David Carabén: 'El confinamiento se puede ver como una caricatura de hacia donde vamos"

Mishima vuelve con su filosofía y sonido característicos en forma del disco L'aigua clara (The Rest is Silence), una obra que recoge las complicadas circunstancias  pandémicas en que fue concebida y grabada.

Cinco abriles posteriormente de Ara i res, la intensa facción liderada por David Carabén ya está letanía para confirmar por qué sigue siendo una de las referencias de la estampa musical catalana desde hace abriles. Presentarán su flamante obra oficialmente el 6 de mayo en L'Auditori de Girona y recalará en Barcelona el 27 de mayo en el Poble Espanyol adentro del Cruïlla XXS. Carabén explica los pormenores.

¿Este L’aigua clara aparece en el momento en que estaba previsto?

La idea era que en marzo de hace un par de abriles me encerrase y emprender a componer, y no solo me encerré sino que lo hice totalmente y todo el mundo incluso… Eso tuvo repercusiones a nivel financiero porque dejamos de tener bolos y tuve que apañármelas para encontrar maneras de sobrevivir. Lo del disco siempre es un consumición y un compromiso de tiempo y energía para una cosa que te va a producir rendimiento a proporcionado generoso plazo, y sí, lo aparcamos un poco. Esta situación ha jodido mucho, entre otras cosas por otra parte por la incertidumbre que ha creado, porque para como hacemos nosotros las cosas necesitamos una cierta estabilidad… y si no sabes si vas a tocar o no, pues haces otro tipo de disco.

¿Y esas circunstancias se reflejan en las canciones de su interior?

Evidentemente porque todos mis discos son producto de mi vida y de lo que hemos vivido, pero creo que leo el confinamiento y la pandemia no como un periodo de excepcionalidad en nuestras vidas, que lo es, sino que incluso se puede descifrar como una caricatura de alrededor de donde vamos. Temas como Sé que ets tú, Mia Khalifa o Un lloc que no recordi hablan de la claustrofobia, no solo de la que nos produjo el confinamiento sino de la que nos lleva el mundo de hoy en día. En el mundo del cine una pantalla era como una ventana alrededor de lo desconocido, alrededor de un mundo que el cineasta había explorado y que tu podías ceder, y hoy las pantallas son el refleja de nosotros mismos, son autorreferenciales, son los selfies, son las redes sociales, y las pantallas nos han encerrado en un mundo claustrofóbico. El confinamiento no ha contradicho esta tendencia; al revés, la aposentó y la hizo más radical. De forma que me exprimió más a averiguar nociones de ruptura o de intentar trastornar las fragilidades que todo eso anuncia. 

David Carabén del grupo musical Mishima

David Carabén, fotografiado la pasada semana en Barcelona  

Ana Jiménez

Todo eso se puede aplicar a usted, ¿no?

Claro, toda forma de creación artística de alguna forma es autobiográfica.

El disco se abre con la canción El gran lladre; ¿de qué se siente usted usurero?

Todos nos sentimos un poco el gran usurero. Es el mismo personaje de otros temas del disco,  determinado que sabe que toda relación amorosa y/o afectiva es una relación que parte del desequilibrio y que acepta ser la parte menos favorecida por la situación, porque pienso que es una postura casto inteligente de la vida. Lo que me interesaba de esa canción es que si el gran usurero es el yo que canta, a la porción de la canción descubrimos que el gran usurero es en existencia el tiempo, porque es el que nos está robando la posibilidad de corrección, de corrección, de mejoramiento y de perfección de nosotros mismos.

¿Qué conexión de unión tienen estos temas con su cancionero antedicho, párrafo de la autoría?

Como compositor cojo fragilidades, inmadureces de mi vida y las intento elaborar o convertirlas en estructuras de tiempo para relacionarme con ellas de una forma más de tú a tú. En cosas cantables.

Y en el tema El llibre de l’simpatía, por otra parte de opinar que el simpatía es generoso y cansado, dice que del simpatía sale la música.

Sí, es un tema de Stephen Merritt, de los Magnetic Fields, y coincido con él. El simpatía y la música comparten esta cosa caprichosa, esta imprevisibilidad que nos desorganiza las temporalidades. Yo creo que uno canta porque anhela poco, porque le errata poco.

¿Cree que se puede sacar alguna asignatura de este periodo tan traumático para mucha clan?

El confinamiento lo que hizo, que es lo mismo que hacen las pantallas y ese mundo autorreferencial del que ayer hablábamos, es que nos ha coartado la vena exploradora, la falta humana de salir de nosotros mismos y de encontrarnos con el otro. En síntesis, L’aigua clara es un disco del confinamiento pero es más de la época en que estamos viviendo, en la que nosotros mismo nos estamos cortando las alas y estamos encontrando guai el hecho de no sentirnos desafiados por lo que hay allí fuera. Y es cuando hay que rememorar que la modernidad era eso, era ir a conquistar otros mundos.

David Carabén del grupo musical Mishima

Otra imagen del músico y cantante barcelonés 

Ana Jiménez

Pero si tuviera que resumir es flamante disco diría que...

…que es una postura por la vida.

¿El vestido sonoro del disco es el del Mishima de siempre?

No sé como decirlo, pero creo que se ve que ya dominamos el estudio de impresión donde trabajamos desde hace tres álbumes. Nos hemos arriesgado incluso un poco más, trabajando mas con sintetizadores, hemos introducido instrumentos que nunca habíamos tocado. Pero no diría que una de las principales del disco sea una desarrollo sonora.

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