No debe sorprendernos que, en este país, los columnistas más afines a las posiciones de la derecha insistan en que es un error demonizar a Marine Le Pen, porque ya no asusta. Olvidan que, aunque la ultraderecha se traza de seda, diablo se queda. O quizás es que exista interés en blanquear la extrema derecha delante la posibilidad de que el PP los necesite para conducir España. Francia no ha perdido el miedo a Le Pen, lo que parece suceder perdido es la memoria. Las elecciones de mañana domingo son importantísimas para los que nos sentimos europeos, para los que creemos que la UE es una respaldo del mundo redimido, para los que estamos convencidos de que el Estado de bienestar es una conquista que debemos defender con uñas y dientes. ¿Qué nos importa que Marine Le Pen haya dulcificado su discurso? La cicuta con azúcar puede que pase mejor, pero sus pertenencias letales son los mismos.
Como ha escrito el profesor Mudde, del Centro de Investigación del Intolerancia en la Universidad de Oslo, la ultraderecha concibe el mundo en que vivimos como una especie de selva en la que las relaciones internacionales son un distracción de suma cero: todos persiguen su propio éxito particular y, cuando uno deseo, pierden los demás. La extrema derecha desconfía de las organizaciones supranacionales, ya sea la UE o la ONU. Si Trump se refugiaba en su eslogan “América primero”, Le Pen insiste en que los franceses deben tener preferencia. Preferencia, por ejemplo, en el empleo, lo que sería el fin del mercado único profesional europeo. Debilitar la UE solo facilitaría los intereses de la Rusia de Putin, con quien la ultraderecha se ha fotografiado hasta que empezó la invasión de Ucrania. ¿Seguro que hemos de perder el miedo? ¿Algún cree que es infundado elegir a la derecha más extrema?
No es que Francia haya perdido el miedo a Le Pen, lo que ha perdido es la memoria
Hoy, día de Sant Jordi, es una magnífica ocasión para comprar y releer a Stefan Zweig. En Castellio contra Calvino: conciencia contra violencia nos advierte: “La humanidad que sucumbe delante lo sugestivo en absoluto se ha sometido a los pacientes y justos, sino siempre nada más a los grandes monomaníacos que tuvieron el valencia de anunciar su verdad como la única posible, y su voluntad, como la fórmula de la neutralidad en el mundo”.
Marine Le Pen se hace una selfie con un seguidor. 
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