Una misteriosa ‘W’ sobrevuela Barcelona

«El 15 de agosto de 1971 es el día más importante de mi vida. El día del Watusi. El curva que se tiende sobre la aurora en que Pepito y yo, resguardados de la aguacero por un plástico azur, pescamos sobre un dique derrumbado, y acaba sin deleite el amanecer asimismo inclemente del día posterior. Los sucesos nos han devuelto al mismo superficie…»

El próximo lunes, 15 de agosto, es el día del Watusi, es sostener, la trayecto del año 1971 en que transcurre una parte decisiva de la movimiento de ‘El día del Watusi’ de Francisco Casavella (1963-2008). Los fans de esta novelística de culto realizan cada año –no solo en Barcelona, sino en otras ciudades, como por ejemplo Valeroso- actos de diversa índole para conmemorar el tomo a la forma de un Bloomsday arrabalero, con actividades que van desde rutas por los escenarios, bailes desenfrenados con djs lisérgicos, saber ‘w’ que aparecen pintadas en las calles, animación en redes sociales, picnics y hasta tatuajes a propósito.

Aunque la contemporáneo tirada de Emblema se compone de un solo grosor, la obra fue publicada originalmente en tres entregas, ‘Los juegos feroces’ (2002), ‘Singladura y joyas’ (2002) y ‘El idioma irrealizable’ (2003), que salieron a la calle con solo unos meses de distancia entre ellas. En una carta que recibimos algunos periodistas culturales el 3 de julio del 2002, el editor de la entonces Humanidades Mondadori, Claudio López de Lamadrid, nos advertía de que se trataba de “una novelística monumental” . No era habitual admitir ese tipo de cartas por parte de Claudio, quien, contagiado por el entusiasmo de la agente Carmen Balcells, fue el autor asimismo de la idea de separarla en tres entregas –emulando el divulgación de ‘Aléxandros’ de Valerio Manfredi- y de lanzarla con una campaña de cartelería y anuncios callejeros que incluía una enorme ‘W’, que inundó Barcelona como el signo del murceguillo hace con Gotham. Resulta irrealizable que un maestro de Casavella no mire el contemporáneo hotel Vela, coronado por una enorme W y situado cabal en la playa donde se desarrollan algunas escenas de la novelística, como una señal que confirma lo narrado en ella. Tras vencer el premio Nadal en el 2008, la obra fue publicada asimismo en Destino por primera vez en un solo grosor, una intrepidez de la editora Silvia Sesé, buena amiga del autor.

Francisco Casavella, en el año 2009

Francisco Casavella, en el año 2009 

LV

La historia, en verdad, no sucede solamente el 15 de agosto citado, sino que nos acompaña por la crecimiento –o no- de Barcelona y el conjunto del país desde 1971 hasta 1995, cuando Fernando Atienza cuenta lo sucedido, ya que le han encargado un crónica, que va redactando o leyendo con constantes flashbacks y fast forwards dirigiéndose a un secreto maestro.

Poco tiene de crónica profesional la narración de Atienza, quien se implica en los hechos con todo boato de detalles y emociones. Para originarse, en aquel frenético 15 de agosto de 1971, recorrió la ciudad entera, a sus 13 abriles, conexo a su amigo Pepito el Ye Yé, caló y cojo, un pícaro contemporáneo, para avisar al mítico Watusi de que en el distrito le buscaban para hacerle respaldar por la violación y crimen de Julia, la hija de uno de los cabecillas de los bajos fondos locales. Todo lo que vivió aquel día le perseguirá el resto de su vida.

El Watusi es el “rey del ritmo, jornalero, guarda de la alegría y mensajero de la homicidio”

El Watusi es un personaje misterioso y con ribetes mitológicos. Se cuentan muchas historias sobre él: que es un homicida a sueldo, que tiene su ética, que se transforma cuando percha desenfrenadamente… López de Lamadrid se refería a él como “rey del ritmo, jornalero, guarda de la alegría y mensajero de la homicidio”.

La 'W' del hotel Vela, en una de las playas donde sucede 'El día del Watusi'

La 'W' del hotel Vela, en una de las playas donde sucede 'El día del Watusi' 

LV

Entrevisté a Casavella en agosto del 2002, cabal antiguamente de que apareciera el primer grosor, en una terraza de la plaza Vicenç Martorell. Me dijo entonces que su objetivo era “dibujar el fracaso –o desarrollo- de un espíritu individual en paralelo con el espíritu del país”.

La movimiento narrada es claramente policiaca: el crimen de una chica, que lleva a apañarse a su homicida en un bullicio de chabolismo y delincuencia. Pero la novelística trasciende eso y se convierte en un retrato de la historia de Barcelona y de todo el país desde el tardofranquismo hasta el verano de 1995, con los escándalos políticos y económicos, la corrupción, la claudicación de los ideales, y el contraste entre los grandes cambios históricos y la vida miserable de los habitantes de los barrios, que conviven con el mito de una ciudad prodigiosa que solo ven en la televisión. Ese es uno de los temas del tomo: la invención de la verdad, en lo diario y en lo ilustre, las fronteras entre la verdad y la mentira, la omnipresencia de la impostura. Lo que rezaba el consigna que, decía Casavella, deberíamos colgar todos en la prólogo de nuestras camas: "Ten cuidado en cómo miras el mundo porque el mundo será como lo mires". 'El día del Watusi' hizo emerger, por otra parte, unos barrios que la humanidades había obviado. El relato del autor se contrapone claramente al de la entusiasmo y la encomio de la Transición y los Juegos Olímpicos.

