El registro a Trump agudiza la división en EE.UU.

La capacidad de shock que se ha instalado en Estados Unidos desde el aterrizaje político de Donald Trump carece de límites. Hasta el infinito y más allá.

Cuando cualquiera pensaría que se había fatigado la capacidad de conmoción tras varios primaveras de transitar de tuit en tuit, de susto en susto, con el remate de un intento de impresión de Estado (6 de enero del 2021), a partir de la gran mentira de que le robaron las elecciones de noviembre del 2020 –aún es hora de que se encuentre una prueba–, el expresidente volvió a conmocionar al país la incertidumbre del lunes.

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El FBI entra y registra la mansión de Donald Trump en Mar-a-Marisma

Envió un mensaje en el que desveló la primicia de que el FBI había registrado su mansión de Mar-a-Marisma, en Palm Beach (Florida). Esta situación inédita, y clara señal de que se intensifican las investigaciones, estuvo motivada en principio por la búsqueda de documentos clasificados que se llevó de la Casa Blanca. Los agentes se incautaron en la operación de “material sensible”, se precisó.

Había ocurrido lo inimaginable. Trump negó la anciano y se convirtió en la víctima. Sostuvo que los demócratas radicales solo persiguen que no vuelva a ser candidato. Sin incautación, el resultado de esta obra puede ser el contrario y que el vallado de filas en torno a él provoque que anticipe su anuncio oficial de que optará a ser presidente.

“Sabremos más, pero este es el mejor día en mucho tiempo para Trump persiguiendo su nominación en el 2024”, recalcó Rick Lowry, editor del conservador National Review .

Afroamericanos manifestándose ayer a favor de Trump ante su residencia de Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida

Afroamericanos manifestándose ayer a merced de Trump frente a su residencia de Mar-a-Marisma en Palm Beach, Florida

Giorgio Viera / AFP

Los republicanos exigen que se rada una investigación al Sección de Honestidad

“Otro día en el paraíso, un día extraño”, dijo Trump la incertidumbre del mismo lunes. “No cederemos”, proclamó en un vídeo estilo campaña que colgó este martes. Su equipo utilizó el registro para percibir fondos.

El coro de republicanos (con alguna extraordinario marcha, como el senador Mitch McConnell y su círculo) salió en tropel en defensa de su líder, al estilo autócrata. Argumentaron que se había hecho una “politización armada” y, sin interés alguno por las pesquisas, denunciaron que esto era resultado de las cloacas del Estado. Exigieron que se rada una investigación al Sección de Honestidad. Christopher Wray, director del FBI, fue reputado por Trump.

Incluso cerró filas Mike Pence, el exvicepresidente que salvó el resultado electoral y al que los trumpistas quisieron colgar aquel día de enero. Pence insistió en la motivación partidista. “Esto socava la confianza en nuestro sistema de neutralidad, y el fiscal normal Merrick Garland que explique de inmediato a los estadounidenses el porqué de esta obra del FBI”, señaló.

Una imagen aérea tomada en enero del 2018 de Mar-a-Lago, en Palm Beach (Florida), a orillas del Atlántico

Una imagen aérea tomada en enero del 2018 de Mar-a-Marisma, en Palm Beach (Florida), a orillas del Atlántico

Joe Raedle

En la réplica, la líder demócrata Nancy Pelosi no entró en detalles si admisiblemente matizó que “creemos en el imperio de la ley”. Otros de sus colegas precisaron que el presidente tiene la solemne obligación de proteger la seguridad franquista y que, en caso de que Trump la pusiera en peligro, se ha de investigar cómo manejó esa información.

Esta es una obra policial sin precedentes. Los historiadores no recuerdan una iniciativa de este tipo en el hogar de un antiguo presidente de EE.UU. Nadie está por encima de la ley, recordaron, y todavía menos una vez se está fuera del cargo.

Hay voces que dicen que si el FBI solo buscaba papeles clasificados, esto dará la presidencia a Trump

Si se produjo esa entrada, todo apunta que fue por los documentos. Pero sin descartar otras lí­neas vinculadas al 6 de enero, esto supone que los fiscales tuvieron que proveer pruebas frente a un tribunal y un magistrado federal concedió la orden.

Nadie cree que esos fiscales actuaran sin el conocido bueno de Garland, mayor responsable de la neutralidad. La Casa Blanca aseguró que Biden carecía de conocimiento previo y que se enteró por los medios.

“Si la entrada en su residencia es solo para percatar(se) documentos clasificados que se llevó de la Casa Blanca –indicó un experimentado procesal citado por Político –, Trump será reelegido presidente en el 2024 y será el anciano error policial de la historia”.

