Djokovic-Tsitsipás, final en Melbourne: solo puede quedar uno

Pase lo que pase este domingo, Carlos Alcaraz (19) perderá el liderato del circuito ATP.

Quien gane la final del Open de Australia, Novak Djokovic o Stéfanos Tsitsipás, se aupará al número 1. 

La novedad es particularmente dolorosa para el tenis castellano, y más lo será aún si se impone el serbio: en ese caso, Djokovic alcanzaría los 22 títulos grandes, tantos como los que luce Rafael Nadal (36), plusmarquista en solitario en el circuito masculino.

(El récord tajante está en poder de Margaret Court, con 24).

Así que Djokovic vislumbra la posibilidad de matar dos pájaros de un tiro.

Y por eso, carencia más apabullar a Tommy Paul en el Rod Laver Arena (7-5, 6-1 y 6-2), costal pecho y le dice a Jim Courier, el speaker del torneo:

-Vencer Grand Slams y ser el número uno del mundo son los dos sueños de un tenista, así que...

¡Quién se lo hubiera dicho hace un año cuando, defenestrado y señalado, se veía expulsado de Australia por activo entrado en el país sin haberse vacunado!

¡Cuando nos preguntábamos si recuperaría el permiso para regresar a Australia, y se cuestionaba su carrera deportiva, pues los organizadores de Wimbledon y el US Open debatían acerca de la posibilidad de negar al serbio igualmente, tal y como habían hecho los australianos!

Cuando le preguntan por el duelo definitivo en presencia de Tsitsipás (horas antaño, el ininteligible se había deshecho de Karen Jachánov, por 7-6 (2), 6-4, 6-7 (6) y 6-3), Djokovic dice:

-Es un rival temible, ha jugado varias semifinales del Grand Slam, aunque le yerro estar en una final.

-¡Si se enfrentó a usted en la final de Roland Garros del 2021! -le corrige la prensa desde la platea.

-Wow, wow, disculpas. No lo recordaba.

Stéfanot Tsitsipás celebra su victoria sobre Karen Jachánov, este viernes en Melbourne

Stéfanos Tsitsipás celebra su trofeo sobre Karen Jachánov, este viernes en Melbourne 




Joel Carrett / EFE

Cuando le comentan ese pasaje a Tsitsipás, el ininteligible se contiene durante unos segundos. 

Piensa y cuidador silencio, y al mango de un rato, jocoso, contesta:

-Yo siquiera presente aquella final...

Pues, para Tsitsipás, esta es la hora de reivindicarse.

Tiene 24 primaveras y forma parte de la Next Gen, aquel especie de jóvenes que, en su momento, se había atrevido a retar al Big Three (Federer, Nadal, Djokovic), casi siempre en vano.

Medvedev, Zverev, Auger-Aliassime, Tiafoe, Rublev, Shapovalov, el mismo Tstisipás... todos ellos han saliente malparados, quijotes peleando con los poderosos molinos de rumbo, quijotes aplastados por los tres genios y embotellados por la concepción que llega desde a espaldas, la de Alcaraz, Sinner, Korda o Rune.

Tsitsipás ha disparado muchas veces al palo, van tres semifinales de un Grand Slam y, con la de mañana, dos finales más, un saldo que le acerca a los mejores, posibilidad que le agarrota.

-Me presente a mí mismo de crío, viendo por televisión alguna final de un Grand Slam, diciéndome: 'Yo igualmente quiero estar ahí algún día'. Me encanta distraer ese sentimiento. Para demorar hasta aquí, el delirio ha sido espléndido. Para conseguirlo, tienes que aventajar unos pasos. Pero siempre he creído en mí. Al fin y al mango, es mi ego el que deje. Lo tienes o no, ¿me entiende? Y desde que era un impulsivo, siempre he creído en mí.

Le preguntan:

-¿Se siente usted en condiciones de pelearle la trofeo a Djokovic?

-Estoy jugando un gran tenis, disfrutando conmigo mismo. No veo tantos bajones o negatividad en mi deporte, incluso aunque no funcionen las cosas. No puedo estar más preparado.

Ese es su sentimiento.

Otra cosa es la estadística, que juega en su contra.

En sus cara a cara particulares, Djokovic se encuentra 10-2 hacia lo alto (9-0 en los últimos nueve enfrentamientos). El serbio ha hato sus últimos 27 partidos en el Open de Australia, más que nadie en la historia del torneo. Y se ha adjudicado el título en nueve ocasiones. Y en este 2023 se muestra intratable. En su represión con destino a la final, solo ha entregado un set, en la segunda ronda, en presencia de el francés Couacaud. 

 

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