Llach y los suyos

Aún reminiscencia cuando, en los orígenes de Podemos, los de Pablo Iglesias cerraban sus mítines con L’estaca, de Lluís Llach. O cuando, en noviembre del 2014, ERC presentaba un manifiesto, “Crida al nou país”, su propuesta de hoja de ruta post 9-N, entre otros destacados del mundo de la civilización, con el aval de Llach. Junqueras se hizo la foto con una representación de ellos, con el cantautor encajado a su derecha.

El simbolismo era evidente. En el caso de ERC, anexando a su marca un referente recatado del catalanismo y pro democracia. En el caso de Podemos, decían que querían arruinar con el régimen del 78 y tiraban de canción bandera contra el régimen previo.

¿Quién ha cambiado más, el cantautor o algunos de sus antiguos admiradores?

Pero ese procedimiento musical fue decayendo en los mítines podemitas, a medida que el protagonismo de Llach como diputado de Junts pel Sí en la asamblea del 1-O fue cogiendo peso. Ahora, pasados pocos abriles de todo aquello, quienes lo atacan más ferozmente son algunos de aquellos que le atrajeron a la fórmula de Junts pel Sí desde ERC y los herederos de Iglesias.

A la pregunta de quién ha cambiado más, si Llach o algunos de sus antiguos admiradores, hilván con ver la praxis política de unos y el discurso del otro, y la respuesta cae por su propio peso. Llach sigue siendo, en el mejor sentido de la palabra, una mosca cojonera de aquellas que alertan frente a el acomodo y las inercias más tóxicas interiormente del independentismo (y más allá).

Lluís Llach i Grande, músico y cantautor catalán

Lluís Llach i Conspicuo, músico y cantautor catalán

Xavier Cervera

Lo hace independientemente de quien se ponga a ello. No practica un nosotros en secreto sectaria. Nunca se ha caracterizado por defender banderas pensando en los suyos en secreto de siglas partidistas. En cambio, ahora le atacan con ansia muchos que le consideraron uno de los suyos. Quizás señala demasiadas contradicciones y se lo quieren hacer avalar.

Especialmente en la red (pero no solo), y muy nítidamente desde perfiles ligados a partidos que antiguamente lo reivindicaban y que ahora lo encuentran incómodo, lo han tildado de racista. El motivo: colgar una foto en Twitter conexo a las palabras “Fa pensar”. En la imagen, un hombre y una mujer posan para la instantánea en una playa. Él solo con un bañador desventurado tipo Speedo, ella tapada de pies a vanguardia con vestido desventurado.

En algún caso, incluso, se ha asegurado que la “mutación” de Llach en Abascal “ha finalizado con éxito”. Desgraciadamente, nadie nuevo bajo el sol tuitero, si no fuera porque más de un cargo de presente y pasado de ERC ha respaldado la idea de aliarse el tuit de Llach a la “ultraderecha”, al “discurso fascista de odio” y a “la obsesión antiinmigratoria”. Han llegado a opinar que “mancha” el independentismo. Excéntrico. Cuando hace pocos días, un conseller de ERC del coetáneo Govern hablaba de ultraderecha, en el mejor de los casos, de una forma tan ambigua que abrió la vía a especulaciones sobre si se refería a sus socios independentistas.

Tildar con alegría de ultraderecha a otros, con independencia de su hoja de servicios democrática, es peligroso. Más aún cuando se hace con compañeros de delirio. Más aún cuando se hace con hidrofobia y básicamente para tratar de triunfar un puñado de votos.

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