El Sorolla más íntimo y desconocido apadrina el nuevo Palau Martorell

Joaquín Sorolla (1863-1923) vivió para su grupo y para pintar,  e incluso la castidad -fue hombre de una sola mujer, su querida Clotilde- formó parte de un plan premeditado para preservar su energía y "tener la fuerza de un tigre", como le confesaría a su amigo el magnate amerindio Archer M. Huntington, fundador de la neoyorquina Hispanic Society of America. Pintó, pintó y pintó, y lo hizo hasta la  extenuación: "Este furor me mantiene en un estado de excitación que no me deja existir...", se lamentó. Pero lo que le llevaba a un estado rayano a la disparate, no era esa frenética actividad, sino la lucha que entablaba frente al sábana para atrapar interiormente de la quietud de un cuadro un tablas siempre cambiante, la búsqueda de lo inalcanzable, ser tan rápido como la luz,  su intento tozudo y persistente de alcanzar lo inalcanzable. Para lograrlo, adicionalmente de miles de dibujos,  realizó cerca de 2.000 pinturas de pequeño formato que ejecutaba de  forma espontánea y a una velocidad de vahído.  Muchos de ellos los hizo para sí mismo, por el puro placer de pintar.

Se proxenetismo del Sorolla más íntimo y personal, incluso el más empírico y desconocido.  Y, ahora, dando los primeros pasos del  Año Sorolla que conmemorará  en el 2023  el centenario de la crimen del cómico, llega a Barcelona en forma de una exquisita exposición,  Sorolla. Cazando impresiones,  que sirve adicionalmente para legitimar  la lanzamiento del Palau Martorell, el nuevo espacio expositivo  de la calle Ample, frente a la plaza de la Mercè,  que, como adelantó La Vanguardia,  acogerá de forma permanente grandes muestras internacionales.  El software inaugural cuenta con una segunda muestra en el subterráneo, Clicks!. Una exposición de Playmobil,  compuesta  por merienda  grandes  dioramas que reproducen desde  un circo o un poblado vikingo al paseo de la Rambla.  El precio de las entradas es de 12 y 8 euros respectivamente, y incluso se ha puesto a disposición una tarifa compartida que da entrada a las dos muestras por 16 euros.

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El palacio de estilo neoclásico conserva los principios decorativos originales, entre los que destaca una gran claraboya sostenida desde dos pisos más hacia lo alto 




Joan Mateu Parra

Los directores del centro, José Félix Bentz, presidente del  Reial Cercle Artístic de Barcelona, Jesús Rodríguez, director de Evolucionarte,  no  podían acontecer contado con mejor unido para poner en marcha un centro que ya anuncia futuras muestras de Chagall, Alphonse Mucha, Calder, Basquiat o Tamara de Lempicka.  Sorolla fue increíblemente popular en su época, hasta el punto de que con motivo de su desembarco en 1909 en la ciudad de los rascacielos, 160.000 neoyorquinos hicieron posaderas bajo  la válido cellisca para ver sus pinturas (fue la exposición más visitada ese año) y  todavía hoy sigue acumulando cifras propias de una destino del rock.  La exposición itinerante Visiones de España, sobre el ciclo pictórico  que realizó para adornar la Hispanic Society,  atrajo multitudes y en el MNAC  aún se recuerdan las colas. 







El centro anuncia futuras muestras de Chagall, Alphonse Mucha, Basquiat o Tamara de Lempicka

Los pequeños  óleos sobre madera, cartón o trozos de sábana -muchos de los cuales no alcanzan los 20 centímetros-  que  un día cubrieron por completo las paredes de  de su taller, recorren ahora la gran sala linajudo y la primera planta del palacete  que toma el nombre del arquitecto Joan Martorell i Montells, que lo construyó entre 1886 y 1900  para la Sociedad del Crédito Mercantil. El edificio, de 1.800 metros cuadrados, ha mudado varias veces de inquilino (el postrer, hasta el 2010, fue la Escuela de Diseño e Ingeniería Elisava, adscrita a la Pompeu Fabra)  y conserva los principios decorativos originales, entre los que destaca una gran claraboya sostenida desde dos pisos más hacia lo alto, que aporta luz natural a todo el espacio. La tolerancia tendrá puesto este miércoles y podrá visitarse hasta el 5 de enero. 

