“Realizar es el eje de mi vida, dando vueltas para que las cosas salgan, a veces con éxito y a veces no”. Así se define Núria Espert, que con 87 abriles estrena La isla del Ventarrón en el teatro Romea.
En este atmósfera, la veterana actriz ofreció en el 2020 el Romancero nómada de García Lorca, pero ahora vuelve al teatro que la vio manar como actriz con una desafío arriesgada: “Con los grandes textos estás protegida, pero con un autor no estrenado no lo estás. Si hubiera sido contemporánea de Lorca y me hubiera ofrecido El conocido, me habría horrorizado y no lo habría sabido ver. Darle vida a un texto nuevo es muy difícil”.
Cuando Sagarra la descubrió en un despacho de este mismo teatro, donde se presentó para interpretar un exposición pueril, el dramaturgo le dijo que tenía “unos cojones como un toro”. Por eso Espert no se amedrenta y acepta ilusionada el contienda de protagonizar la interpretación teatral de La isla del Ventarrón, a partir de la novelística de Alejandro Palomas: “Se ha producido la oportunidad de trabajar con un texto que no conocía, que no he escogido, pero que ahora ya es mío. El autor ha descubierto que se podía condensar en una hora y media de teatro. Los saludos han quedado fijados en esta cuarto, que es como una clan nórdica”.
Vicky Peña, Teresa Vallicrosa, Miranda Gas y Ascua Serrat completan la grupo de la matriarca
A Mencía, la matriarca que interpreta Espert, la acompañan dos hijas y dos nietas, las actrices Vicky Peña, Teresa Vallicrosa, Miranda Gas y Ascua Serrat, dirigidas por Mario Gas. La isla del Ventarrón es un islote de Menorca donde hay un faro y donde la matriarca se lleva a las mujeres de su grupo para que juntas intenten pasar la desaparición de Elena, otra nieta.
“El texto de Palomas es un cerilla de novelística y de texto teatral”, explica al director, que define La isla del Ventarrón como “un poema sinfónico teatral repleto de dolor y de esperanza”. Peña lo matiza: “No sé si es sinfónico, pero sí que tiene música de cámara para cinco instrumentos”.
Gas resume la obra: “Asistimos a las vicisitudes de cinco mujeres de tres generaciones. Mencía las lleva al faro de la isla para reencontrarse y conseguir avanzar juntas, y logra sacar el tapón. Es una obra oscura y a la vez luminosa”. “Pero en la obra hay humor –puntualiza Espert–, humor de buena ley, que nos ayuda a soportarlo, como pasa en las tragedias griegas”.
El director afirma que con Palomas, que ha asistido a algunos ensayos, están “en la misma sintonía”. “Es una obra que no es esquemática, y le he intentado dar una continuidad, no una sucesión de estampas. Quiero destacar mi valentía de encerrarme con cinco mujeres, una experiencia que además es un regalo. Me gusta trabajar con los actores y actrices no para que hagan lo que yo quiero, sino que salga lo que entre el intérprete y yo buscamos”.
Josep Maria Pou, director del teatro Romea, confiesa que esta producción de Focus ya estaba sobre la mesa en el 2008: “Pero se necesitaba un director a quien le fuera adecuadamente la obra y una piedra angular, una actriz que estuviera acondicionado para el papel de la matriz”. Mañana empiezan las funciones de La isla del Ventarrón y “tenemos la sensación de que se prostitución de uno de los extenso estrenos del Romea”, concluye Pou.
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