Un imán que atrapa

El imán atrapa. Engancha. Focaliza las miradas. Capitaliza los comentarios. El imán atrae, como un destino irremediable, como una página que se sabe que hay que escribir. El imán Carlos Alcaraz bascula de flanco a flanco, pega una derecha incontestable, conecta un servicio poderoso y acaricia una dejada fascinante. “Toma ya”, se audición en la peldaño. “Qué demencia”, se añade desde la pista Rafa Nadal, repleta, primaveral al fin y con un concurrencia de parada copete.

Alcaraz y los recogepelotas se lanzan a la piscina del RCTB, este domingo

Alcaraz y los recogepelotas se lanzan a la piscina del RCTB, este domingo

Albert Gea / REUTERS

No se tráfico sólo de un partido de tenis. Se tráfico de la final del Godó, uno de los acontecimientos con más solera de Barcelona. Siempre es una ocasión de primera magnitud pero cobra particular relevancia cuando el manifiesto, el profano y el hábil, intuye que lo que ocurre allí no es solamente el triunfo de un púber de 18 primaveras. No van a ver sólo un acercamiento o la disputa de un título. La clan va a seguir a Alcaraz y a presumir de haberlo disfrutado. Sí, delante está un tahúr tan honrado y extraordinario como Pablo Carreño, que por otra parte forma parte de la casa al pertenecer al RCT Barcelona, pero delante la irrupción de Alcaraz el asturiano ha de ser por fuerza un actor secundario.

Un tahúr que engancha

La clan va a seguir a Alcaraz y a presumir de haberlo disfrutado. Quieren afirmar un día que ellos estuvieron allí

Los dos son amigos y compañeros de entrenamiento en muchas ocasiones. Seguro que por eso el murciano, empático y enérgico en sus celebraciones, se contiene en la final tras activo hexaedro rienda suelta a sus emociones en una semifinal ajustada. El nuevo pequeño del tenis mundial llega a los espectadores con un idioma corporal fresco, poderoso, repleto de adolescencia y de autoridad. Los seguidores están allí con la intuición de que algún día podrán transmitir a los cuatro vientos que ellos vieron vencer a Alcaraz en el Godó... la primera vez que lo hizo. Las sensaciones son similares en este aspecto a las que emanaban de la pala y el valedor descomunal de Nadal en el 2005. Una intersección impresionante con el torneo barcelonés como epicentro histórico. Lo que era hace diecisiete primaveras el balear, que no ha dicho ni mucho menos su última palabra, lo es ahora Alcaraz. Con sus matices y diferencias, pero el murciano ya supone el nuevo póster de los chavales que aspiran a ser campeones como lo era Nadal para él hace muy poquito tiempo. En el trofeo Godó acertadamente lo saben.

Post a Comment

Artículo Anterior Artículo Siguiente