Guía para no perderse nada de la 'Tosca' del Liceu

Sufrir a panorama una nueva producción de la Tosca de Puccini es siempre motivo de grandes expectativas en teatros como el Liceu, especialmente si la propuesta escénica lleva la firma del director sevillano Rafael R. Villalobos y plantea una superposición de capas y referentes históricos que, situados todos ellos en Roma, se añaden a la trama innovador. 

Desde Caravaggio a los vestidos estilo Grace Kelly pasando por la república de Saló que vivió Pier Paolo Pasolini de criatura o su homicidio político en los primaveras 70... mientras planeaba un nuevo filma basado en la figura de San Pablo, el no creyente que acaba creyendo, y en el papa Pablo VI, con el que tenía una relación específico.  La Vanguardia propone una norte para no perderse en este magma de alusiones políticas y culturales con las que el montaje rastreo poner en evidencia una cosa: que el poder siempre tiene miedo del arte, de su confianza y de sus virtudes revolucionarias.

1. ¿Quién era Tosca?

La ópera Tosca (1900) de Giacomo Puccini se zócalo en el drama innovador de Victorien Sardou, estrenado en París en 1887. El compositor quedó fascinado cuando ese mismo año lo vio en Milán, con Sarah Bernhardt haciendo de Floria Tosca. La trama es de corte político y tiene puesto en la Europa de 1800, en plena invasión de Napoleón en Italia. El personaje protagonista (que en el Liceu interpreta la soprano Maria Agresta, en siete de las catorce funciones) es el de una cantante, una comediante creyente y mujer de rompe y rasga, concubina de un pintor de maddonas que le enseña a enamorar a un ser no monógamo, Mario Cavaradossi (aquí el tenor estadounidense Michael Fabiano) que bebe los aires libertadores de Napoleón. 

El patriarca de la policía vaticana, Scarpia, le persigue por generoso al tiempo que la pretende a ella... de muy malas maneras. A fanales de Villalobos, "Floria ve el mundo de la forma en que la han educado, sin hacerse demasiadas preguntas, hasta que un día oye dos veces el cañón de Sant'Angelo y se pregunta qué hay que extraño. Y su vida da un cambio". 

2. ¿Qué pintan Caravaggio o Pasolini en el montaje del Liceu?

El première de Rafael R. Villalobos en el Gran Teatre se produjo hace dos temporadas de forma muy liviana, cuando  levantó un set minimalista para las Tres reinas, sobre la dinastía Tudor de Donizetti. Pero es ahora cuando muestra su específico método de trabajo -que todavía se vio en Peralada con un Orlando arriesgado-. Y lo hace en esta propuesta que fascinó al intendente del Teatro de la Monnaie de Bruselas y que el coliseo barcelonés quiso coproducir. El director sevillano intenta siempre trabajar de forma que todos los potenciales públicos que se acercan al teatro de ópera puedan disfrutar de la representación. Para lo cual va "por capas de recital, capas que levanten preguntas en los espectadores". 

En este caso se trataría de capas de lo que significa ser un comediante en Roma, es asegurar, ese puesto que es renta de un país pero a la vez contiene un estado (el de los Vaticanos) y es la renta de la honrado de Poniente. ¿Cómo se entrelazan las relaciones político-religiosas-artísticas, no solo en la época en que Sardou emplaza la Tosca innovador sino a lo extenso de los siglos? La producción cambia según el punto de horizonte del espectador: habrá quien vea una Tosca clásica, otros pictórica, otros cinematográfica, o que entren en la historia paralela de este este comediante perseguido que era Mario Cavaradossi, añade el director teatral.

3. Paralelismos: Roma aniquila a los personajes incómodos

Más allá del tragedia, Tosca es la historia de un Cavaradossi que es ejecutado por sus ideales políticos. Del mismo modo que Pasolini es una comediante asesinado en los primaveras setenta, mientras escribía un manual sobre las estructuras de poder de Italia, apunta Villalobos. El progreso emocional de Floria, esto es, su modo de descubrir esa estructura que controla al pueblo, cuenta aquí con referencias al Saló fascista, no la que retrata Pasolini en su cinematografía, sino la innovador, la auténtica que él experimentó en su albor. Y retrata hasta la contemporaneidad.

