A vueltas con el turismo

La retirada de las mascarillas ha sido el anciano signo de la recuperación de la normalidad tras la pandemia. La sociedad recobra el pulso precedente a las restricciones sanitarias. Ha vuelto con fuerza un Sant Jordi, aunque pasado por agua, y el turismo retorna para alegría de una industria que supone más del 12% del PIB de Barcelona y crea el 9% del empleo de la ciudad. La fresco Semana Santa ha mostrado este buen huella del restablecimiento de la actividad turística y abre buenas expectativas de cara a la temporada de verano. Pero no todos se alegran de esta recuperación a posteriori de dos abriles de sequía. El concejal de Ciutat Vella, Jordi Rabassa (BComú), se quejó a través de su cuenta de Twitter de las aglomeraciones en las calles del casco antiguo de Barcelona y volvió a sublevar la bandera del decrecimiento turístico. Al respecto, Rabassa afirmó: “Desde el distrito nos comprometemos a seguir nadando contra la corriente general que exploración el beneficio rápido y no cuida a las personas. Desgraciadamente, no lo conseguiremos solos y son necesarias unas administraciones públicas orientadas en torno a la defensa del perfectamente global que regulen el sector privado”.

TURISMO EN BARCELONA. UN GRUPO DE TURISTAS SUBDOS A UNOS SEGWAY DELANTE DE LA FACHADA DELA CASA BATLLO

Un orden de turistas en presencia de la casa Batlló 

Mané Espinosa / Propias

El debate sobre la masificación turística que viven las ciudades más atractivas del mundo se reabre con fuerza en la salida de la pandemia. Y se vuelven a sacar del cajón conceptos como el cambio de maniquí crematístico, el rechazo al monocultivo productivo y la condición de imponer una anciano regulación. Pero como ha podido comprobar el presente gobierno municipal en sus siete abriles de mandato, los modelos económicos no se cambian de un día para el otro y mucho menos con planteamientos que llevan al enfrentamiento a saco de crear los bandos de los buenos y de los malos. Mandar una ciudad es muy confuso porque no es un cuadro en blanco y molesto sino una pintura multicolor con distintas sensibilidades. Comprender esto es fundamental para construir nuevos modelos de ciudad sin excluir a quienes piensan diferente o tienen objetivos distintos a los que gobiernan, sobretodo si son gobiernos minoritarios como es el caso.

El gobierno de Barcelona lamenta no acaecer sabido mejorar la encargo turística tras siete abriles de mandato

El turismo no es malo por naturaleza como se repite desde algunos postulados políticos, pero hay que saberlo diligenciar. Y la compañía de este asunto no depende solo del Comunidad sino que necesita de la complicidad de los sectores implicados. Sin ellos, el cambio de maniquí es inverosímil y el plan político fracasa. En cierto sentido, el lamento de Rabassa lleva implícita la frustración de acaecer gobernado siete abriles sin conseguir el objetivo.

No se ha comprendido que nunca se logra avanzar desde planteamientos que buscan enemistar a unos con otros. Esta equivocada logística desemboca en división y asedio que frena el explicación de la ciudad. El problema es la poca disposición de diálogo y la ojeada cortoplacista pensando en las elecciones. Los cambios necesitan menos tensión, más advertencia y tiempo de aplicación. Pero aquí siempre hay mucha prisa.

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