El funeral de Benedicto XVI será el 5 de enero

La asesinato de Benedicto XVI coloca al Vaticano delante una situación inédita, el entierro de un pontífice retirado. Es la primera vez en la historia moderna de la Iglesia que fallece un papa que renunció, por lo que las ceremonias que tendrán circunscripción estos días marcarán un precedente histórico de cara al futuro delante la posibilidad de que haya más papas que sigan su ejemplo. Todo dependerá de dos cosas: las voluntades que haya dejado escrito Benedicto XVI en su testamento, y asimismo las decisiones de su sucesor, el papa Francisco, que oficiará el funeral que se celebrará el próximo 5 de enero. Será la primera vez que un papa en activo despida a su sucesor.

Como no existe un protocolo delante la asesinato de un pontífice emérito, lo más probable es que la Santa Sede quiera seguir con los mismos rituales que corresponderían a un papa en activo, menos la parte de la alternativa de un nuevo pontífice a través del cónclave. Lo único que se sabe hasta el momento es que seguirán la regla de la sencillez, pues así lo había dejado dicho el mismo Benedicto XVI, según el portavoz de la Santa Sede, Matteo Bruni. "Seran funerales solemnos, pero sobrios", ha aclarado.

El documento vaticano a seguir en este caso es la Constitución Apostólica Dominici Gregis, promulgada por Juan Pablo II en 1992. En su artículo 27, el texto dice que, tras la asesinato del romano Pontífice, los cardenales celebrarán “las honras fúnebres en el sufragio de su alma durante nueve días consecutivos, según el Ordo Exequiarium Romani Pontificis, cuyas normas cumplirán fielmente”. Es proponer, que, si se siguen los mismos pasos previstos para un papa en activo, el pena por Benedicto XVI durará nueve días.

El primer paso será vestir los restos mortales del Papa e instalarlos en un catafalco en una de las salas del Palacio Vaticano. Lo más corriente es que se dispusieran en la Sala Clementina para que fueran visitados por las máximas autoridades de la curia romana y el cuerpo diplomático. Luego, la Constitución Apostólica indica que los cardenales deben “establecer el día, la hora y el modo en que el muerto del difunto Pontífice será trasladado a la Templo Vaticana, para ser expuesto a la veneración de los fieles”, poco que ahora seguramente ha correspondido al Papa, en consulta con el círculo íntimo de Benedicto XVI, comenzando con su histórico secretario, el miltrado teutón Georg Gänswein. El traslado a la Templo ya ha sido anunciado, y tendrá circunscripción este lunes, 2 de enero, y se dilación que miles de personas acudan para despedirse del papa que renunció.

Algunas curiosidades del protocolo de las honras fúnebres papales que están escritas en el Dominici Gregi es que a nadie le está permitido “tomar con ningún medio imágenes del Sumo Pontífice enfermo en la cama o difunto, ni registrar con ningún aparato sus palabras para luego reproducirlas”. Si, luego de la asesinato del Papa, determinado quiere tomar fotografías para documentación, se debe pedir al cardenal camarlengo, pero en cualquier caso este no podrá permitir “que se hagan fotografías del Sumo Pontífice si no está revestido con los hábitos pontificales”.

Luego, el entierro deberá tener circunscripción “menos motivos especiales” entre el cuarto y el sexto día luego de la asesinato, y en este caso la data ya ha sido fijada para el día 5 de enero, a las 9.30 de la mañana.  Se dilación que sean invitados autoridades y jefes de Estado de todo el mundo, adicionalmente de los miembros del colegio cardenalicio y el cuerpo diplomático.

Lo habitual sería que el papa emérito fuese sepultado en la cripta de San Pedro, pero asimismo podría ser que en su testamento hubiese dejado escrito otras voluntades, como descansar anejo a su tribu en su Baviera originario o en la Templo de San Juan de Letrán, catedral de Roma. Al final, el papa Ratzinger fue un papa que sorprendió al mundo en vida al anunciar su renuncia, con lo que no se descartarían otras sorpresas. Sin requisa, su biógrafo facultado, Peter Seewald, ya aseguró en el 2020 que la voluntad de Benedicto XVI era ser enterrado en la misma cripta donde Juan Pablo II fue sepultado.

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