¿Quién será el próximo presidente?

En la primera reverso de las elecciones presidenciales francesas celebrada el día 21 de abril del 2012, venció el candidato socialista, François Hollande, que obtuvo 10.272.705 votos (28,63%). En la segunda reverso, Hollande se impuso al presidente Sarkozy. En la primera reverso de las actuales elecciones francesas, la candidata socialista Anne Hidalgo ha obtenido 616.478 votos (1,8%), y ocupa el décimo zona de doce. En diez primaveras, el Partido Socialista francés ha perdido 9,7 millones de votos. Ha quedado arrasado. Cierto que lo mismo puede decirse de la derecha tradicional de matriz gaullista, hoy Los Republicanos, cuya candidata,Valérie Pécresse, ha obtenido 1.679.359 votos (4,8%). Puede decirse, por consiguiente, como ha hecho el politólogo francés Philippe Corcuff en La Contra, que “los grandes partidos de antiguamente han perdido su identidad al abandonarse su carácter social llamativo. El electorado de clases medias bajas y bajas se ha sentido frustrado y los ha desaliñado”. En suma, han bastado diez primaveras para que el electorado francés haya desaliñado al Partido Socialista dejándolo en las raspas. De ingresar las elecciones a ser borrado del planisferio.

Hay una pérdida de confianza de los electores en sus representantes, es asegurar, una decadencia del vínculo representativo

Ahora admisiblemente, si “los grandes partidos de antiguamente” han pasado a peor vida, ¿quién ha ocupado su zona?, porque en política no existe el vano. La vacante de la “derecha de antiguamente” ha sido ocupada en buena parte por Macron, diga él lo que diga. Y la del Partido Socialista la ha conseguido habitar, al tercer intento, Mélenchon, cuyo resultado ha sido casi igual al de Le Pen. Sin requisa, esta distinción taxonómica tradicional entre derecha e izquierda quizá tenga poco que ver con la ingenuidad de hoy, en la que incluso la determinación del sexo se deja al arbitrio de la suelto referéndum. No debe sorprender por ello que, como además dice Corcuff, “sondeos muy fiables apuntan que hasta el 30% del electorado de Mélenchon podría amorrarse ahora por Le Pen y la mayoría al menos alejarse sin elegir a Macron”. O sea, un totum revolutum. Lo que obliga a pensar que alguna explicación debe poseer para este trajín de votos. Y no es difícil hallarla.

Sánchez, Núñez Feijóo y Díaz Ayuso tienen delante sí la tarea de recuperar alguna credibilidad

La secreto está posiblemente en la pérdida de confianza de los electores en sus representantes, es asegurar, en la decadencia del vínculo representativo, que constituye la saco del sistema tolerante occidental. La primera causa de esta decadencia es la crisis del maniquí de capitalismo dadivoso, con su corolario de un aumento obsceno de la desigualdad, la esforzado abrasión de la igualdad de oportunidades, el aumento de la precariedad gremial, así como una creciente sensación de inseguridad y desconfianza en el futuro. Y si a esto se añaden los existencias desoladores de una corrupción generalizada y de la emergencia de fuertes sentimientos xenófobos en algunos sectores sociales, tendremos completado el atmósfera en el que los “partidos de antiguamente” están naufragando por una absoluta error de credibilidad, que desdibuja encima la totémica distinción entre derecha e izquierda.

En España, menos del 10% de la ciudadanía confía en los partidos políticos. “Hay una presunción esforzado –escribe Sánchez Cuenca– de que los líderes políticos, en cuanto son elegidos, se transforman en funcionarios de partido, con intereses inconfesables (…). De ahí que haya una demanda potente de autenticidad y una búsqueda por encontrar un líder salvador”. Pedro Sánchez fue manido como este líder renovador por los militantes del PSOE, tras su patética defenestración por el establishment socialista. Y Alberto Núñez Feijóo ha asumido un papel parecido en el PP, quedando en la reserva Isabel Díaz Ayuso. En cualquier caso, los tres tienen delante sí una tarea ingente, que pasa por recuperar alguna credibilidad. En el caso de Sánchez, ya es más que difícil, perspectiva su trayectoria constante. En los de Feijóo y Ayuso, está por ver.

No son solo palabras. Hay datos: el PP y el PSOE han pasado de concentrar el 83,4% del voto en el 2008 a un 46,4% en abril del 2019. Un 37% menos. Así las cosas, ¿quién será el próximo presidente del Gobierno de España? El que inspire confianza. Y este, ¿quién será? Eso, sábelo Jehová.

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