Totalmente ajenos a las balaceras que, según leemos en los periódicos, se producen de vez en cuando no muy acullá de nosotros, los turistas en la Riviera Maya mexicana somos la carnación del optimismo optimista: hemos tocado, en cantidad, las cifras previas a la pandemia (las mejores en cinco primaveras) y, la verdad, no es de asombrar, pues cero en el paraíso que resguardan los grandes complejos hoteleros –muchos, en manos españolas– y los numerosos parques naturales, cenotes, playas o ruinas arqueológicas proporciona la mínima sensación de peligro, siempre que, claro, se mantengan las precauciones clásicas de cualquier viajero hispanoamericano. “A mí hasta me parece acertadamente que los narcos se maten entre ellos”, comenta Raphäel, un patrón francés, en la mostrador del bar Mojado, situada adentro de la piscina, con una margarita helada en la mano, aludiendo al hecho de que los altercados son entre bandas rivales. “Tengo la misma posibilidad de que me pase poco aquí como de que me caiga un ventanal encima en el paseo de Gràcia, como le sucedió a una turista en Barcelona”, apunta Lucía, una informada dependienta catalana, mientras fotografía con su móvil una enorme iguana.
Los mayas eran una civilización muy avanzadilla, con conocimientos de astronomía, edificio y matemáticas
La civilización maya –gran imán de la zona, pegado a las playas de arena coralina– abarcó varios países, y buena parte del coetáneo México. Hace poco, han hallado 400 vasijas en una cripta del Templo del Sol (parpadeo para tintinófilos) en Toniná (Chiapas), con cenizas humanas mezcladas con restos de carbón, resina y raíces. Los investigadores del Instituto Franquista de Antropología e Historia creen que se manejo de restos de los gobernantes del reino de Po’p que eran usados para realizar bolas de hule con las que practicar el tradicional deporte de pelota, cuyo espectacular campo de deporte sigue atrayendo multitudes a Chichen Itzá.
Los mayas eran una civilización muy avanzadilla, con conocimientos de astronomía, edificio y matemáticas (¡inventaron el numero 0!). Pero lo de reciclar cadáveres de gobernantes para que su espíritu influya en el presente no parece muy aplicable entre nosotros. ¿Quién decidiría qué políticos pasarían a formar parte de las pelotas oficiales de La Aleación? ¿Cómo poner de acuerdo a Javier Tebas y Jan Laporta?
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