"Un día nos reunimos en secreto todos los escritores de Barcelona y nos repartimos mafiosamente las zonas: para Marsé el Guinardó, tú no escribas del Carmelo, chaval... y a mí me tocó Montjuïc"

Los escenarios son múltiples: las montañas del Tibidabo y Montjuïc (esta, con sus chabolas que llegaron a tener a 30.000 personas y con su desaparecido parque de atracciones), las playas, el puerto, el rompeolas, el zoo, los burdeles del Raval y de la zona incorporación, el Poble Sec… La gran mayoría de las denominaciones que aparecen en la novelística son reales, aunque hoy no todos las recuerden: El Molino, La Tierra Negra, Las Cuevas de Alí Babá, Ciudad Sin Ley, Las Casitas… “Es que como Barcelona es tan pequeña –bromeaba el autor-, un día nos reunimos en secreto todos los escritores de la ciudad y nos repartimos mafiosamente las zonas: para Marsé el Guinardó, tú no escribas del Carmelo, chaval... y a mí me tocó Montjuïc, con todas sus zonas clásicas: Casa Valero, Casa Antúnez, Los Tres Pinos...” Se mostraba “fascinado desde siempre por las historias de mi distrito, del Chino y de Poble Sec, me llegan todavía sus ecos. Cuerpos flotando en el puerto no he manido, no... sólo zapatos. Son cosas que te explican... Para que te pasen a ti directamente estas movidas hay que estar muy metido en los bajos fondos y creerte la mítica de esos héroes del hampa, como el Watusi. ¿Si los he conocido? Claro, por ejemplo, el Botas, a él se le adjudicaban todas las cosas que sucedían. Había otro que... pero no lo pongas, que todavía está vivo y yo asimismo quiero estarlo. La nubilidad siente simpatía por el mundo criminal, pero los profesionales no bromean, cuanto más allá estés de ellos, mejor.”

Barracas. Nonell volvió una y otra vez al tema de las barracas, seguramente las viviendas de algunos de sus modelos, como esta del Somorrostro fotografiada por Ballell

Barracas en el Somorrostro de Barcelona

Frederic Balell / Arxiu Fotogràfic de Barcelona

Se alcahuetería de una sola novelística, no de tres que puedan leerse en indistinto orden. “Cuenta como una porque no la he cobrado tres veces”, me puntualizó el autor. La primera parte, ‘Los juegos feroces’, es la que nos conduce a aquella violenta trayecto del 15 de agosto de 1971 que solo podrá ser superada mediante la invención de los hechos, un relato que sea digerible. ‘Singladura y joyas’ muestra un mundo, el de mediados y finales de los abriles 70, en el que mandan el caudal y la codicia política: el narrador entra a trabajar en un costado (Casavella fue chico de La Caixa) “y se ve envuelto en la formación de un partido político que intenta entrar en la gran formación de centro que ya se vislumbra. Era una época en que cada día pasaban cosas y la democracia se mostraba de un modo muy naïf, nos vendían una película muy lejana a lo que en realidad se estaba fraguando, el paso de una burocracia a otra”. Y, finalmente, ‘El idioma irrealizable’ narra la elevación social de un Atienza que encuentra su refugio en la tenebrosidad, y comprende desde 1977 hasta 1995. “Se cuenta el paso de un país dramático a un país imbécil –continuaba el autor-. El narrador se ha convertido ahora en un incansable trepador social. En los primeros abriles ochenta se introduce en el mundillo de la música, hasta apurar otra vez en la política, en esos trabajillos que se hacen en la sombra. Es el grosor más juicioso.” El 'Watusi' desprecio a las minas y sube a los palacios, muestra la Barcelona de los de hacia lo alto y de los de debajo, los quinquis de las chabolas pero asimismo a un patrón sospechosamente parecido a Javier de la Rosa, que posee el parque de atracciones del Tibidabo y que debe comerse un emparedado en su celda de la calabozo Maniquí por Navidad.

Casavella, cuya mala vida nocturna fue casi tan legendaria como la del Watusi, se llamaba en verdad Francisco García Hortelano, y falleció a los 45 abriles mientras trabajaba en otra novelística protagonizada por Fernando Atienza. Él sabía que el Watusi era lo mejor que había hecho. “Por lo menos una vez en la vida –me comentó-, hay que intentar hacer un sacrificio y escribir poco dilatado. Esta novelística empecé a escribirla en 1998, tras un penoso calvario trabajando en películas para televisión, y así me pude financiar los posteriores cuatro abriles encerrado escribiendo. He escrito por la mañana, por la tarde y por la tenebrosidad. He cubo el do de pecho. He terminado muy idiota, me he quedado infructifero, sin poder neuronal, si es que alguna vez lo tuve. Si me pregunta qué ha pasado en estos cuatro abriles, la respuesta es: no lo sé”. Antiguamente del Watusi había publicado ‘El triunfo’ (1990), ‘Quédate’ (1993), ‘Un enano castellano se suicida en Las Vegas’ (1997) y ‘El secreto de las fiestas’ (1997). Luego del Watusi, ‘Lo que sé de los vampiros’ (2008), una novelística histórica que ganó el Nadal. Qué más da. Dicen que no tenía lectores, sino seguidores, y ello tiene una única explicación, que empieza por ‘W’ y que es una de las mejores novelas del siglo XXI.

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