Los existencias de la robótica y de la inteligencia químico (IA) en el mercado profesional son temas de gran preocupación social y hace tiempo que tecnólogos y economistas debaten sobre qué profesiones tienen más peligro de ser automatizadas y qué trabajadores corren más peligro de ser sustituidos en su tarea por un androide.
Ahora, un equipo de expertos en robótica de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) y de economistas de la Universidad de Lausana (Suiza) han desarrollado un método que compara las habilidades humanas y robóticas para el desempeño de casi mil ocupaciones diferentes y, en función de ello, calcula el peligro de automatización para cada uno de esos trabajos.
Su sistema, recogido en un artículo publicado en la revista Science Robotics, rebusca predecir qué empleos podrían automatizarse y ser realizados por inteligencia químico o robots físicos en el futuro y, al mismo tiempo, qué alternativas tienen las personas que desempeñan esas tareas para sujetar el peligro de quedarse sin trabajo y minimizar el esfuerzo de reciclarse o reorientarse con destino a otra actividad.
“Evaluamos hasta qué punto la tecnología está directorio para dotar a los robots de las habilidades necesarias para los trabajos y utilizamos estas evaluaciones para calcular el peligro de automatización de cada trabajo. Nuestro enfoque proporciona un método objetivo para caracterizar a los trabajadores en peligro de ser desplazados por la automatización y redirigirlos con destino a trabajos que tienen menos peligro de ser automatizados y cercanos a sus trabajos anteriores en términos de habilidades y conocimientos requeridos”, detallan los autores.
Índice de peligro de automatización
Los físicos, los que menos; los empleados de matadero, los que más
Para cada trabajo calculan un índice de peligro de automatización (ARI) basado en cuántas de las habilidades requeridas pueden ser realizadas por robots y en la importancia que tienen esas habilidades concretas para desempeñar esa ocupación.
El ARI más bajo, del 0,44, lo registran los físicos, que son luego los profesionales con último peligro de que se automatice su trabajo. En el otro extremo, con el ARI más stop (0,78), están los empleados de los mataderos y los envasadores de carne, que son los que tienen más probabilidad de ser sustituidos por un androide.
Entre unos y otros se encuentran todas las demás ocupaciones. Para los ingenieros en robótica y los economistas –las profesiones de los autores del estudio– se calcula un ARI de 0,55 y 0,57 respectivamente.
Para un piloto de avión del 0,55, para un acupuntor del 0,61, para un camarero 0,71 y para un reparador de bicis 0,64, lo mismo que para un mecánico de camiones, y tenuemente superior al 0,62 de un chef de cocina, por citar solo algunos ejemplos de los casi 1.000 empleos analizados y que pueden consultarse a través de la web Resilience to robots.
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Los desarrolladores de esta fórmula apuntan que los gobiernos podrían utilizar su método para evaluar el peligro de desempleo de las poblaciones de su país y ajustar sus políticas educativas. Añaden que además puede resultar útil para que las empresas de robótica comprenda mejor las evacuación del mercado, mientras que a los ciudadanos particulares les puede servir para identificar la mejor modo de reposicionarse en el mercado profesional mediante actividades que sigan requiriendo más destrezas humanas que robóticas.
Los investigadores aseguran que han contrastado la idoneidad de su método aplicándolo a la composición del mercado profesional de Estados Unidos “y demostramos que podría sujetar sustancialmente el peligro de automatización de los trabajadores, y que el esfuerzo de readiestramiento asociado sería moderado”.
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