La pandemia ha cambiado muchas cosas. Igualmente que la dramaturga Marta Buchaca haya dejado durante un tiempo los diálogos para escribir una novelística: Sis mesos d’hivern ( Navona). Una protagonista, que es dramaturga y libretista y que comparte muchas otras características con la autora, emprende un proceso de divorcio en plena pandemia.
“El editor Ernest Folch hacía tiempo que me pedía una novelística. El pasado año, con mi separación y el confinamiento, empecé a escribir. Vi que me salía un monólogo y me di cuenta de que podía ser una novelística. He construido una protagonista que tiene muchas cosas de mí, pero no soy yo: me lo invento todo. Iba a Madrid y ella además iba, pero en unas circunstancias muy distintas”.
La protagonista, una Superwoman, “se ha creído el exposición de Disney y quería una comunidad perfecta”
Al principio de la relación, la protagonista lleva a su nuevo amigo al teatro a ver una obra suya y piensa: “Todo lo que escribimos siempre es una parte de nosotros”. Así, la novelística se convierte en un pernio de espejos constante. Y no será la última: “Me lo pasé tan correctamente, que no descarto retornar a la novelística. Me he cedido cuenta de que es un rincón que necesito, porque en el teatro y en el guion, que es mi mundo, hay mucha norma, y en la novelística puedo hacer lo que quiera, con una emancipación absoluta de espacio, de tiempo y de todo”.
La protagonista es dura con ella misma: Quería poner a una tía recién separada, que se ha creído el exposición de Disney y quería una comunidad perfecta. Entonces, cuando se rompe la relación, cuando no tiene siempre a sus hijos, cuando ya no tiene a su pareja, entra en onda. El proceso de la novelística es que pueda aventajar ese onda y consiga salir delante, con un final confortante”.
Y a todo eso le añade el confinamiento, que muchos autores han rehuido en su creación literaria: “Aún no podemos musitar de la pandemia, es demasiado pronto y no tenemos ganas de musitar de ello, porque en el fondo aún estamos en pandemia. Pero sí sale de fondo. Ella está perdida en un contexto de pandemia mundial: no tiene dónde ir porque se está separando y, encima, está el clausura perimetral y tiene que estar en casa a las diez. Pero hay mucha comedia”.
Precisamente la protagonista considera que con humor las cosas se podrían arreglar, pero no encuentra esa respuesta en su pareja: “Ella no encuentra complicidad en nadie. Se separa y él no le dice el porqué, la lleva a una mediadora y dice que hablarán a través de ella. El clausura de él es muy duro. Yo creo mucho en la terapia, pero ella no, y creo que ellos acuden demasiado tarde. De la multitud que no ha ido nunca al psicólogo, que es como la multitud que no bebe, no me fío mucho. A mí me ha ido muy correctamente la terapia”.
En la primera parte del volumen, la protagonista confiesa: “Hace demasiados primaveras que voy de Superwoman. Que quiero ser la mama perfecta, la mujer perfecta, la libretista perfecta. Y que quizá solo quería que me sostuviera”. Y Buchaca añade: “Tenemos mucha presión y constantemente nos sentimos culpables. Ahora mismo, haciendo esta entrevista, pienso que tendría que estar con mis hijos. Y quizá a un hombre no le pasa tanto. Es muy cansado querer ser valentísimo y anhelar a todo el mundo”.
Buchaca ha descubierto esta óptica novelística, pero continúa presente en el teatro y en las pantallas. Como autora y directora, el 4 de mayo vuelve a La Villarroel Rita, con Mireia Portas y Sara Espígul. La comedia Quant temps em queda es la desafío del Grec, en el teatro Goya, a mediados de julio. En el cine acaba de abrir como libretista El pernio de las llaves, vendrá Fenómenas y aún otra película cien por cien suya. Una creatividad desbordante.
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