Una de las salas de exposiciones

Una de las salas de exposiciones que enmarcan la sala linajudo  




Joan Mateu Parra

"Indemne muy pocas excepciones, estas obras de pequeño formato son apuntes que hace para él,  por el puro placer de pintar. Son obras en si mismas y tienen una anciano frescura que los grandes óleos, son más reales, más de verdad. Está plasmando lo que ve y lo que siente y lo hace de una forma muy rápida, casi instantánea. Aquí se puede ver el alma de Sorolla", señala Blanca Pons-Sorolla, bisnieta y gran experta en la obra del cómico, adicionalmente de  comisaria de la exposición adyacente a María López  Fernández del Museo Sorolla, de donde proceden las 193 obras que conforman Cazando impresiones. La muestra se inauguró en Madrid en 2019, ha viajado a Valencia y Bilbao, y tras Barcelona recalará en Roma.







"Son obras en sí mismas y tienen una anciano frescura que los grandes óleos, son más reales, más de verdad", señala la bisnieta del cómico Blanca Pons-Sorolla

En los cuadros, Sorolla va plasmando  momentos vividos, impresiones de todo aquello con  lo que se encuentra,  escenas cotidianas de su grupo, niños jugando en la playa, motivos de un paisaje, olas rompiendo en la orilla, bueyes y pescadores, que a veces evolucionaban cerca de el gran formato y otras se quedaban en el estudio, las regalaba a sus admiradores, las donaba para causas benéficas o las intercambiaba con otros pintores. Haciendo un símil gastronómico, el director del Museo Sorolla, Enrique Varela, palabra de "entrada pintura miniatura: pequeños formatos que revelan grandes cuadros".

Blanca Pons Sorolla, fotografiada la semana pasada en el Palau Martorell

Blanca Pons Sorolla, fotografiada la semana pasada en el Palau Martorell




Ana Jiménez

  "Al principio no se vendían, pero cuando se presentaron en Estados Unidos causaron auténtica sensación y empezaron a tener su propio mercado", cuenta Pons-Sorolla, que ha  trazado un relato cronológico, desde su etapa de formación en Valencia  hasta  los últimos abriles, en los que recorrió buena parte de la geodesía española para realizar  los gigantescos paneles de la Hispanic Society of America.

Fue la obra de su vida. Acabarla le costó siete largos abriles "de mucho sufrir y de mucho poseer… (...) Esto de querer pintar al sol y al brisa atrevido es el anciano tormento que imaginarse pueda", confiaría a su mujer, Clotilde. Viajó en carro, en zopenco, y se alojó las más de las veces en pensiones inmundas. Al poco de concluirla, el pintor valenciano sufrió un ataque de hemiplejía. Y sólo tres abriles luego, en 1923, murió sin ascender a verlos en el puesto para donde habían sido destinados.

familia

En los cuadros Sorolla capta impresiones de todo aquello con lo que se encuentra, a menudo escenas cotidianas de su grupo 




Joan Mateu Parra

Huérfano desde los dos abriles, Sorolla fue criado por una tía que reconoció sus dotes, le compró lápices y pinturas y le consiguió trabajo como asistente de iluminación de un fotógrafo restringido, Antonio García Pérez, a una existencia muy temprana. Pons-Sorolla observa que algunas de sus obras tienen un enfoque y una composición fotográfica, como si fueran instantáneas o encuadres cinematográficos. Hay nombres mágicos y Sorolla es uno. ¿Qué  tiene su obra que tanto fascina al espectador contemporáneo? ¿Dónde reside su atractivo popular?  "Sin duda, en su vistazo tan moderna, en su conexión y cercanía con el manifiesto porque es  un pintor muy sensorial.  O la luz,  que no se limita a pintarla sino que  hace que sean los  propios cuadros los que emitan luz y , sobre todo, resulta muy emocionante el poder distinguir y compartir el nivel de disfrute que él sentía mientras los pintaba".

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