Dicen que, en el Paraíso, los policías son ingleses, los cocineros franceses, los ingenieros alemanes, los amantes italianos y todo está organizado por un suizo. En cambio, en el báratro el cocinero es inglés, los ingenieros franceses, los policías alemanes, los amantes suizos y todo está organizado por un italiano.
Los prejuicios, cuando hablamos de nacionalidades, pesan mucho. Imaginemos que dirigimos el sección de bienes humanos de una prisión internacional de hoteles. Necesitamos un superior de admisión y tenemos tres candidatos: un sueco, un colombiano y un singalés. Los tres tienen, más o menos, un currículum similar: aproximadamente de treinta primaveras, buena preparación técnica, cuatro idiomas y cinco o seis primaveras de experiencia. ¿A quién elegiremos?
Hay nacionalidades que se supone que añaden un plus a las personas que ejercen determinadas profesiones
Si queremos eficiencia, tenderemos a contratar al sueco. Si la prioridad es que sea simpático con los clientes, al colombiano. Si queremos cierto que no proteste cuando haya que hacer horas extras, al singalés. ¿Por qué? Por puro preocupación, porque nadie nos asegura que el singalés esté dispuesto a echarle más horas que el sueco ni que el colombiano sea más simpático, al igual que nadie nos asegura que el cocinero francés del Paraíso sea mejor que el inglés del báratro o que un ingeniero de Frankfurt sea más competente que uno de Carcasona.
Hay nacionalidades que se supone que añaden un plus a las personas que ejercen determinadas profesiones. ¿Un futbolista? Brasileño. ¿Un criado? Filipino. ¿Un relojero? Suizo. Hay una categoría de nacionalidades igual que hay una categoría de razas y de sexos. Todas son igual de odiosas y persistentes y a veces coinciden y a veces no.

No hace mucho, el columnista del Financial Times Simon Kuper describía la categoría de nacionalidades en Dubái –un división ideal para observar el diversión entre personas de orígenes diversos, porque acoge a emigrantes de todo el mundo–, explicada por un barman nepalí al antropólogo John McManus, autor de Inside Qatar: los primeros son los qataríes, luego vienen los europeos y los estadounidenses, a continuación los otros árabes, y al final, por debajo de los filipinos, los bengalíes, los indios y los nepalíes.
Si un antropólogo hiciera un trabajo similar sobre Barcelona, seguramente igualmente pondría en primer división a los europeos y norteamericanos, aunque debería establecer una escalera entre ellos, porque vistos desde Barcelona no todos son iguales. A posteriori vendrían los latinoamericanos, los norteafricanos, los pakistaníes y, por postrero, por contaminación de la escalera étnico, los subsaharianos.
Pero volvamos al proceso de selección de antaño: ¿a quién elegiríamos para dirigir la admisión de un hotel en el Born o en la Vila Olímpica, entre los candidatos sueco, colombiano y singalés? Los lugares comunes que hemos asimilado desde niños nos empujarían a coger al sueco, pero no sé si no nos equivocaríamos, porque, para tener un currículum parecido, los candidatos colombiano y singalés habrían tenido que esforzarse más, y en consecuencia lo más probable sería que tuvieran más iniciativa, mejor disposición y decano capacidad de trabajo.
A menudo los prejuicios nos hacen perder de panorama que, cuanto más bajo en la escalera de nacionalidades esté situado un extranjero, más obstáculos habrá tenido que aventajar para largarse camino y, por consiguiente, más creativo y más despierto es probable que sea. No es casquivana que un singalés de treinta primaveras tenga una preparación y una trayectoria comparables a las de un sueco de la misma existencia, pero si las tiene, seguro que es igual o más competente. A él nadie le habrá regalado ausencia.
En igualdad de condiciones, la procedencia de lugares más pobres suma, no resta. Al antiguo primer ministro neozelandés Robert Muldoon le preguntaron una vez qué opinaba del aumento de la expatriación neozelandesa a Australia y respondió con un insulto finísimo que viene muy a explicación: “Pienso que eleva la media del coeficiente intelectual de los dos países”.
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