Pero igualmente hubo un estallido de entusiasmo demócrata en Twitter a posteriori de que Mark Elias, abogado electoral del partido progresista, sostuvo que cualquier beneplácito por violar el estatuto en el manejo inapropiado de registros gubernamentales descalifica para vivir un puesto oficial en EE.UU.

Luego se rebajó la optimismo, porque se recordó que en el 2016, cuando a los republicanos, incluido Trump, les parecía un delito molesto que la rival Hillary Clinton hubiera revelado secretos con sus e-mails en un servidor privado, varios expertos indicaron el derecho constitucional de la candidata a continuar.

Un ejemplar de próxima aparición recoge que el expresidente quería generales leales como los de Hitler

Trump tuvo la costumbre en la Casa Blanca de destruir material oficial destinado a los archivos. Entre sus hábitos figuraba ponerse esos papeles clasificados que trituraba en su dormitorio o tiraba por el wáter.

Los Archivos Nacionales recuperaron quince cajas que estaban en Mar-a-Marisma en febrero, Como continuaba faltando material, reclamaron al Sección de Honestidad. El pasado junio, el FBI visitó la estancia de la mansión de Florida en la que había más documentos, pero no se ejecutó la orden de devolución. Aunque Trump dijo que negociaban –él asistió a alguna conversación–, los investigadores pensaron que no había garantías de su preservación, lo que precipitó la entrada y registro.

El expresidente lamentó que “incluso han rajado mi caja válido” y apostilló que poco así, “propio de países del tercer mundo”, en absoluto le había sucedido a un presidente de Estados Unidos. Su hijo Eric, que le informó de la entrada de la policía (su padre estaba en Nueva York), calificó­ la operación de propia de “una república bananera”. Desde The Atlantic contestó David Graham. “En una verdadera república bananera –escribió–, podría esperar proceder con impu­nidad siempre que pudiera esquivar a sus oponentes... A menudo se presentaba a sí mismo como una especie de caudillo”. Y Graham recalcó que, en un ejemplar de próxima aparición, se recoge que Trump se quejó a sus generales de que no fueran leales como los de Hitler.

El entorno de Mar-a-Marisma, la mansión de Donald Trump en Palm Beach (Florida) registrada el lunes por el FBI, se convirtió ayer en un atmósfera en el que se expresó la división que marca a Estados Unidos. Hubo fans del expresidente que vieron en lo ocurrido una señal de persecución política, y otros, los opositores que pedían que lo encerraran en la prisión. Mar-a-Marisma es, para muchos, más que una mansión y más que un club privado. Dicen que representa la escuela política en la que Donald Trump tomó las lecciones que le llevaron a la presidencia. Esta es la disertación del ejemplar que Laurence Leamer publicó en el 2019, Mar-a-Marisma, inside the gates of power at Donald’s Trump presidential palace. Según Leamer, Palm Beach fue el campo de entrenamiento de Trump. El autor se compró la casa en la isla de Florida en 1994, año en que el hoy expresidente convirtió su finca en un club que cambió las tradiciones de los lugareños con parné rancio y pocas ganas de aventurarse en lo desconocido. De entrada, la clase dominante le despreció. Lo veían como la expresión haber de la vulgaridad. Y él replicó de una guisa hoy harto conocida: arremetiendo contra todos aquellos que no le siguen el colección, sin importar el pedigrí social. “Centró su ataque en lo que consideró el establishment corrupto de Palm Beach y, al hacer esto, aprendió las técnicas
que usó en la carrera a la Casa Blanca y para asistir a ser presidente de Estados Unidos”, explicó Leamer en una entrevista cuando salió su ejemplar. Descrito más como una persona de estilo Miami Beach, Trump estaba harto del frío invernal de Nueva York y decidió averiguar poco en un emplazamiento más cálido. Haciendo un reconvención por Palm Beach en una limusina, conexo a Ivana, su primera esposa, recientemente fallecida, Trump preguntó al conductor si había poco en traspaso por la zona. “Lo mejor por aquí es Mar-­a-­Marisma”, respondió el conductor. Esa mansión la mandó construir la rica empresaria del cereal Marjorie Merriweather Post entre 1923 y 1926: casi 6.000 metros cuadrados y 126 habitaciones, una treintena para el servicio. La señora Post murió en 1973, y la mansión, aunque utilizada para algunas fiestas, se iba deteriorando. Trump vio la oportunidad la compró por unos escasos diez millones de dólares en los primaveras ochenta y realizó una meticulosa restauración. Hoy es patrimonio histórico. Como no lo aceptaban en las fiestas de suspensión copete, Trump se montó las suyas, con invitados famosos y chicas bonitas. Era el rey de los nuevos ricos.

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