En un zoológico de Baviera se ha celebrado el rebautizo de un cerdo salvaje que tienen. Es un animal de pura raza rusa, que llegó hará tres abriles. Como hace tres abriles la situación geopolítica era diferente de la flagrante, el director del parque tuvo la brillante idea de bautizarlo con el nombre de Putin, en honor del presidente de todas las Rusias.
El problema es que, como es suficientemente sabido, las cosas han cambiado estos últimos meses y ahora sucede que, cada vez que tiene que enumerar a los ejemplares delante de los visitantes, le da cosa llamarle Putin. No solo se le hacen presentes las atrocidades del presidente ruso, sino que le preocupa que los visitantes consideren que, en las circunstancias actuales, ese nombre es improcedente. De forma que ha llegado a la conclusión de que, por muy cerdo salvaje que sea, ningún animal merece ese nombre. Para exprimir la audacia y sacar un rendimiento mercadotécnico ha hecho una indagación en las redes para que la parentela decidiera cómo tenía que rebautizarlo.
Eberhofer es el protagonista de las novelas de Rita Falk
El nombre vencedor ha sido Eberhofer, que es el patronímico del policía protagonista de una serie de novelas de la escritora bávara Rita Falk, la primera de las cuales lleva por título Maldita chucrut, dos palabras que me vinieron a la mente hace acoplado una semana, cuando volví al restaurante Alt Heidelberg de la ronda Universitat luego de que cerraran durante dos abriles por la pandemia. Pedí mi plato preferido de su carta, chucrut con guardia. Nadie que ver con la que hacían antaño. ¡Maldida chucrut!
Puestos a no salir de la derivada Putin > Eberhofer > cocina alemana > cocina rusa, mejor ir al Souvenir de la calle València, donde se come la mar de admisiblemente y finalmente es obvio encontrar sitio, porque muchos se han vuelto rusófobos y, adicionalmente de bloquear a Dostoyevski, Tolstói o Chaikovski, ahora igualmente boicotean a sus rumbosos arenques con cebolla, patatas y eneldo, por no musitar del pollo a la Kyiv.
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