Cómo las relaciones personales afectan a nuestra microbiota oral

No solo compartimos gastos, espacios o comidas con las personas con las que convivimos, sino igualmente bacterias. Un estudio internacional liderado por la Universidad de Trento (Italia) y con billete del Instituto valenciano de Agroquímica y Tecnología de alimentos (IATA-CSIC), ha analizado cerca de 10.000 muestras de heces y saliva de individuos sanos de 20 países de Asia, América, Europa y África.

El trabajo, recogido en Nature y que es el más amplio y diverso realizado hasta el momento sobre cómo se transmite el microbioma humano entre generaciones y entre personas que viven en contacto íntimo, concluye que intercambiamos microorganismos de la boca sobre todo a través de la saliva con aquellos con quienes mantenemos contacto íntimo, ya sean amigos, familiares o la pareja. Y igualmente, aunque en pequeño medida, con nuestros vecinos de intramuros o de ciudad.

Ese trueque, afirman, resulta favorecedor para la lozanía humana en la mayoría de ocasiones, puesto que enriquece la microbiota verbal. Es más, los investigadores han observado que las relaciones sociales son, de hecho, el coeficiente que influye en longevo medida en la composición bacteriana verbal y que, cuanto más tiempo pasemos juntos, longevo probabilidad de que la microbiota se homogenice.

“En el caso de las familias o las parejas, se podría pensar que esa similitud se debe a que comparten un estilo de vida similar y siguen la misma víveres”, apunta a La Vanguardia Mireia Valles-Colomer, investigadora postdoc en la Universidad de Trento y primera autora del trabajo.

“Pero los estudios de inscripción resolución que hemos realizado nos han permitido identificar a los microorganismos específicos de cada persona, lo que nos ha posibilitado detectar si han pasado de unos a otros o, por el contrario, se han adquirido a través de otras fuentes”, explica. La microbióloga añade que “más del 30% de las bacterias son compartidas entre personas que viven juntas, una cantidad que resulta elevada”.







De madres a hijos y para toda la vida

Los investigadores igualmente han investigado qué ocurre con la microbiota intestinal y han manido que se transmite entre personas menos que la verbal y que lo hace de guisa distinta. Para despuntar, han comprobado poco que ya se sabía y es que la principal transmisión se produce de hermana a hijos en el momento del parto y luego continúa con la crianza materna. En ese sentido, han manido que durante el primer año de vida, hermana y bebé comparten el 50% de las cepas bacterianas y, a partir de ese momento, la proporción va disminuyendo.

“Eso es así porque el bebé se expone a otras personas, al esfera, y va adquiriendo nuevas bacterias”, explica Valles-Colomer. Aunque, puntualiza, hijos y hermana siempre compartirán más cepas entre ellos que con otros individuos. De hecho, las bacterias procedentes del microbioma intestinal materno se pueden detectar en personas mayores.

“La transmisión materno-filial es muy relevante al inicio de la vida, perdura en el tiempo y puede ser reconocida en la tercera perduración”, apunta en un comunicado Mari Carmen Collado, investigadora del IATA-CSIC y una de las principales expertas mundiales en este ámbito.

Curiosamente, el engendro es ajustado al revés en el caso de la microbiota verbal, que no pasa de hermana a hijo en el inicio sino a medida que los dos conviven. Así, conforme el peque se hace longevo, aumenta la cantidad de microbios orales compartidos con sus progenitores, mientras que disminuye la proporción de microbios intestinales en global con la hermana.







Además podría transmitir enfermedades

El microbioma humano está formado por 39 billones de microorganismos, la mayoría de los cuales se concentra en el colon. Cumplen funciones cruciales para la vida humana y tienen un papel esencial en el funcionamiento de los sistemas digestivo e inmunitario. Si proporcionadamente se sabe que factores como la dieta y el estilo de vida modulan su composición, no se comprendía del todo cómo se adquirían ni siquiera cómo se transmitían entre individuos.

En este sentido, para Toni Gabaldón, investigador Icrea en el Institut de Recerca Biomèdica de Barcelona y en el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS), aunque se conocía que los microbios se pueden transmitir de persona a persona a través del canal de parto en el inicio o por compartir espacios, el trabajo “establece de guisa muy clara esa transmisión y, encima, han podido inferir algunos patrones, como qué especies de transmiten más o menos, o a qué edades ocurre una longevo transmisión”.

Los investigadores han constatado que las bacterias que se transmiten entre individuos de forma más efectivo no siempre son las más beneficiosas para la lozanía. Y alertan de que eso podría portear consecuencias. Apuntan que algunas enfermedades no infecciosas, como las cardiovasculares, la diabetes, el cáncer, que se han relacionado con alteraciones de la microbiota, sobre todo la intestinal, podrían transmitirse igualmente a través de las bacterias.

“Si nuestras relaciones sociales pueden modular la composición de la microbiota por transmisión directa, entonces ciertos riesgos a enfermedades, determinados por la microbiota, igualmente estarán modulados de la misma guisa, aunque esa influencia no será tan directa como la transmisión de un resfriado”, comenta Gabaldón en declaraciones al SMC España.

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