La Berlinale arranca floja entre apocalipsis, la quiebra de la Blackberry y amores tóxicos

La Berlinale dio ayer el pistoletazo de salida con la comedia romántica insustancial She came to me, de Rebecca Miller. Una historia muy floja sobre el soledad creativo y las distintas formas de enamorar que no convenció a la crítica desplegada en la 73ª estampado del certamen. Pese al glamur aportado por el reparto que formaban Anne Hathaway, Marisa Tomei o Peter Dinklage, la séptima película de la realizadora estadounidense era demasiado insulsa para un festival muy comprometido a nivel político, tanto con Ucrania como Irán. 

El presidente ucraniano Zelenski saluda durante su intervención en la gala inaugural de la Berlinale

El presidente ucraniano Zelenski besalamano durante su intervención en la ropaje inaugural de la Berlinale




AFP

El presidente ucraniano Zelenski estuvo presente a través de videoconferencia en la ropaje inaugural y pidió el apoyo de los artistas a su país: "¿Puede el arte estar al beneficio de la política?" se preguntó, afirmando que esta cuestión ha vuelto a cobrar importancia en los últimos tiempos. Cabal ahora se cumple un año de la invasión rusa de Ucrania y Sean Penn estrenará mañana su documental Superpower, basado en la figura de Zelenski. Del mismo modo, La Sirène, un filme de animación centrado en el conflicto Irán-Irak en los primaveras 80 y exhibida fuera de concurso en la sección Panorama, ya ha servido de plataforma a las protestas contra el régimen frente a el Berlinale Palast. Un esfera demasiado político en el que siquiera han sobresalido las primeras películas a concurso. 

La actriz Mwajemi Hussein y el director Rolf de Heer

La actriz Mwajemi Hussein y el director Rolf de Heer




AFP

Desde Australia, el avezado cineasta Rolf de Heer nos lleva hasta un decorado de un futuro apocalíptico con reminiscencias de Mad Max o The Road en The Survival of kindness. Una mujer negra es abandonada en una mazmorra en medio de un desierto. Hasta ese punto inhóspito la han dejado un rama de personas con máscaras de gas. Ella se niega a vencer allí, a pleno sol, sin comida ni agua, y usa la imaginación para poder escapar. Pero, una vez fuera, el panorama es aún más desolador. Se topa con cadáveres, familia que la ignora y se las ingenia para poder cambiar ropa y calzado con algunos de esos seres que parecen fantasmas. 

¿Qué ha ocurrido? Se desconoce por completo. De Heer nos deja con la busilis y el retrato de un mundo donde impera el racismo y es mejor estar muerto que vivo. Prácticamente no hay diálogos, y los pocos que se escuchan nadie los entiende. Una visión del todo pesimista aunque con un mensaje final para reflexionar que podría tocar la fibra del cuerpo en estos tiempos tan delicados. 

La directora Emily Atef durante el photocall

La directora Emily Atef durante el photocall




AFP

Cero que ver con el tormento de la película alemana Someday we'll tell each other everything, de Emily Atef, la misma que firmó el año pasado el drama More than ever con Vicky Krieps y Gaspard Ulliel. La realizadora se embarca en un relato de aprecio a dos bandas protagonizado por una chica de 19 primaveras en la Alemania de principios de los 90. María es una señorita que vive con su novio en la estancia de los padres de él. Se pasa el día con un obra entre las manos y pasa de ir al instituto. Parece acertado en casa de su pareja, un chaval que la adora y aspira a estudiar fotografía. Sin incautación, un día conoce a un vecino solitario de 40 primaveras e inicia una relación sexual cruda y despiadada. Pero a ella le gusta. ¡Qué se le va a hacer!. Lo dicho, más de dos horas de metraje insensatez que no aportan absolutamente carencia más que hacerse la pregunta de por qué poco así está en la sección oficial. 

Cary Elwes, Jay Baruchel, Glenn Howerton y el director Matt Johnson durante el photocall de 'Blackberry'

Cary Elwes, Jay Baruchel, Glenn Howerton y el director Matt Johnson durante el photocall de 'Blackberry'




AFP

Y la tercera en discordia viene de la mano del canadiense Matt Johnson con Blackberry, que muestra el auge y caída del notorio y adictivo teléfono móvil que cambió la forma en la que el mundo trabajaba, jugaba y se comunicaba. El filme cuenta cómo Mike Lazaridis y el patrón Jim Balsillie lograron convertir el dispositivo en un éxito mundial hasta que se perdió entre la niebla de las guerras de los teléfonos inteligentes y desapareció con su posterior declive. La película se sigue con cierto interés, pero no deja de ser un relato peculiar para suceder la tarde de un domingo. No para competir en un certamen de cine internacional.

Post a Comment

Artículo Anterior Artículo Siguiente