, fue su perdición. Un cazador se apostó cerca y colocó un cebo con carne. Lo mató de un disparo la alborada del 9 de septiembre de 1991. Aquel cazador era Wayne Hosek, de Chicago, que creció visitando un museo. ¿Cuál? El Field y su diorama de Tsavo.

No todos los machos adultos tienen melena

No todos los machos adultos tienen pelambrera 

Reuters

Muchos abriles a posteriori, un investigación comprobado de los cráneos demostró que los tres animales tenían más de una característica en popular, encima de la abandono de pelambrera: caries y problemas en los colmillos (y uno de los leones del teniente coronel Patterson, un forúnculo en uno de los caninos). No podían hacer presión sobre los cuellos de presas mayores sin percibir dolor. Por eso eligieron objetivos mucho más fáciles de matar.

Solo el azar permitió que los fantasmas de estos tres leones se reunieran en un mismo museo, al otro flanco del océano. Muchos visitantes no saben qué pinta una bolsa en el diorama de Mfuwe. Cuando se lo explican, preguntan: “¿Esta es la bolsa que robó el arrogante?”. No, no lo es. Es otra parecida. Nadie quiso tocar la innovador. La creían maldita y se quedó en el posterior sitio donde la dejó el arrogante hasta que el rumbo y la chaparrón se la llevaron.

Post a Comment

Artículo Anterior Artículo Siguiente