Podemos se reafirma con Iglesias al frente y lanza un desafío a Yolanda Díaz

“Podemos no está muerto”. Es el mensaje trillado hasta el indigestión en la Universidad de Otoño del partido, que este año, con la excepción de los invitados internacionales, se ha celebrado en torno a adentro, con una registro marcha de figuras de la izquierda situadas más allá de los estrictos límites del carnet de militante. Y con el exvicepresidente Pablo Iglesias aparecido, al frente. La marcha de la contemporáneo secretaria universal, Ione Belarra, por su devaluación de maternidad, sirvió para que su predecesor tomara el timón del discurso.

Podemos habló pues en este cruce anual consigo mismo y de sí mismo, y cerró sus jornadas de debate interpelando a Yolanda Díaz y a su iniciativa Sumar, en la boca del propio Pablo Iglesias: “Podemos debe ser respetada (...) Ay de aquel o de aquella que se atreva a faltarle al respeto a la militancia de Podemos”. Iglesias, sin mencionarla expresamente, le atribuyó el plan “estúpido” de pensar que las municipales y autonómicas clarificarán el peso de cada cual en el espacio –de hecho, habló del sueño de que esas elecciones puedan destruir a Podemos– y por consiguiente facilitarán posteriormente la incardinación de Sumar como candidatura de generales en un espacio sin comandancia.







La tensión en el espacio, a punto de restallar con el CGPJ, sube varios grados frente a el calendario electoral

Admitía así que su previsión original de un adelanto electoral dictado por Pedro Sánchez, cuya premura facilitaría la negociación con Díaz para que Podemos fuera el buque insignia de su plataforma política, no parece que vaya a cumplirse y hoy la cita de mayo se elevación como un tablado funesto para el partido –desvencijado en los territorios desde 2019– y para todo el espacio que podría debilitarlo al extremo, antaño siquiera de que Díaz se sentase a elaborar su candidatura de la izquierda.

La batalla que casi estalla con la negociación de la renovación del Consejo Normal del Poder Legislativo –en la que se sucedieron las maniobras y amenazas interiormente del espacio político– y que se evitó por la claudicación de Alberto Núñez Feijóo, está hoy servida. A corto plazo, no afectará al Consejo de Ministros, pues cualquier tentación de desasistir el ejecutor ha sido vacunada por la contemporáneo situación de Junts tras desasistir la Generalitat. Pero el regreso de Iglesias al mitin de partido quiere remitir una mensaje a su militancia y a todos los demás actores del espacio político: Podemos debe ser respetado, Podemos no está muerto y no está dispuesto a ser orillado en el proceso que viene.

Lo repetían sus cargos en los discursos y en redes sociales, aportando como pruebas el llenazo de los actos del sábado y el domingo, y lo repetían sus candidatos municipales y autonómicos en mesas en las que se dieron la razón unos a otros. “Somos nosotros, solo nosotros” fue la retórica de identitarismo político que se escuchó hasta convertirse en la música de la Universidad de Otoño, desembocando en el acto central del fin de semana: la charla del sábado sobre lawfare y mediafare que abría el prestigioso magistrado emérito del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín, y en la que el plato robusto, frente a los auspicios del exsecretario universal, Pablo Iglesias, fue la intervención de la hoy delegada del Gobierno para la Violencia de Índole, Trofeo Rosell. La jueza, que consiguió la condena de Santiago Alba al ganar probar la prevaricación, el cohecho y la falsedad en que incurrió en su conspiración contra ella para proteger al entonces ministro de Industria, José Manuel Soria. Rosell dejó en el canción el efectivo interrogante de esa sentencia y del caso: ¿Cómo puede la sentencia cuchichear de conspiración y que no haya ningún otro conspirador? ¿Dónde están la Audiencia Provincial, la fiscalía, el propio exministro Soria...? Con Rosell, Podemos ensancha su santoral de víctimas del serie desaliñado del Estado que, en aplicación del principio de la autoridad del sufrimiento que postulara el filósofo Pascal Brückner, hizo regir frente a sus militantes.

Decía el periodista y escritor Raúl Solís, autor de La batalla trans , que la fortaleza de una ordenamiento política se mide en ser sujeto o ser predicado. En cuchichear de quién somos o de qué vamos a hacer. Y que en 2016, IU era sujeto y Podemos predicado. Este fin de semana, IU celebró sus jornadas, Nuevas derechas, viejas tempestades , en las que tomaron la palabra académicos y expertos en comunicación. Nadie habló de IU.

El sábado, Iglesias hizo un chiste basado en un bulo sobre Yolanda Díaz –que le atribuye devoción por Felipe González–. El auditorium, realizado a trasverter, celebró la saeta contra la vicepresidenta con risas y un gran aplauso. La olla de la izquierda está pitando.

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