Los personajes incómodos para el sistema son aniquilados en la ciudad eterna, no importa en qué momento de su historia. "¿Delante de quién tiembla la ciudad de Roma?", se pregunta Scarpia. Pero es que todavía tiembla en presencia de los artistas y todo aquel que cuestiona un sistema que se perpetúa tanto como su propia edificio.

4. Escenografía anacrónica y figurines Grace Kelly

Esa atemporalidad está siempre en la escenografía, que va configurando diferentes espacios, buscando la ciudad eterna en la que esas estructuras y relaciones se perpetúan. "Lo que ocurre en Tosca no sólo sucede en la Roma de Sardou sino que es una historia que se repite de forma cíclica con todo lo que sea incómodo para el sistema", abunda Villalobos. Así, la presencia monumental, opresiva de la Roma con la doble autoridad del poder público y la de la iglesia, se refleja en un set que ora huele a la iglesia de Sant'Andrea, el palazzo Farnese, el Catello de Sant'Angelo... A veces tienes la sensación de estar viendo un edificio de la Roma antigua como es el Coliseo y a veces tienes la sensación de estar viendo el gasómetro, que es una estructura de hierro que hay al costado del río Tíber. 

Por otra parte, los figurines pueden en un momento cubo recapacitar el estilo Grace Kelly, el de la diva sofisticada de la época de Maria Callas que tanto fascinaba a Pier Paolo Pasolini. Pero el personaje en sí, Floria, es desigual a cómo lo interpretaba Maria Callas. Porque como indica la soprano Maria Agresta, se tiende a imponer el carácter de la soprano sobre el personaje sin alcanzar a analizarlo a fondo. 

"Floria Tosca es un personaje harto diferente a cómo lo afrontaba Maria Callas. Ella interpreta a Tosca pero se olvida de Floria. Interiormente de este cuerpo cohabita una comediante con mucho ingenio en el círculo, que es Tosca, y una mujer mucho más insegura y con los pies en la tierra que es Floria", añade Villalobos. "La de Maria Agresta es una Tosca mucho más juguetona, que intenta comprender que su pareja no sea monógamo, intenta amarle tal y como él es, aunque sea lo puesto que ella ha recibido como mujer católica que es. Callas es siempre una Tosca enfadada que no audición a Mario".

5. La belleza como hilo conductor 

Trabajar en secreto de belleza es crucial para Villalobos, no de forma naif ni tratando de sublimar la oscuridad del ser humano sino todo lo contrario, "como canal para mirar a la cara lo que nos da miedo". En este sentido cuenta con un interesante comediante plástico de la contemporaneidad, el jienense Santiago Ydánez,  que dialoga con el universo plástico de Pasolini y con Caravaggio, el ingobernable y pendenciero ingenio que murió bajo el disciplina del sol tirado en una playa mientras ansiaba regresar a Roma y dejar su deportación por homicidio. "Ydánez revisa los dramas de los personajes tortuosos que retrata Caravaggio... como Judith y Holofernes, que en el Antiguo Testamento le corta a él la habitante para defenderse a su comunidad. Es una narración al empoderamiento mujeril... y Tosca no deja de ser una femme fatale de finales del siglo XIX", apunta el director exquisito del Liceu, Víctor Garcia de Gomar.

6. Un reparto agradecido que recrea los detalles

La forma de trabajar de Villalobos y el reparto tiene mucho de orgánico, en el sentido que no les fuerza a moverse en contra de lo que precisa su interpretación vocal, sino que se concentra en hacer aflorar esa duplicidad de personajes. Scarpia es aquí un protofascista que reprime la confianza artística y sexual. Y esta voz intimidatoria la pondrán los barítonos Zeljiko Lucic y George Gagnidze, según el reparto. Por lo que respecta al personaje de Cavaradossi, el tenor Michael Fabiano se alternará con Vittorio Grigolo -que sustituye a un Joseph Calleja afectado de largingitis- y Antonio Corianò. Mientras que el personaje de Tosca lo interpretan la italiana Maria Florea adyacente con Emily Magee, Sondra Radvanovsky y Monica Zanettin.

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