Cuando Alberto Núñez Feijóo llegó a la presidencia del PP hace cuatro meses tenía claro cuál debía ser su logística: consolidarse como alternativa al Gobierno, y para ello debía hacer implicar su software político y contrastarlo con el de Sánchez. Hacer entender al ciudadano que existe un esquema dispar.
Sin bloqueo, Feijóo, acostumbrado más a timonear –fue presidente de la Xunta durante 13 primaveras– que a hacer concurso –que solo ejerció durante tres primaveras–, sabe que las propuestas no bastan, que un determinado sector del electorado pide cruzada. Encontrar el permanencia entre una concurso persuasivo y la imagen de partido de gobierno que quiere ofrecer para entrar a la Moncloa a finales del 2023 es una tarea difícil.
Las próximas elecciones municipales y autonómicas serán la prueba de fuego para el líder popular. Los resultados que obtenga el PP indicarán si ha rematado dar con la fórmula.
Amparar las alcaldías de Madrid, Málaga y Zaragoza, percibir alguna otra gran ciudad y conservar el gobierno de las comunidades de Madrid y Murcia –las otras cochenomías que gobierna, Galicia, Andalucía y Castilla y Valeroso, no celebran elecciones– son objetivos prioritarios a los que se debe sumar la aspiración de recuperar el gobierno de Extremadura o incluso la Comunidad Valenciana.
A la proximidad de esos comicios, que tendrán sitio el próximo mayo, achaca la dirección del PP los ataques que recibe Feijóo del PSOE. No es que Génova esperara otra cosa. Lo vio inmediatamente: a los dos días de la reunión que mantuvieron Feijóo y Sánchez a posteriori de que el político gallego accediera a la presidencia del PP.
El Gobierno empezó comparándolo con su antecesor, Pablo Casado. “Es el remoto PP”, decían los socialistas.
Ayuso desafina a menudo del guion del partido, pero Feijóo no ve en ella una amenaza a su autoridad
Pero las encuestas empezaron a advertir que el cambio en la dirección del PP había sido acertadamente recibida por los electores. La réplica de los socialistas a este mejora de las expectativas del PP consistió en más de lo mismo: más reproches más duros.
La aprobación por parte del Gobierno del plan de medidas para fomentar el reducción energético ha amplio otro marco. El PSOE tráfico de socavar el liderazgo de Feijóo señalando a Isabel Díaz Ayuso como la persona que manda en el PP y de la que el líder popular sería poco menos que un títere.
La presidenta madrileña ha alimentado este relato yendo, en muchas ocasiones, por independiente. Pero eso no afecta a Feijóo. Al contrario de lo que ocurría con Casado, su sucesor no ve en la presidenta madrileña una amenaza y no le molesta dar autonomía a sus barones.
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, el pasado 6 de julio
Feijóo se va curtiendo en estos cuatro meses y ha trillado lo que es la política española, pero él parece decidido a no variar el rumbo. Sabe que es lo que le ha llevado a convertir “la ola de ilusión”, dicen en el PP, que inundó el partido con su votación.
Las elecciones andaluzas impulsaron el optimismo en las filas del PP y llevan a la dirección a hacer un vaivén de estos cuatro meses de presidencia de Feijóo en una frase: “Ha sido lo contrario de lo que dice el PSOE”.
Si el Gobierno palabra de una concurso obstruccionista y negacionista, recuerdan que el PP ha planteado alternativas a todas las medidas del PSOE y ha facilitado, sobre todo cuando más lo ha precisado Sánchez, la aprobación de decretos importantes, como el de medidas anticrisis.
El líder popular está decidido a persistir el rumbo que impuso hace cuatro meses sin hacer caso a las críticas
Si los socialistas tratan de poner en la picota la autoridad de Feijóo, en la dirección del PP recuerdan que en dos meses pacificó el partido y puso orden.
En estos meses, el PP ha hecho los congresos regionales que tanto problema provocaron con Casado, sin mayores sobresaltos. Díaz Ayuso preside Madrid, y ha habido renovación en Extremadura. Solo quedan los congresos de Navarra, La Rioja, Cantabria y Asturias y Catalunya –que fue aplazado–. Feijóo se dará prisa y empezará a recorrer España, para poner al PP en modo electoral para las municipales.
Alberto Núñez Feijóo, tras reunirse con Sánchez tan solo cuatro días a posteriori de ser preferido líder del PP, remitió a la Moncloa un plan anticrisis. La respuesta fue el silencio o el no sin más. Pero Feijóo insistió, sobre todo en la deflactación del IRPF, que ahora aplica el socialdemócrata germano Olaf Scholz, y en otras medidas que Sánchez finalmente incluyó en su segundo decreto anticrisis: ayuda de 200 euros a los más desfavorecidos y declinación del IVA de la luz al 5%. A posteriori morapio el pacto en defensa, con motivo de la cumbre de la OTAN, con el compromiso de incrementar el desembolso marcial al 2% del PIB. Hubo silencio. El tercero fue el de probidad, con la renovación del CGPJ previo acuerdo de modificación de la forma de renovación para el futuro. Hubo contactos, pero la propuesta de PSOE y UP para modificar las funciones del CGPJ y permitir la renovación del Tribunal Constitucional dio al traste con la posibilidad de acuerdo. El cuarto fue la modificación del artículo 49 de la Constitución, sobre la discapacidad. Sin avances. El posterior es el energético, que incluye aumentar la vida de las nucleares o completar la penetración de las renovables, impulsando el biogás y el hidrógeno.
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