Los libros del 2022 | Las recomendaciones de narrativa extranjera

Si el cambio climático avanza a este ritmo quizá en pocos primaveras estas recomendaciones navideñas las hagamos en bermudas por eso que lo mejor será partir con dos libros unidos por la citación de atención ecológica. 

En Las sombras fugaces / Les ombres fugaces (Volcano Libros / Edicions del Periscopi), Christian Guay-Polinquin sigue las tribulaciones de un mecánico ignorado en un mundo sometido a las leyes de la supervivencia luego de un corte eléctrico. Contra la tentación de la angustia, el impacto y el trastazo de sensación, el quebequés trabaja los vínculos humanos y la vivientes de una corriente subterránea de inquietud.

Un complemento en tono de quimera bajo la siempre hipnótica prosa de George Saunders es Zorro 8 (Seix Barral), un relato liberal, ilustrado por Chelsea Cardinal y dirigido a cualquier permanencia, en el que la construcción de un centro comercial movilizará al vulpino del título en la defensa de su cado.

Cormac McCarthy rompe un silencio editorial de dieciséis primaveras con dos novelas interconectadas, El pasajero y Stella Maris / El passatger y Stella Maris (Letras Random House / Edicions 62), donde convergen perturbadores lazos fraternales con la física cuántica, y la enfermedad mental con la conspiranoica saco, entre otras estimulantes binomios, capaces de propulsar teorías y debates durante más tiempo del que ha tardado su autor en completarlas. 

Tratándose de una novelística muy distinta, Pequeñas desgracias sin importancia / Les tristes recances (Sexto Carretera / Les Hores) de su compatriota Miriam Toews despliega asimismo una fraternidad compleja sobre la que planea la amenaza del suicidio. El talento de la autora radica en romper expectativas –es a la mujer aparentemente exitosa en todos los campos a quien se le hace insoportable la vida, mientras que su hermana, abonada al caos y a los reverses, desborda ganas de comerse el mundo– y en conseguir dar con ángulos hilarantes en un drama en apariencia circular.

Poco acerca de derribar lugares comunes y huir del molesto como único prisma explica igualmente Exaltación. Una novelística sobre Sylvia Plath / Eufòria. Una novel·la sobre Sylvia Plath (Navona / Les Hores) que surgió cuando su responsable, la sueca Elin Cullhed, percibió que en el centro de su obsesión con la malhadada poeta latía una conexión personal al reconocerse en una superiora de varios hijos, casada con un escritor e intentando arañar horas para poner molesto sobre blanco. Cullhed no blanquea el mito pero sí que lo redefine poniendo el foco en su voracidad artística y su compromiso con la igualdad de carácter. 

Hablando de ficciones comprometidas, Nórdica recupera una de las mejores novelas europeas sobre el viacrucis de los refugiados, Tránsito, de Anne Seghers, conocedora de primera mano del drama con su periplo por Marsella y México huyendo del nazismo. Odisea de un fugado de dos campos de concentración que asume una identidad falsa, consigue ser vigoroso, conmovedora y atemporal.

Por absolutos méritos propios, pero al modo igualmente de contraveneno contra cualquier poso de desaliento que nos hayan podido dejar las últimas novelas comentadas, Nací (Logotipo ) de Georges Perec es de prescripción obligatoria (casi en un sentido médico). El (in)carácter juguetón del OuLiPo evoca memorias de aquellos que llenan de sentido una existencia, nos invita a soñar y completa una relación de deseos a cumplir antiguamente de aseverar adiós que activa de inmediato las ganas de suscitar una de propia.  

En este lista, el autor de La vida, instrucciones de uso incluye propósitos como presentarse el Museo del Prado, estudiar el oficio de impresor o escribir una novelística de ciencia ficción pero no resulta descabellado aventurar que, de suceder confeccionado una dedicada a motivos de fruición una vez en el Más Allá, la habría encabezado con regresar a este mundo convertido en un espíritu instalado en una mueble. Este es el punto de partida argumental de El aparición de las palabras (Siruela) de Louise Erdrich: una insoportable clienta de una mueble independiente de Minneapolis ronda el establecimiento tras su muerte, obligando a una nueva empleada a romper la maldición. Tras sus connotaciones dickensianas, se filtra una testimonio de aprecio a todos los que, como usted, aman los libros, al tiempo que una vistazo social que zapatilla la crisis pandémica y el movimiento Black Lives Matter.

Entre las óperas primas que más me han impactado estos primaveras se cuenta Idaho (Random House / Les hores) de Emily Ruskovich, que parte del hecho más indescifrable que probablemente pueda acontecer –la crimen de una hija a manos de su superiora– para entrelazar una serie de historias de aprecio extrañas, retorcidas y desconcertantes entre mujeres, entendiendo aprecio como un despliegue de actos de altruismo, desprendimiento y compasión en investigación de comprensión, consuelo o redención.  

La novelística, cargada de sensibilidad y agudeza para iluminar zonas de sombra del ser humano o encontrar palabras con las que apresar lo que se resiste a ser expresado, conforma una pareja de bailoteo natural con los diez relatos reunidos en Ser un hombre (Salamandra ) de ­Nicole Krauss. El título surge del que bautiza la última cuarto pero el conjunto acertadamente podría haberse llamado Ser mujer o Ser persona ya que indaga en los temas eternos (aprecio, amistad, tribu, personalidad, deseo, expectativa, renuncia…) que a todos nos unen con la voluntad de que nos reconozcamos y/o nos estremezcamos.

Dudo que el premio a la voz narradora más creativa y juguetona de la cosecha anual de novelística traducida pudiera recaer en otra que no fuera la que nos pasea por la historia nuevo de Sudáfrica en la soberbia La promesa (Libros del Asteroide / Les Hores) de Damon Galgut. Tres hermanos de una tribu blanca pudiente, cuatro funerales y un compromiso verbal controvertido –la concesión a la sirvienta de la propiedad de la humilde casa en la que vive– articulan una narración que consigue balbucir de lo más profundo con una tonificante volubilidad, agilidad y perdón.

Y acabamos con otra trufa blanca, Maldita suerte (Gatopardo), de Lawrence Osborne –si no lo tienen en el radar, andan muy perdidos–, retrato de un ludópata y un impostor por las noches incendiadas de neón de Macao al que un doble trastazo de azar traerá fortuna y perdición a partes iguales.

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