Diecinueve abriles a posteriori del estreno en la Sala Tallers del TNC, este septiembre vuelve El mètode Grönholm al teatro Poliorama, donde ha hecho unas cuantas temporadas. Estrenada en el 2003 con Jordi Boixaderas, Lluís Soler, Roser Batalla i Jordi Díaz, ahora toman el dimisión Enric Cambray, Marc Rodríguez, Mar Ulldemolins y David Verdaguer, en un montaje que se vio interrumpido por la pandemia y que, como el primero, está dirigido por Sergi Belbel. Mientras, la obra se ha representado y se representa en teatros de medio mundo. El dramaturgo Jordi Galceran (Barcelona, 1964) repasa el porqué del éxito mundial de esta comedia, y refiere algunas curiosidades.
Rusia, sin derechos
“Me daba cosa que los rusos estuvieran riendo mis chistes e invadiendo Ucrania a la vez”
El mètode Grönholm vuelve a hacer temporada en Barcelona. ¿Varía mucho este montaje del precedente?
No mucho. Quizá ahora tira más por la comedia y cambia la modo de interpretar de cada actor, pero como el director asimismo es Belbel, es muy parecido. La única vez que he hecho de actor fue con Paco Morán, y él siempre decía: “Cuando una comedia funciona, no hay que cambiar ni la moqueta”.
En estos diecinueve abriles, ¿ha hecho algún cambio? Aunque solo sea con respecto a la tecnología, como el ojo que observa a los intérpretes.
La escenografía es nueva y es verdad que, en algunos montajes, en ocupación de los sobres que abren los actores, los han cambiado por tabletas o por móviles. Pero para mí el clic no es tan atún como el hecho de inaugurar un sobre y sacar un papel. Asimismo he retocado alguna frase, cuando ves que un chiste no acaba de funcionar. Y poca cosa más.
Cartel de la lectura búlgara de 'El mètode Grönholm' 
¿El personaje que se quiere cambiar el sexo ha cambiado en estos abriles?
Hay un personaje que dice que se quiere cambiar el sexo y hay otro que se escarnio de él muy cruelmente. Eso, hace vigésimo abriles, no provocaba ningún comentario y ahora sí los provoca. Alguno me ha dicho que es una obra transfóbica, poco que no entiendo ni comparto, pero la obra es así y no la he cambiado.
¿Es fruto de un momento?
Sí, pero ahora es lo mismo. El personaje que se escarnio del otro podría asimismo burlarse de él porque está gordura o porque es pelado. Es un personaje que se ríe de todos los demás: de este porque se quiere cambiar el sexo, de la mujer porque es mujer y del tercero porque es un pusilánime. El personaje transexual se defiende harto correctamente y dice las cosas que tiene que sostener, y ya está. Sí me han pedido si podría cambiar poco de ese personaje, pero he dicho que no, que la obra era así y ya está.
¿Quiere sostener que ha tenido alguna presión para hacerla más políticamente correcta?
Sí, aquí y fuera. Sobre todo en el mundo anglosajón, donde estas cosas incluso son más sensibles que aquí. En Londres se estrenó tal como es y, aunque las críticas fueron buenas, dijeron que había una serie de palabras transfóbicas que eran políticamente incorrectas, y aquí se acabó, no tuvo más trayecto. La obra tenía que ir a un teatro veterano, y ya no se hizo.
Cartel de la lectura turca de 'El mètode Grönholm'
¿El aspecto políticamente correcto detuvo el camino anglosajón de la obra?
Fue un impedimento allí, pero se sigue haciendo por todas partes. Siquiera soy muy consciente de si se cambian cosas en los montajes de otros países, porque no lo sigo. Este agosto se reestrena en Buenos Aires, con un buen reparto; se está haciendo en Brasil; en Alemania hay varias producciones en marcha...
Y se ha representado en medio mundo.
En sesenta países. El mètode Grönholm ha tenido un trayecto muy bueno.
¿Ha gastado todas las producciones?
¡No! Al principio, sí vi siete u ocho, e iba a algunos sitios que me hacía salero ir, como Reikiavik, Caracas, Moscú, Sofía...
¿Cuál de esos montajes le ha sorprendido más?
Siempre me viene a la mente el de Moscú. Los actores rusos son exageradamente buenos. Por otra parte, la función estaba dirigida muy distinta, desde el drama, pero hacía reír. La han representado diez abriles, aunque en Rusia funciona diferente porque se hace teatro de repertorio, es sostener, la hacen dos veces al mes. Y la programan en muchas ciudades. Pero ahora les he quitado la autorización de todas mis obras por el conflicto con Ucrania. Me daba cosa que los rusos estuvieran riendo mis chistes e invadiendo Ucrania al mismo tiempo.
