La nueva comedia de Jordi Galceran es FitzRoy y llega diez primaveras a posteriori de El crèdit, con cuatro actrices y la dirección de Sergi Belbel. Ya se ha estrenado en Bulgaria, y hay dos producciones en marcha en Alemania, pero el manifiesto catalán tendrá que esperar a pasadas las Navidades para ver el estreno innovador, en el teatro Borràs.
Sorprende que haya pasado tanto tiempo: “He empezado cincuenta obras y las he dejado, porque me suena que todo ya lo he conocido”, explica Galceran, que cree que ahora sí ha enemigo una nueva idea.
“FitzRoy es una montaña de los Andes, en la Patagonia, entre Pimiento y Argentina, y es donde pasa la comedia. Es la historia de cuatro escaladoras que están a media ascenso, una tabique muy difícil que nunca la ha conseguido una cordada femenina”. El autor habló con muchos escaladores para que le explicaran sus experiencias y su idioma: “Yo no soy escalador ni cero”.
Y da alguna pista del argumento: “Hace un poco de mal tiempo y han de detener, y durante ese rato les pasan una serie de cosas y se verán obligadas a lanzarse si continúan la ascenso o tiran detrás”. Montañismo internamente de un teatro.
“Cuando estudiaba el primer curso de Filología –continúa–, un profesor me dijo que, si me gustaba el teatro, tenía que ir a ver a Xavier Fàbregas, el mejor historiador del teatro que ha habido en Catalunya. Le conté que me gustaba escribir teatro y que lo que me gustaría era escribir teatro de aventuras, porque lo que más me gusta son los libros y las películas de piratas, y me gustaría crear esas sensaciones y emociones en un escena. Fàbregas se levantó y se fue, volvió con una pila de libros y me dijo: ‘Eso del teatro de aventuras está muy acertadamente, pero ayer léete esto’. Todo eran obras de Shakespeare, y eso sí era teatro de aventuras”.
“Me di cuenta de que Shakespeare funcionaba porque en la época no había cine. Quizá hoy haría cine. Y además me di cuenta de que no podía competir con las armas del cine, que las obras que escribiera tenían que ser muy teatrales. Siempre intento que haya dispositivo de tiempo, de movimiento y de espacio. Y FitzRoy es la más aventurera de todas las obras que he escrito”.
Así pues, exteriores en una sala: “No sé cómo harán la escenografía. Siquiera hay saltos de tiempo. Creo que cuando consigo que todo esté allí y sea emocionante, funciona muy acertadamente porque no pones trampas narrativas. Y es poco diferente de lo que el manifiesto ve en las series. En El mètode Grönholm los espectadores tienen las mismas herramientas que los personajes. Y en FitzRoy además es así”.
Galceran además refiere cómo se le ocurrió: “Me gusta la concurrencia que logra récords Guinness, esos récords absurdos que no ha rematado nunca nadie. Concurrencia que se arruina y lo pierde todo para conseguir una absurdidad. A partir de esa idea llegué a la ascenso, que tiene un punto parecido. ‘Ahora unas mujeres subiremos esta tabique, que no lo ha escalado nunca nadie’. ¿Por qué? ¿Qué provecho sacas? Ningún, solo la satisfacción de hacerlo por primera vez. Eso es lo que mueve a esas chicas a medrar esa montaña. Este tipo de personas son las que hacen avanzar a la sociedad, porque se atreven a hacer cosas que no ha hecho nadie. Como en ciencia, los experimentos que se hacen para probar a ver qué pasa”.
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