La proverbial –y reduccionista– doble sentido de los gallegos no funciona en Catalunya. Alberto Núñez Feijóo, que como presidente de Galicia adoptaba medidas en materia gramática muy similares a las que aplica el Govern, no da con la secreto, desde el liderazgo castellano del PP, para salir del alboroto catalán, en el que todo lo relacionado con la dialecto –y la identidad– es motivo de conflicto político.
Los empresarios del Cercle d’Economia celebraron en mayo, durante su primera visitante a Barcelona como patrón de la concurso, las referencias de Feijóo al “bilingüismo cordial” y a la “procedencia catalana”, buena nueva –de hermenéutica constitucional– que fue amplificada por Elías Bendodo, flamante coordinador caudillo del PP, al balbucir de la “plurinacionalidad” del Estado castellano.
Feijóo rechaza para Catalunya el maniquí lingüístico vivo en Galicia
Acabáramos. El modismo con respecto a Pablo Casado, que había denunciado poco antaño de caer en desgracia un fantasmagórico “apartheid lingüístico” en Catalunya, se desvaneció como un espejismo. Encendidas las alarmas del españolismo mediático de corte madrileño, el bandazo fue inmediato. “España no es un Estado plurinacional ni lo será”, corrigió veloz Feijóo, que temió derramarse de la vía centralista acordado cuando acababa de coger el volante franquista. Él, que como gallego había pedido no usar las lenguas como “armas política”, como castellano además pronunció la palabra apartheid .
Desde entonces, España ha vuelto a ser, para el PP, “la nación global e indivisible de los españoles”. Pero ese esencialismo extremo entra en contradicción con la trayectoria del nuevo líder conservador al frente de la Xunta y, encima, dificulta los esfuerzos del presidente del PP catalán, Alejandro Fernández, para desplegar el partido desde la moderación –y en contraste con el discurso áspero sobre el catalán de Ciudadanos y Vox– a los sectores del catalanismo desengañados del procés .
Como presidente de la Xunta, el patrón de la concurso se atribuía el uso creciente del gallego en la escuela
Tiempo detrás, el Feijóo presidente de la Xunta sacaba pecho de que “nunca antaño tantos niños estudiaron gallego en la escuela” como bajo su mandato, reclamaba reservar al gallego un 6% de los contenidos de las plataformas audiovisuales y veía natural que se exigiera el conocimiento de la dialecto gallega, mediante un título oficial o un examen específico, para aspirar a una plaza de la delegación autonómica. A los nacionalistas gallegos siempre les pareció poco, pero esa era su posición.
En cambio, ahora, en su desempeño como líder estatal del PP, ha recurrido frente a el Tribunal Constitucional la ley con la que el Parlament ha nacido al paso de la sentencia del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya que obligaba a impartir al menos un 25% de las clases en castellano. Y ello pese a que esta norma lo reconoce como dialecto de formación y garantiza el pleno dominio de los dos idiomas cooficiales, dejando la proporción de horas lectivas de cada dialecto en manos de la escuela, para que decida según criterios pedagógicos.
Este punto es el que, precisamente, le complica más las cosas a Alejandro Fernández, que había defendido como poco de “sentido global” que fueran los centros educativos los que determinaran, en función de su contexto sociolingüístico, las micción de sus alumnos: “Hay carencias de catalán en el dominio metropolitana de Barcelona y carencias de castellano en la Catalunya interior”, explicó el mes de abril en RAC1.
Alejandro Fernández ve una “anomalía” la inmersión, pero defiende seguir criterios pedagógicos
El presidente del PP catalán ha criticado desde el Parlament la inmersión gramática, “una anomalía –afirma– que no se aplica en ningún otro lado del mundo donde confluyen dos o más lenguas oficiales”, y ha propuesto como alternativa la conjunción gramática. Este maniquí consiste en un bilingüismo “flexible” que, acullá de la “sustitución” del castellano por el catalán que, a motivo de Alejandro Fernández, pretende el Govern, plantea modular la enseñanza de las lenguas en función de la sinceridad de cada ámbito territorial educativo.
En la Moncloa, donde no faltan asesores catalanes, todo esto lo saben muy proporcionadamente. Y los vaivenes lingüísticos y territoriales de Feijóo pueden convertirse en uno de los arietes ideológicos de Pedro Sánchez en su pugna con el líder de la concurso.
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