Cartel de la lectura argentina de 'El mètode Grönholm' 
¿Hay alguno que no le haya gastado de satisfacer en poco?
El mètode Grönholm es la única obra que he escrito que, la hagas como la hagas, funciona. Te puede satisfacer más o menos, pero la máquina ha quedado tan correctamente cerrada, que funciona en todas partes. La he gastado hecha con cuatro sillas, con un escena espectacular, con actores amateurs, con actores superbuenos, y la máquina siempre funciona. En cambio, con otras obras mías eso no pasa. Si está mal hecha, el texto cae como si no fuera cero.
¿Cuál es el secreto de esa máquina tan perfecta?
Si lo supiera, habría hecho más. He enfrentado un mecanismo y unos personajes que funcionan correctamente, pero no lo sé. Siempre creo que lo que más la ha hecho funcionar es que todo el mundo entiende lo que les pasa a esos personajes, porque todos hemos tenido que acaecer por procesos de selección en la vida: desde la escuela, que has de acaecer por exámenes; cuando ligas, que tienes que ser escogido e intentas dar una imagen de ti mismo que parezca que puedes aparecer a alguna parte; cuando buscas trabajo... La comicidad de la obra se encuentra en el hecho de que los personajes no saben qué tienen que hacer para satisfacer a los que los han de preferir. Por eso están todo el rato probando cosas: quizá les gustaría que fuera más suave o más duro, sin memorizar qué es lo que se calma de ellos.
Cartel de la lectura londinense de 'El mètode Grönholm' 
¿El divulgado empatiza con alguno de los personajes?
No necesariamente, pero sí que todo el mundo se siente identificado en algún momento. No tanto por la historieta o poco concreto, sino que, emocionalmente, lo que sienten los personajes tú lo has sentido alguna vez. Si quedas con una chica por primera vez, no sabes cómo desempeñarse. No sabes si calma que seas muy resuelto y divertido, o calma que seas más comedido; si calma que pagues o que paguemos a medias... Y todo el rato estás jugando. Si la chica te pregunta si eres religioso, ¡ahora qué le digo!, ¿qué calma que le diga? Eso es lo que les pasa a esos personajes y lo que todo el mundo entiende.
El mètode Gronhölm se ha adaptado dos veces al cine. La primera, de una modo tan libertado que se acabó llamando solo El método. Parece que no quedó muy contento con esa lectura.
Por eso insistí en que al término del tiempo se hiciera otra, con los mismos actores del primer reparto teatral. De las obras de teatro, lo que a posteriori queda es la película. ¿Cómo se recuerda Doce hombres sin piedad al término de los abriles? Pues por la película. Pasa con todo el teatro que se adapta al cine.
De las otras obras que ha estrenado, ¿hay alguna preferida que le habría gustado que hubiera funcionado más correctamente?
Creo que Cancun es la mejor comedia que he escrito y es la que a mí me gusta más. En Barcelona pasó sin pena ni salvación y en Madrid se ha representado más. Asimismo en otros lugares, como San Petersburgo, donde se ha hecho diez abriles, con un montaje precioso. Pero no ha gastado de tener el éxito de Burundanga, El mètode y me sabe mal. Estuvimos a punto de hacer la película y al final no salió.
Cartel de la lectura finlandesa de 'El mètode Grönholm' 
Ahora que menciona Burundanga, ¿cómo se le ocurrió escribir una comedia con etarras?
Encontrar una buena idea es lo que más me cuesta, y mi vida consiste en eso, en encontrar una buena idea para escribir una comedia, que sea mínimamente peculiar, que el espectador diga que aquello es diverso. En el caso de Burundanga, vi que no se había hecho nunca una comedia con etarras y me lancé, aunque muchas personas se sorprendían, porque cuando la escribí ETA aún estaba.
Y funcionó.
Aquí estuvo siete semanas y en Madrid hace merienda abriles que la representan cada día del mundo. ¿Por qué en Barcelona no funcionó y en Madrid ha sido una de las comedias de más éxito de la historia? No lo sabremos nunca.
¿De dónde le caldo la idea para escribir El mètode Grönholm?
Se mezclan dos cosas. Por una parte, un ocio que jugábamos con Belbel y otros amigos del teatro que se pasión los lobos. Es como un pueblo donde cada participante recibe una carta, de modo que unos son vecinos y los otros son lobos, y hablando se tienen que descubrir a los lobos y eliminarlos. Y eso se cruzó con una información de una periodista que encontró en un contenedor unas hojas de selección de personal para cajera de supermercado que alguno había tirado. En aquellas hojas, el encargado de las entrevistas había anotado cosas como: “Esta no, por borde”; “Es moraca”; “No sabe ni dar la mano”... Era todo muy insultante, pero lo encontré muy teatral: la persona que necesita el trabajo y la persona que tiene el poder de dárselo o no dárselo.
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