Los libros del 2022 | Las nuevas tendencias: para leer en grupo y comentar después

En su ejemplar Cuentas pendientes Vivian Gornick –quien, por cierto, tiene en castellano un nuevo título de advertencia literaria, El fin de la novelística del coito, Sexto tierra– palabra con cierta añoranza de cuando, en su lozanía, se apuntaba a las modas literarias de su círculo y se ponían todas a estudiar teoría feminista de necesidad, pero todavía a Colette, a Elizabeth Bowen o a D.H. Lawrence. Según Gornick, eso de estudiar en clan se abandona con la antigüedad, pero no tiene por qué ser así. Y hay poco de placer colectivo en saberse parte de un culto abundante, sobre todo si es con un título al ganancia de las novedades literarias. Sucedió este verano, cuando muchos lectores coincidieron en darle su primera oportunidad a Iris Murdoch con El mar, el mar (Lumen) y de nuevo en otoño en el que se ha celebrado el Nobel de Annie Ernaux como quien celebra un Mundial. Sus títulos, que publican en castellano Cabaret Voltaire y en catalán Angle , son coleccionables como los cromos y se acaban en un trayecto abundante de metropolitano. Y sobre todo dan para comentarlos posteriormente.

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Vivian Gornick, escritora 




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Los siguientes títulos todavía se están leyendo en comunidad, o deberían. Para iniciar, dos rescates literarios de los noventa. El primero: Bastarda (Errata Naturae), un clásico novedoso de la humanidades estadounidense de la denigrada como white trash , en el que su autora, Dorothy Allison, contraviene las normas de lo que se supone que es el héroe de clase trabajadora: siempre luchando contra las injusticias, siempre justiciero y amigo, siempre un hombre. Se publicó en Estados Unidos en 1992 y no había sido aun traducida al castellano, lo mismo que El fin de la historia (Alpha Decay ), la primera novelística (de 1994) de una autora, Lydia Davis, conocida y admirada por hacer relatos muchas veces hiperbreves. Aquí narra un romance obsesivo de una mujer de mediana antigüedad con un hombre mucho más muchacha. Es sostener, condado 100% Ernaux.

La grupo sigue siendo un condado inundado del que la novelística moderna talego materiales valiosos. Todas las familias sirven, si se expolian aceptablemente. Ya sea el clan híbrido católico-judío, guatemalteco-estadounidense de los Goldberg que Francisco Goldman (todo parecido en los apellidos no es casualidad) radiografía en su texto mucho autoficcionado Monkey Boy (Almadía) o un hogar italiano en descomposición. “Todos mentimos sobre nuestra grupo. La grupo es ciertamente el ámbito de nuestras mentiras más audaces”, dice la narradora de El agua del estanque nunca es dulce / L’aigua del llac no és mai dolça (Sexto Suelo / L’Altra ), de Giulia Caminito, una novelística de iniciación en el que la protagonista se emancipa de una religiosa todopoderoso que se ocupa de cuatro hijos y un marido con discapacidad.

 Y en un año en el que se siguió escribiendo mucho sobre la maternidad y sus claroscuros –de las metafóricas Canina ( Rachel Yoder, Blackie Books ) y La escuela de las buenas madres ( Jessamine Chan, Roca ) a la reflexiva y profunda Los seres queridos ( Berta Dávila, Destino )– es bueno comprobar que muchos autores están todavía pensándose como padres e incorporando eso a sus obras literarias. Lo han hecho Eduardo Halfon (Un hijo cualquiera, en Libros del Asteroide ) y Andrés Neuman ( Umbilical, en Manantial ).

Vertical

Andreas Malm 




Llibert Teixidó

Quizá porque en el 2022 el futuro ya no parece tan antiguo, varios autores se plantean un futurismo de proximidad, más realista que catastrófico. Lo hace Delphine de Vigan en el broche de Los reyes de la casa / Els nens són reis (Emblema / Grup 62 ), imaginando lo que pasará cuando los niños que ahora están creciendo convertidos en estrellas de YouTube, Tik Tok e Instagram puedan pedir explicaciones a sus padres, y lo hace Katixa Agirre en De nuevo centauro / De nou centaure (Tránsito / Segona Perifèria) que se sitúa a mediados de siglo XXI en un mundo en el que el turismo de masas se ha extinguido por agotamiento medioambiental y casi todo el entretenimiento se da en el metaverso.







Libros construidos a partir de la fijación de un autor por otro autor, una cierta humanidades de la obsesión

En el ámbito de los ensayos provocadores, hay que mencionar el recién traducido El derecho al sexo (Emblema ), en el que la pensadora y profesora en Oxford Anita Srinivasan toca casi todos los temas que pinchan en el nervadura de la opinión pública, desde el porno hasta el consentimiento pasando por el engendro incel para aparecer a una nueva ética del deseo. Siquiera va nunca cerca de lo practicable ni indagación el consenso cómodo el diestro en cambio climático Andreas Malm, que se mueve entre el rigor universitario y el panfleto aceptablemente entendido en libros como Caudal fósil (Capitán Swing) y Cómo dinamitar un oleoducto (Errata Naturae ). En octubre, por cierto, se cumplieron cinco abriles del #MeToo y lo mejor es profundizar en ello huyendo de investigación superficiales, leyendo por ejemplo a Sarah Ahmed, que publica ¡Denuncia! (Caja negra). La autora renunció a su puesto en la Universidad de Goldsmiths en Londres cuando comprobó la pasividad de la institución delante las denuncias por acoso, racismo o transfobia, y a raíz de esa experiencia reflexiona sobre el hecho mismo de la denuncia hace una defensa del feminismo colaborativo y no institucional.

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Lydia Davis )




Pedro Martin Gonzalez Castillo / Getty

Por final, y en un momento en el que tiene menos sentido que nunca pensar en géneros estancos, varios libros que, de regalarlos, nos costarían de determinar, y acabaríamos explicando con un sencillo “tú léelo y me cuentas”. Ahí caben los populares ensayos en forma de cómic de nunca pensar en géneros estancos, varios libros que, de regalarlos, nos costarían de determinar, y acabaríamos explicando con un sencillo “tú léelo y me cuentas”.

Ahí caben los populares ensayos en forma de cómic de Liv Strömquist (el final, La sala de los espejos / Dins la sala dels miralls, editado por Finestres y Reservoir Gráfica, da vueltas sobre el culto a la belleza), los libros miscelánea como HEX, de Daniel López Valle (Blackie Books), que contiene episodios históricos recónditos narrados como si fueran inventados –quién sabe– o el raro y bello Mi confesiones de Carson McCullers, de Jenn Shapland (Dos Bigotes). 

Este ejemplar se une a otros recientes como Vida de Barbara Loden, de Nathalie Léger (Sexto Suelo) en configurar una especie de humanidades de la obsesión, libros que se construyen a partir de la fijación del autor con otro autor. A partir de unas cartas reales escritas por una mujer convocatoria Annemarie a la escritora Carson McCullers, Jenn Shapland se siente reconocida y da cuenta de su propia vida a la vez que reflexiona sobre el coito en los márgenes. Al final se proxenetismo de sostener: tú léelo y hablamos.

Begoña Gómez Urzaiz ha publicado recientemente el memoria periodístico ‘Las abandonadoras’ (Destino)

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