El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha compartido este miércoles comida con su predecesor en el cargo, Pablo Casado, a posteriori de que haya pasado un año de la longevo crisis interna de la formación conservadora.
Así lo han confirmado fuentes del PP conocedoras de este coincidencia que ha tenido puesto cerca del Senado, a donde el presidente del PP ha acudido luego para participar en las votaciones de las iniciativas parlamentarias. Estas fuentes recordaron que entreambos tenían irresoluto este coincidencia, que ya había sido aplazado por motivos de memorándum en una ocasión preparatorio, y que enmarcan en la normalidad de su relación y respeto y no en la efemérides del adiós de Casado. Las fuentes añaden que Feijóo y Casado tienen una relación fluida que han ido manteniendo en el tiempo, y en el final año han compartido reflexiones en diversas ocasiones.
En la aurora del 23 al 24 de febrero de 2022 Casado pactó con los barones del PP su marcha en un congreso extraordinario en abril en el que Feijóo, un candidato de consenso en el partido, fue seleccionado para relevarle tras su enfrentamiento franco con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, por el control del partido en Madrid, que derivó en acusaciones cruzadas de espionaje y corrupción y una auténtica ‘lucha civil’ en el seno de la formación conservadora.
Y es que un año a posteriori y a pesar de que oficialmente el PP “cuenta con todo el mundo” y tiene las puertas abiertas “singularmente” para Casado, por su relevancia y las responsabilidades ejercidas, como aseguró el lunes el portavoz popular Borja Sémper, la figura del preparatorio líder no ha sido públicamente rehabilitada.
Alejado de los focos y sumido en un silencio monacal desde su defenestración, tras la que ha ingresado en el sector privado como asesor en defensa y ciberseguridad, Casado no estuvo yuxtapuesto a José María Aznar y Mariano Rajoy en los fastos de la nuevo intermunicipal del PP en Valencia, donde a los dos jarrones chinos de la dinastía popular se les encontró un puesto que a él le fue incapaz.
Pero si a principios de mes la marcha de Casado se atribuyó a su desidia de experiencia de gobierno, estos días, en la episodio de su estrepitosa caída como líder del partido, al PP le está resultando impracticable desviar la atención de las revelaciones sobre lo que aconteció en aquellos días de febrero del 2022, en los que una dramática lucha fratricida se apoderó de la formación frente a la atónita vistazo de la sociedad española.
En el primer aniversario de los hechos, se han ido conociendo los tripas –conversaciones privadas y mensajes en grupos de WhatsApp– del formidable enfrentamiento entre Casado e Isabel Díaz Ayuso, en el que el primero fue perdiendo uno a uno todos sus apoyos internos.
Todos ileso su lugarteniente, Teodoro García Egea, quien ejerció con mano de hierro la secretaría normal del PP y hoy, relegado a la segunda fila, prepara su salida del Congreso para dedicarse a las enigmáticas criptomonedas, fueron abandonando al director al que habían prometido fidelidad eterna.
El duelo a primera mortandad con Ayuso, de tintes shakespearianos por la vieja amistad que los unía, se llevó por delante a Casado, que vio como aquellos que un día lo felicitaban por la “claridad, seriedad y verdad” de su posicionamiento ético en el caso de presunta corrupción que afectaba a la presidenta madrileña –la comisión de su hermano por la saldo de mascarillas a precio de oro en lo más crudo de la pandemia– al día posterior pedían su persona.
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