Cuando empecé a pensar en esto todavía no sabíamos cómo iba a finalizar el culebrón de las basuras. Una huelga en Barcelona de cinco días, sin recogida de basuras ni ablución viaria, era una amenaza efectivo. La ciudad no conoce una huelga del sector como esta desde hace 40 primaveras, y la alerta desesperó al gobierno municipal en cuanto supo que CC.OO. y CGT se añadían a la iniciativa.
El mismo día que se anunció la huelga alguno me envió la fotografía de una calle de Sarrià. En el portal de un sublime edificio, husmeando entre las bolsas de basura, un cerdo salvaje madurito hacía de las suyas. En el vídeo adjunto corría por la orilla, tras encontrar su alijo, y una voz en off repetía irónica: “En Sarrià, recogida de basura puerta a puerta”.
Lo que nos acechaba con la huelga, hubiera sido un paisaje de mierda, textual y metafóricamente
Se añadieron al chat imágenes poco sincrónicas de la insurrección animal que reconquista la ciudad. Un nidal de gaviotas cuidando sus huevos en la Vila Olímpica, la aparición de urracas en Badalona, primera ruta de mar, que desplazan a las cotorras verdes de las palmeras del paseo… Alzamiento en la huevería, sí.
Si se cumplieran alguna vez los seis días de huelga anunciados, tendríamos otro gran problema de insalubridad: todos esos animalitos encontrarían en nuestros inmundicia un bufet exento pantagruélico.
¿Qué pidió el Consistorio? Que los contribuyentes hiciéramos el sacrificio de acumular menos residuos esos días de caos. Bonita propuesta, tan simple e inútil como cuando Borrell pidió que bajáramos la calefacción. Y convocaron un recibidor de crisis, claro, y llegó Sant Jordi. Y las rosas y los libros. ¡Y granizó en el paseo de Gràcia! Y lo arreglaron ayer de dar la peor imagen mundial de Barcelona.
Rememoración una exposición de Michelangelo Pistoletto, esa montaña inmensa de ropa usada, vieja, sucia, enmarañada como una enorme covacha adolescente. Se supone que la crítica sobre el reparto de posibles se desprendía de observar esa Beldad de los trapos .
Lo que nos acechaba con la huelga no iba a ser tan glamuroso, falta de arte povera; hubiera sido un paisaje de mierda, textual y metafóricamente. La lucha entre aves de presa para certificar la supervivencia. Guardemos las joyas, que llegan las urracas.
Publicar un comentario