A vueltas con el núcleo de la Tierra: cómo gira ahora y hacia dónde

“La rotación del núcleo interno de la Tierra cambia durante décadas y casi se ha detenido”. Bajo este título anuncia la prestigiosa revista Nature Geoscience las conclusiones de la investigación de Yi Yang y Xiaodong Song, del Instituto de Geofísica Teórica y Aplicada de la Universidad de Pekín, en China. Tras la informe arreciaron las preguntas: ¿Se ha detenido del todo la rotación del núcleo interno de la Tierra? ¿Paseo ahora en sentido contrario? ¿Qué implicaciones tiene el descubrimiento en el día a día?







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¿Qué es el núcleo de la Tierra y de qué está formado?

El núcleo de la Tierra está compuesto por dos partes: una externa, fluida, de los 2.900 a 5.100 kilómetros; y otra interna, que llega al centro de la esfera, a los 6.370 km. Esta parte interna es una esfera irregular de 2.500 kilómetros de diámetro a formada por hierro y níquel. La temperatura en la superficie del núcleo interno se estima en más de 5.400 ºC, una temperatura similar a la de la superficie del Sol.







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¿Cómo y por qué expedición el núcleo interno?

El libranza del núcleo interno es impulsado por el campo hipnótico generado en el núcleo forastero y sensato por los posesiones gravitatorios del toga. Esta esfera irregular de hierro y níquel “expedición en la misma dirección que la que expedición la Tierra: con destino a el este”, tal y como señala Àlex Marcuello, catedrático de física de la Tierra de la Facultat de Ciències de la Terra de la UB. “El núcleo interno y el forastero no giran de la misma forma que la superficie: una expedición un poco más deprisa que la otra, aunque todas lo hacen en el mismo sentido”, recalca.







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¿Se ha parado la rotación del núcleo interno?

No. Marcuello recuerda que, en el estudio, “cuando se acento de velocidades de los núcleos se acento de variaciones, de cambio en dichas velocidades”. “Si la variación es 0 no es que se haya parado, sino que no hay variación de velocidad entre el núcleo interno y la superficie, sino que giran de forma sincrónica con destino a el este”.







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Pero, ¿expedición ahora en sentido contrario?

No. Cuando se acento de desaceleración de la velocidad y de “un libranza en sentido contrario”, todo se refiere a un movimiento relativo que depende sólo de la observación. “Si tomamos como narración la superficie, que se mueve a determinada velocidad, una desaceleración de la velocidad del núcleo interno por debajo a la de la capa de narración puede ser interpretada como un cambio de dirección. Pero no lo es, sigue girando con destino a el este, aunque más gradual que la superficie”. Marcuello es sólido: “No ha pasado a moverse con destino a el oeste. Desde el punto de clarividencia incondicional, ambas capas giran con destino a el mismo flanco: de oeste a este, como la Tierra”.

La misma explicación da el Instituto de Geociencias del CSIC de la Universidad Complutense de Madrid (CSIC-UCM). “Lo que la nueva investigación afirma es que el núcleo ha decrecido su velocidad y está ‘desacompasado’ con la velocidad de libranza del resto del planeta. Es como si nosotros (la corteza) nos adelantáramos respecto al núcleo. Esto quiere aseverar, que, si eliminásemos la rotación mundial que nosotros mismos experimentamos, veríamos cómo el núcleo expedición en sentido contrario. Este objeto se debe sólo al sistema de narración, no quiere aseverar que vaya al revés que el resto del planeta”, aclaran.







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¿Qué implicaciones tiene en la superficie?

Que el núcleo varíe su velocidad de forma periódica afecta a varios aspectos del día a día, aunque de forma mucho pequeño y relativa. Por un flanco, a la duración de los días: los investigadores han descrito que dicha variación se situaría en “medio milisegundo por día”, destaca Marcuello, que recuerda, por otra parte, que estas variaciones han tenido espacio desde siempre. “Además puede tener pequeñas variaciones del momento de inercia —la distribución de masa de un cuerpo en rotación respecto a un eje de libranza— de la Tierra, posesiones sobre las mareas y sobre el campo hipnótico”. Estas afectaciones, sin secuestro, son “especulaciones, se debería trabajar más y más tiempo para valorarlas, señalarlas y endenderlas”.







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¿Cómo se ha producido el descubrimiento?

Los autores del estudio han analizado “registros sísmicos de terremotos que se han producido en el Atlántico sud y en Alaska durante los últimos 70 abriles”. Esto significa que sus conclusiones no han sucedido de la sombra a la mañana, sino que es poco que se ha observado en las siete últimas décadas.

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