Las movilizaciones en Francia contra la reforma de las pensiones han perdido este martes intensidad, tanto en el número de huelguistas como en la décimo en las manifestaciones convocadas en todo el país. El pequeño éxito de la tercera etapa de protesta no significa, sin confiscación, que el pulso al presidente Macron y al Gobierno haya terminado. El secretario genérico del sindicato CGT, Philippe Martínez, ha amenazado con "huelgas más duras, más numerosas y más masivas" si el controvertido plan no es retirado.
El descenso en la guarismo de huelguistas ha sido genérico, según los datos del Gobierno, e incluso los sindicatos admiten que ha aflojado el seguimiento. El Gobierno estima que el 11,4% de funcionarios y empleados públicos se ha sumado al paro, mientras que el pasado 31 de enero fueron el 19,4% y el 28% hicieron huelga el primer día de la protesta, el 19 de enero. El caída incluso se ha notado entre los empleados de la empresa doméstico de ferrocarriles, SNCF, y entre los maestros. Con todo, el tráfico de trenes y los transportes públicos se ha trillado . Para este sábado hay convocadas nuevas marchas, con la intención de que participen personas que tienen difícil hacerlo los días laborables.
"O la reforma o la deterioro", alerta el ministro de Cuentas Públicas, Gabriel Attal, en un duro debate en la Asamblea Franquista
La presión en la calle contra un plan que pretende retrasar la etapa legítimo de retiro a los 64 abriles -hoy está en los 62- coincide con el debate de la iniciativa en la Asamblea Franquista. El concurrencia fue muy duro el lunes, hasta el punto de que la sesión hubo de ser interrumpida porque la concurso no dejaba cuchichear al ministro de Trabajo, Olivier Dussopt. Su colega de Cuentas Públicas, Gabriel Attal, advirtió que la reforma es imprescindible para la viabilidad de las finanzas del Estado. "O reforma o deterioro", resumió.
Varios diputados del partido Renacimiento -que sostiene al presidente Macron- denunciaron amenazas y actos intimidatorios. Igualmente hubo otras acciones contra diputados del Reagrupamiento Franquista (RN, extrema derecha). Algunos de sus parlamentarios recibieron llamadas falsas en las que un interlocutor secreto les avisaba de que un allegado se hallaba en un hospital. La intención era que se ausentara de la Cámara para no poder una moción en la que se pedía un referéndum.
Durante la manifestación de París ha habido algunos momentos de tensión entre los black blocs (antisistema violentos) y los antidisburbios. Los primeros intentaron destrozar el guardarropa de un restaurante de comida rápida.
La iniciativa del Gobierno solo podrá salir delante si recibe el apoyo de Los Republicanos, la derecha tradicional
El Gobierno se mantiene firme y no quiere ceder en ningún aspecto fundamental de la reforma. Solo ha hecho mínimas concesiones en algunos detalles referentes a las personas que han empezado a trabajar antiguamente de los 20 abriles. La sola esperanza del Ejecutante es que una parte sustancial del categoría de Los Republicanos (LR, derecha tradicional), compuesto por 61 diputados, acabe votando a cortesía. LR está en un dilema casi existencial. Filosóficamente están de acuerdo en que se debe subir la etapa de retiro, si correctamente les resulta difícil apoyar al Gobierno porque temen que su perfil político propio, ya muy dañado en las últimas presidenciales, quede aún más desdibujado.
Macron está quedando en un segundo plano, de momento, para no desgastarse. El peso lo está llevando la primera ministra, Elisabeth Horizonte, y los ministros. Para el presidente es esencial que la reforma salga delante. Está en encaje su embajador como líder transformador y la posibilidad de efectuar otras reformas como la institucional, en la que pueden redefinirse los poderes del Estado e introducirse nociones nuevos en la Constitución que reconozcan el imperativo de defensa medioambiental o peculiaridades regionales como una viejo autonomía para Córcega.
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