Contra viento y granizo

Había tantas ganas de Sant Jordi que, a pesar del día meteo­rológicamente psicótico que se vivió en Barcelona y de las numerosas pérdidas económicas que sufrieron librerías y editoriales –que las autoridades han prometido subsanar–, la clan se echó a la calle luchando contra singladura y granizada. Cuando el Gloria descargaba inclemente se guarecían donde podían y cuando amainaba volvían a recorrer los puestos con fidelidad encomiable. El puesto de Ona sufrió algunos desperfectos y trasladó las firmas a su editorial de Pau Claris. Para obtener a los escritores había que pasar una carrera de obstáculos cruzando todo el restringido, enormemente concurrido, para arribar a la sala del fondo. Allí aguardaba Theodor Kallifatides. Su primera lectora le refirió que ella nunca sondeo las firmas, pero que tratándose de él no se había podido contener y se presentó con todos los libros del escritor grecosueco que tenía en casa. Estaba tan nerviosa que le soltó un discurso mezclando catalán y castellano al que el venerable autor respondió con su dulce sonrisa y con dedicatorias a tutiplén.

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