Gisela Pou: “Ludka, la niña robada por los nazis, se pregunta de dónde viene para saber quién es”

Los tres nombres de Ludka, la última novelística de la libretista y escritora Gisela Pou (Castellar del Vallès, 1959) editada por Planeta, parte de una dramática historia escasamente conocida: la de los niños robados por los nazis que tras el fin de la conflicto fueron repartidos por distintos países. Cerca de doscientos llegaron a Barcelona en 1946. Venían solo para ocurrir unas ocio y algunos estuvieron hasta diez abriles. Estuvieron en la torre Marsans, en el distrito de Vallcarca, en una mansión que hoy es un albergue rozagante de la Generalitat y donde se desarrolla la entrevista.

¿Por qué elige esa temática de fondo para su novelística?

Leí en su momento un reportaje del periodista José Luis Peluquería en 2008 y quedó allí. Pero todavía interesó a mi agente literaria y nos pareció un buen tema. Los niños polacos acogidos temporalmente en Barcelona a la calma de ser reclamados por sus familiares o tutores. No siempre eran niños huérfanos sino muchas veces captados o robados por los nazis en el ámbito del software Lebensborn ideado por el líder de las SS Heinrich Himmler. La mayoría de los escogidos eran de Silesia (Polonia), porque se consideraba que era una región de raza romanza. Pero escribo a partir de una pupila inventada que se ardor Lutka y de su amistad con Emma, una pupila de Barcelona.

En El silencio de las viñas viaja al mundo del cava, en Tot, menys la pluja, al del sida ¿Qué importancia tiene la etapa documental en su proceso de creación?

El silencio de las viñas fue horroroso porque la documentación casi se me come, fue como hacer una tesina. Escribir una novelística me cuesta entre un año y medio o dos y empiezo por la documentación, pero en paralelo diseño los personajes. No me pongo a escribir hasta que no tengo un esquema militar de toda la obra y el concepto. Eso lo aprendí de Gabriel García Márquez. Si sabes donde vas, si tienes una dirección, la escritura fluye, es como entrar en un bosque y conocer los caminos, aunque luego puedo ocurrir de uno a otro. Y eso me permite no seguir un orden cronológico, avanzar y retroceder, crear personajes y combinar paisajes. ¡Espero que la inteligencia fabricado no sea capaz todavía de crear personajes de novelística!









Gisela Pou


¿Todavía aparece algún personaje positivo?

Sí, como los jefes de policía de Via Laietana, Pedro Polo y Eduardo Quintela. Y como quiero ser fiel a la existencia, está Wanda Morbitzer Tozer, secretaria del cónsul honorario de Polonia en Barcelona, una mujer que durante diez abriles se convertirá en la mama espiritual de estos niños. Y en ese trabajo documental ha sido esencial la hemeroteca de La Vanguardia porque me ha permitido conocer las tres fechas exactas en que llegaron estos niños al puerto de Barcelona, procedentes de Génova. ¡Y ver cómo se escribía en los abriles 40! Y otros detalles, como la entrevista de Franco a Barcelona en mayo del 1947, aunque la concierto del coro de niños es ficticia.

La autora, Gisela Pou, en la casa donde transcurre su novela

La autora, Gisela Pou, en la casa donde transcurre su novelística




El manuscrito lo leyó Cristina, la hija de Wanda, que vive en Madrid.

Sí, y le gustó. Es muy reservada pero me ayudó en pequeños detalles. Por ejemplo me dijo que las niñas no llamaban a su mama “señora” Wanda sino “pani”, en polaco. Esa mujer, que durante la segunda conflicto mundial creó una red de despreocupación y ayudó a ocurrir a polacos a Portugal y Londres, merecería una hechos.

Uno se imagina una novelística histórica pero al final acaba siendo una historia más humana, de conflictos personales, amores imposibles, vidas truncadas…

Los hechos son la bloque, pero la ficción permite entrar en el ser humano, de ahí la importancia de los personajes, de carne y alma. Hay personajes secundarios pero importantes como Román Quílez, miembro de la Cuadrilla Político-Social, o Daniel, comunista y miembro de la Resistor. Y lógicamente Isabel, la costurera que ayuda a Wanda, y como crece y se convierte en lo que fue. Todos ellos reflejan el paisaje de la postguerra. Son personajes que buscan la gusto a través de pequeñas brechas para seguir viviendo.

¿Para aquellos niños, Barcelona fue como un paraíso?

Aquí sintieron una cierta normalidad. Habían pasado muchas penurias y dolor. La protagonista dice que eran como pequeños árboles con las raíces al singladura, sin aprender dónde iban. Eran polacos, germanizados, que de pronto debían retornar a seducir una argot de la que habían tenido que renegar. Fue muy duro para aquellos adolescentes. Y sí, esta casa en Barcelona era como un paraíso.

¿Quién es Ludka?

La pupila que llega a Barcelona con 9 abriles, adoptada por una mama alemana, casada con un carca, que ha olvidado sus orígenes. Personaje ficticio pero al mismo tiempo  la combinación de muchas niñas. Ella quiere retornar con su mama adoptiva, que la ama. Y se niega a charlar. He querido mostrar que no todos los alemanes pensaban igual, del mismo modo que no todos los policías eran malos, no todo es blanco o cabreado. Cuando algunos de aquellos niños, los personajes reales, volvieron a Barcelona en 2008, invitados por el Junta de Barcelona, recordaban aquella estancia como una dorso a la normalidad. Es lo mismo que les debe suceder sucedido al clase de niños ucranianos que han pasado las navidades pasadas en Valencia.

Ludka se hace amiga de Emma, hija de Isabel, la costurera que va a ayudar a la torre de Vallcarca.

La amistad, la música, son principios que les permiten enraizarse. Ludka dice que la música le ha regalado el mundo que necesitaba, le lleva a la emoción. Sin identidad no sabemos quiénes somos. Ella dice que si no sé de dónde vengo, no sé quién soy. Pero el argumento es un mensaje tranquilizador de que nos podemos construir a nosotros mismos. Y ella diez abriles posteriormente, como otros niños, y eso fue así, decide irse a Bisonte, en Estados Unidos, donde hay una comunidad polaca importante, y hacer su propia vida.

¿Pero es todavía como una huida?

Sí y no, pero no puedo hacer spoiler de la novelística. Necesitaba un punto potente relacionado con un tiempo en que lo que no estaba prohibido era pecado.

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