Iluminaria

Cuando Josep Pla viajó a Nueva York en 1954 y vio toda esa tendido, le interrogo a su intérprete: “Escolti, i tot això, qui ho paga?”.

Esa pregunta es la que todos nos deberíamos hacer. Muchos hemos gastado el increíble espectáculo al aterrizar de tenebrosidad sobre una gran metrópoli, y nos deberíamos preguntar: ¿es necesario este despilfarro en iluminación? Autopistas, complejos industriales, polígonos, urbanizaciones estériles, monumentos, parques y jardines vacíos, etcétera. Pues yo le voy a replicar a Pla, això lo pagamos todos.

Los últimos primaveras se ha producido la moda de iluminarlo todo, hasta las playas y el mar, como pasa en el Concejo de Calafell. A las playas las ilumina el sol y la espejo. Aún rememoración cuando de crío íbamos a ver estrellas fugaces desde la playa. Hoy la contaminación lumínica nos impide disfrutar de esos pequeños y gratuitos placeres.

Iluminación led y placas solares en los terrados mejorarían el consumo. Por otra parte, sería conveniente apagar la iluminación innecesaria. Otra medida por adoptar es iluminar al ­tresbolillo, es afirmar farola sí, farola no.

Pero como dijo el jesuita Gaspar Astete: “Doctores tiene la Iglesia”.

Miguel Garbo Marqueta

Calafell

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