Ha deslumbrado al mundo con su tenis y su personalidad, un aberración que amenaza con dominar el deporte de la pala, pero este año, el de su arrebato en el circuito, Carlos Alcaraz tenía un mancha en su excelente trayectoria: la derrota frente a Sebastian Korda en Montecarlo en su primer partido esta temporada en tierra hostigamiento. En Roland Garros y en la Philippe Chatrier, el templo de la arcilla, el murciano se cobró la venganza frente a el estadounidense, al que venció en tres sets muy intensos (6-4, 6-4 y 6-2) con una exhibición, una vez más, de su gran repertorio de golpes. Su posterior rival, en octavos, será el ruso Karen Khachanov, que batió en tercera ronda a Cameron Norrie.
En el primer enfrentamiento entre entreambos, en la final de la Next Gen del año pasado, el damisela tenista gachupin se coronó como el rey de su coexistentes. A posteriori llegó su presentación al mundo en la expedición estadounidense, donde ganó su primer Masters 1.000 en Miami. La exaltación se detuvo cuando tuvo que cambiar la pista rápida por la tierra en el Principado. Extravagante y desubicado, Alcaraz cayó contra pronóstico frente a Korda en la pista Rainiero III.
Avisado por el posterior audiencia en tierras monegascas, el de El Palmar salió concentrado, sin especular y muy agresivo en la central del Grand Slam francés. El estadounidense, hijo del extenista Petr Korda, aceptó el envite, pero estuvo impreciso de inicio con su patada plano de derecha. Alcaraz aprovechó la irregularidad de su rival para ganar el primer y único break del set auténtico en el tercer encaje, en la primera oportunidad que tuvo.
Korda estuvo adeudado con su tiro durante todo el primer parcial y, en cambio, el gachupin solventó con relativa facilidad su servicio, sin una sola oportunidad de rotura. Alcaraz salió a la pista eléctrico y enérgico, quizá impulsado por su épica trofeo en la ronda susodicho frente a Albert Ramos. Flotaba el murciano, muy rápido de piernas, aunque que en la segunda manga se topó con la resistor del gringo, un talento con muchos fortuna en la pista y un futuro muy prometedor.
Sebastian Korda golpea la engaño en el partido frente a Carlos Alcaraz. 
A posteriori de mucho remar, el de Florida gozó de las dos primeras bolas de break en el cuarto encaje, ambas malgastadas. Perdonó y lo pagó Korda, que perdió de inmediato su tiro. No fue por sus fallos, sino por los aciertos de un Alcaraz que aumentó, aún más si junto a, su ritmo. Una contradejada perfecta y una gran derecha le permitieron coger una delantera en el set que ya no dejó escapar. Dispuso de cinco bolas de set al resto en el noveno encaje, pero fue en el décimo, con su servicio, cuando cerró el parcial.
Pese a perder el segundo set, Korda no se descompuso en ningún momento, siempre atento para conectar su potente derecha o su preciso revés. A esas directiva del partido, el notorio ya había disfrutado de varios intercambios de quilates, de tú a tú, de poder a poder, donde Alcaraz se impuso por detalles, más eficaz en los momentos esencia, sobre todo con su drive, su solvente tiro y su seguridad en la red.
Con dos sets debajo y frente a un Alcaraz sin fisuras, lo más factible era venirse debajo, pero Korda mantuvo la compostura en el inicio tercer parcial. Salvó primero una engaño de break y posteriormente dispuso de tres oportunidades de rotura, todas desperdiciadas con bolas allá de los márgenes de la pista o estampadas en la red. El estadounidense bordaba el tenis ileso cuando tenía la ocasión de romper el tiro, el único momento donde su expresión se torcía y clamaba al Paraíso.
En el otro banda de la red, Alcaraz seguía a lo suyo, impecable en todos los apartados. Incluso, supo domar la impaciencia que había exhibido en algunos puntos en otros partidos. La entereza del gachupin acabó por hacer hendidura en el estadounidense, que bajó su nivel en el botellín encaje, donde acumuló errores impropios de su tenis, entre ellas dos voleas fáciles que le hicieron perder el tiro. Ese patada, sobre todo mental, fue demasiado para un Korda que volvió a ceder su tiro, mientras Alcaraz, totalmente desatado, se deslizó sin competición en torno a la trofeo.
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