'Imaginas lo que deseas', las frases lanzadas al aire de Nathan Coley

Una frase en apariencia inocente, pronunciada en el espacio y el momento calibrado puede cambiarlo todo. Y en otro contexto puede no significar ausencia. El cómico escocés Nathan Coley (Glasgow, 1967) grupo las palabras y las aguijada al melodía de una forma casi diríase que anárquica, para que cada uno las interprete como quiera, se combinen en un cóctel mágico que toque el corazón, o, a otros, si es el caso, les resulte una banalidad.

Las “esculturas de texto” de Coley, letreros luminosos montados en andamios e iluminados por decenas de pequeñas bombillas, se encuentran en museos y colecciones privadas de todo el mundo, y han “adorno” desde remotos castillos de las Tierras Altas escocesas hasta una piscina que solían utilizar los nazis. 

La ubicación lo es todo. Cuando el referéndum escocés de independencia del 2014, el Museo Franquista de Edimburgo colocó a su entrada una que decía There will be no miracles here. “Aquí no va a acontecer milagros”. Y que cada uno llegara a las conclusiones que quisiera. Las obras del cómico son como esas películas con final franco. Palabras que no pretenden ser la última palabra.

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I Don't Have Another Land, Charleston, East Sussex, England, UK.

Keith Hunter / Otras Fuentes

Ahora, bajo un paraguas de exposiciones y eventos titulado Sussex Modern en ese condado del sur de Inglaterra, se han reunido seis de las instalaciones de Coley (finalista del premio Turner) en un radiodifusión de varias decenas de kilómetros. En lo stop de un aparcamiento de Eastbourne (la típica ciudad costera de descanso para jubilados y familias con niños pequeños), en los viñedos de Rathfinny (un cotizado espumoso que compite con los mejores champán franceses), delante de una vieja iglesia del pueblo de Glynde, contiguo a la célebre ópera al melodía librado de Glyndebourne, mirando al puerto de Newhaven (propiedad de la compañía francesa que opera los ferris al continente, y el único pedazo de comarca inglés que es técnicamente parte de la UE), al costado del castillo normando de Lewes y en el enredado cultural y estético de Charleston, la casa de campo del conjunto de Bloomsbury.

Las seis piezas que componen la instalación crean la impresión de conversar las unas con las otras

Nathan Coley talego sus mensajes de libros, de canciones o de frases que oye, que le gustan, o que pueden tener un doble sentido, ser equívocas o sujetas a interpretaciones varias, pero siempre sonoras. You Create What You Will , que adorna la iglesia de Santa María, y You Imagine What You Desire (Newhaven) son de una obra de George Bernard Shaw (“la imaginación es el principio de la creación, uno imagina lo que desea y al final crea lo que desea”); A Place Beyond Belief , en los terrenos de Rathfinny , es poco que comentó una mujer en el patrón de Nueva York luego de la tragedia del 11-S, como diciendo que la única forma que tiene la ciudad para exceder los ataques era seguir colectivamente en torno a delante y reconstruirse a sí misma inventarse de nuevo, yendo más allá de lo que se podría imaginar; We Must Cultivate Our Garden , en el parking de Eastbourne, la pronuncia en el Candide de Voltaire un chavea desilusionado que en su delirio se encuentra con reyes y reinas, presidentes, pensadores y artistas, y su conclusión en la última ringlera del volumen es que cada uno debe cultivar su pensil , ser práctico y tener objetivos limitados en vez de proyectos fantásticos o grandilocuentes de un optimismo desmesurado; el paraíso donde no pasa nunca ausencia de Heaven Is A Place Where Nothing Ever Happens no es el bíblico sino un antiguo y célebre club gay del Soho de Londres; y I Don’t Have Another Land (no tengo otro país), en la casa rural que Duncan Bell y Vanessa Grant convirtieron en la sede campestre del conjunto de Bloombury, es una sentencia que vio el cómico como grafiti en un pared de Jerusalén.

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You Imagine What You Desire, Newhaven, East Sussex, England, UK.

Keith Hunter / Otras Fuentes

“Esta exhibición reúne la veterano selección de mis esculturas en un mismo momento y encima cerca unas de otras, en el maravilloso y único paisaje de la región de Sussex, como parte de una temática. Para mí es una experiencia extraordinaria”, comenta Coley. “Las obras del cómico se han expuesto en múltiples y muy variados escenarios a lo espléndido de su carrera (la Colección de Arte Contemporáneo de Vancouver, el Centro Australiano de Arte Contemporáneo de Melbourne, la catedral de Portsmouth, el La Warr Pavillion de Bexhill-on-Sea, el Kunstverein de Freiburg, la Colección Franquista de Arte Original de Edimburgo...), pero nunca ayer de un forma tan cercana, como si sus letreros hablasen unos con los otros en una conversación filosófica. “Para los habitantes de la zona, de localidades como Eastbourne, Lewes y Newhaven, es un fasto tener a la puerta de casa obras de primera categoría mundial”, señala Nathaniel Hepburn, director de Sussex Modern.

Los pueblos y ciudades costeros británicos, a la vez elegantes (con su edificación victoriana) y chabacanos (con sus fish and chips , puestos de golosinas, carritos de helados, máquinas tragaperras y desvencijados parques de atracciones) son lugares melancólicos, con mucha gentío veterano. Un enorme cartelón que dice “El Paraíso es un sitio donde no pasa nunca ausencia” no es poco que deje indiferente. La frase descarta una expectativa de futuras emociones, echa un jarro de agua fría. “Suscita una reacción diferente en cada uno de nosotros -dice Coley-. A algunos les sugiere que el más allá puede ser infinitamente tedioso, así que mejor pasárselo lo mejor posible aquí y ahora. A otros les puede cuestionar sus creencias religiosas. O se puede interpretar como una afirmación de que Lewes (donde se halla la instalación) es en sí misma el paraíso.

Coley talego las frases de sus letreros luminosos de libros, canciones, grafiti y conversaciones que audición al azar

Sussex, atmósfera de la más llamativo exposición de este verano en el mundo del arte inglés ocupa un sitio muy distinto en la historia, la humanidades, la pintura y, en militar, la civilización del país. A lo espléndido del extremo siglo, diseñadores, escultores y escritores, entre ellos los del conjunto de Bloomsbury, lo eligieron como su segunda casa luego de Londres, y se inspiraron en su bucólico paisaje para desarrollar ideas radicales, proveer espíritus independientes y averiguar estilos de vida alternativos. Aquí nacieron novelas de Virginia Woolf, cuadros de Eric Ravilious y fotografías de Lee Miller. Nathan Coley sigue sus pasos.

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