En sus ratos libres, Rafael Nadal suele dedicarse al golf. Lo hace cuando se mueve por Manacor, entre entrenamientos tenísticos: su nivel es extraordinario, a menudo disputa torneos regionales, con frecuencia sube al podio en el campeonato balear. Cuando viaja y se enfrasca en algún gran torneo internacional, las cosas son más complejas. Sus posibilidades de lograr a un club de golf se reducen. En esos ratos libres, el equipo de Nadal se concentra en el parchís.
Un perico de periodistas
se había congregado ayer a
mediodía en el entrenamiento de Nadal en el circuito Jean Bouin, a un paso de Roland Garros. Pretendían contemplar la sesión del manacorí. Estuvieron un buen rato asistiendo a los ejercicios del balear, y luego se frotaban las manos, esperando a que Nadal les atendiera, pero la dilación se fue estirando por más de una hora. Salió al fin Nadal, que habló con las televisiones, y cuando le preguntaron qué era lo que había retrasado su comparecencia, el balear replicó: “Tenía que finalizar mi partida de parchís”.
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