¿Soy un cobarde?

¿Eres un cobarde si sigues llevando la mascarilla en interiores? Eso piensan algunos cuando te ven entrando con ella al supermercado o a una cafetería. Tenemos varias tipologías de observadores. Los hay que directamente te miran mal, otros prefieren esbozar una sonrisa condescendiente e incluso tenemos a los que cuchichean con el de al costado como si fueses un bicho raro, un paranoico que vive anclado a una pandemia del siglo pasado. Es vistoso, un simple decreto hace que todos nos liberemos, nos sintamos seguros, reconfortados, libres. Aquí no ha pasado nulo. Si lo dice el Gobierno, todos tranquilos. Y ojo, los datos avalan esa intrepidez. Cada vez hay menos casos y cada vez menos graves, a Dios gracias. Pero a algunos de nosotros nos cuesta retornar a la antigua normalidad, a lo que hacíamos y sentíamos antaño de la maldita covid. Seguramente no tenga demasiado sentido, pero me sigue costando dar un revolcón sin mascarilla, subir en el montacargas con más gentío o charlar a menos de un patrón sin ella. Es así, no puedo evitarlo. Han sido dos primaveras duros, muy duros, con mucha gentío que se ha quedado en el camino o con graves secuelas. Aún no soy capaz de proceder como si no hubiese pasado nulo.

A algunos de nosotros nos cuesta retornar a la normalidad de antaño de la covid

Ahora llegan algunas preguntas. ¿Qué hago? ¿Sigo buscando terrazas con estufa en los restaurantes? ¿Pido a los comensales que se hagan un test de antígenos antaño de sentarse a mi costado? Os confieso que todavía tengo dudas. Soy consciente de que hay que contraer que el virus es más débil, los síntomas son leves en la mayoría de los casos, hay poca gentío en las ucis por covid… Pero esto es una cuestión de individuo. Y yo necesito más tiempo, que la situación contemporáneo perdure e incluso mejore, que hay ganancia. De momento, las farmacias van a seguir ganando pasta conmigo por los tests y las mascarillas. Siento utilizar esta columna para transmitiros estas inquietudes sobre un tema del que todo el mundo está más que harto, incluido yo, pero estoy seguro de que no estoy solo. Estoy convencido de que muchos de los que estáis leyendo estas líneas pensáis lo mismo. Os digo poco, lo superaremos, ya lo veréis, esto no durará para siempre. Solo una cosa más: que nadie nos dé lecciones de valentía. A veces ir de fuerte se paga demasiado caro.

Horizontal

Una alumna muestra su mascarilla el día en que entró en vigor el decreto que pone fin al uso de la mascarilla en la mayoría de interiores 

Eduardo Parra / EP

Post a Comment

Artículo Anterior Artículo Siguiente