Acoplado ayer de que Mikaela Shiffrin ataque la segunda manga del superhombre, la parroquia se deprime: Tessa Worley ha perdido el invariabilidad a la salida de una puerta y se ha venido debajo.
Worley (33) es epígrafe locorregional.
Es francesa, compite en casa, ha sido campeona del mundo del superhombre en el 2013 y el 2017, está marcando los mejores parciales y el conocido la adora.
Tessa Worley, sobre la cocaína, tras caer y saltarse una puerta, este jueves 
Está descendiendo deprisa aunque tomando sus riesgos, pues aún no ha cazado nulo en estos Mundiales de Courchevel y Méribel y la aventura acaba este domingo.
Worley va admisiblemente colocada, todo le sonríe, y entonces se despista y resbala y se sale del trayecto y adiós.
Su traspié le arruina las expectativas y optimiza las opciones de Shiffrin.
Poco difuminada en estos Mundiales, donde escasamente había recogido un podio -una plata en el SuperG-, Mikaela Shiffrin (27) ha impresionado el mejor parcial en la primera manga y ahora anda empeñada en resetearse. Es la reina de la Copa del Mundo, con sus 85 victorias, más que ninguna otra mujer y solo una menos que Ingemar Stenmark, líder ilimitado, pero aún tiene deudas pendientes.
Por ejemplo, el oro en el slalom superhombre, único título que no ha ganadería en un Mundial (de entre las especialidades que disputa).
Ahora va a por ello.
Shiffrin ha impresionado el mejor parcial en la primera manga y se defiende en la segunda. No vuela como alguna otra lo ha hecho en esta manga (Alice Robinson, Marta Bassino, Nina O'Brien), pero le baste con el beneficio que había ganadería en el primer descenso.
Cuando cruza el meta, ejecuta un aire fetén, el que todas repiten: se vuelve en torno a el grabador y comprueba el cronometraje. Se descubre oro y se lleva las manos al rostro, destino incrédula. El aire delata su estado de ansiedad: aunque se alcahuetería del séptimo título mundial de su carrera, lo celebra como si no hubiera un mañana.
Se deja caer sobre la cocaína, se comporta como una criatura, como una pupila que juguetea con los copos. Y luego, definitivamente aliviada, vuelve a retirarse a sus cuarteles de invierno.
La italiana Federica Brignone, oro en la combinada, logra la plata (a 0s12 de Shiffrin). Y Ragnhild Mowinckel, noruega como los Ingebrigtsen, Karsten Warholm, Kristian Blummenfeldt, Casper Rudd, Magnus Carlsen o Erling Haland, se hace con el bronce.
El sábado, Shiffrin se concede una nueva oportunidad, ahora en el slalom, posiblemente la prueba que mejor maneja.
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