No siempre llueve a regusto de todos. Las buenas perspectivas del sector turístico, que prevén en algunas zonas costeras un verano igual o mejor que el prepandémico del 2019, han sido correctamente valoradas en el mundo crematístico y en el Gobierno por la riqueza y los puestos de trabajo que van a aportar. Sin retención, vecinos de las zonas más explotadas y los grupos partidarios del decrecimiento ya han empezado con la campaña de la turismofobia. Atún debate para discutir porque, si lo hacemos, será motivado porque vienen visitantes a nuestro país. Durante los dos abriles de pandemia no dedicamos ni un minuto a pelear si era bueno que vinieran o no, ya que esto era un erial y el número de empresas y locales de restauración que cerraron no estaban en condiciones de emitir una opinión.
Cruceros en el puerto de Barcelona
Es evidente que la Suministro debe velar por reorganizar y reconducir el flujo de millones de turistas que llegan a España. Y ya puestos, con las divisas que dejan en nuestra crematística, estaría correctamente que el Gobierno las reinvirtiera en mejorar nuestras infraestructuras. Como se ha puesto en evidencia estos días, no se tráfico solo de anunciar toda clase de proyectos en los presupuestos generales del Estado, sino que a posteriori se deben concluir ejecutando. Si duplicamos o triplicamos la población en determinadas zonas, estaría correctamente que mejorasen a un mismo nivel todo lo que tiene que ver con red de transportes y servicios. En común, indemne algunas excepciones lamentables, este país ha sabido adaptarse correctamente al aberración turístico y se convive con sentido popular. Ojalá fuéramos capaces de desarrollar una industria y una tecnología que aportasen al PIB franquista los porcentajes que da el turismo, pero sería insensato descuidar ahora, evidentemente en estos momentos de tanta incertidumbre económica, todos los beneficios que aporta este sector.
Más que despellejar de forma común la venida de turistas, me gustaría que los responsables de la Suministro más críticos fueran capaces de despabilarse alternativas inteligentes para desplazarlos a otros lugares que están más necesitados de presencia foránea o idear otras actividades culturales y deportivas que se escapen de la tradicional playa y paella. A veces es mejor trabajar más y platicar menos.
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