Cómo puede Rafael Nadal jugar con dolor

Rafael Nadal convive con la enfermedad de Müller-Weiss desde 2005. Son 17 abriles de un partido contra una deformación degenerativa en su pie izquierdo que no le hace perder la sonrisa y las ganas de recrearse, aunque a veces admita, como hizo el 12 de mayo al resultar fuera del Open de Italia que la serenidad que le produce entrenar y recrearse empieza a igualarse o a perderle la partida al dolor con que lo hace. Ese partido perpetuo entre la serenidad y el dolor es un ocio de individuo más que de pala, ¿Cómo se juega?

El ocio de Nadal, interiormente y fuera de la pista

Según Dolors Soler, investigadora y diestro en psicología de la rehabilitación y dolor neuropático del Institut Guttmann, "buena parte de la gobierno del malestar de Nadal se podría explicar porque demuestran una entrada 'resiliencia al dolor', poco que está recibiendo un agradecimiento cada vez decano por parte de investigadores y médicos para entender y tratar el dolor crónico", declara Soler a La Vanguardia

"Algunos deportistas pueden exceder el dolor de forma continua y repetida, para sostener su nivel competitivo, porque están preparados para ello. A veces son recompensados con el éxito, y a veces, a pesar de su deseo de sobreponerse y contribuir, su cuerpo sucumbe a las consecuencias. Quizá los deportistas de más éxito sean los que mejor entienden la relación entre el dolor y el rendimiento: están preparados para exceder el dolor, pero toman decisiones sabias e informadas sobre cuándo merece la pena intentarlo", detalla Soler.

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Nadal en el partido de Roland-Garros contra Djokovic, arrastra una enfermedad en el pie izquierdo a pesar de la que sigue jugando y superando interiormente y fuera de la pista 

YVES HERMAN / Reuters

Iolanda López-Iglesias, profesora experta en psicopedagogía del talento y altas capacidades de la Universidad Internacional de La Rioja, que emplea a Nadal como maniquí de buena gobierno del talento, la frustración, el esfuerzo y el contrapeso en sus clases, cree que el entrenamiento mental es lo que construye la resiliencia del tenista.

“Nadal tiene una mente privilegiada que trabaja, prepara y entrena. Se esfuerza en arrostrar una vida equilibrada en sus proyectos y su vida privada, y tiene mucho autodominio”, declara a este medio López-Iglesias. “Por otra parte, se conoce muy acertadamente y está hendido a cambiar y a transformarse cuando las circunstancias se lo exigen o el equipo de personas de confianza que tiene al flanco se lo sugiere”, añade.

Para Soler, adicionalmente, un individuo resiliente es capaz de verificar emociones positivas y sostener un decano rendimiento. 

"La sostenibilidad: Es la capacidad en que una persona mantiene su compromiso
con las actividades positivas a pesar de verificar dolor.

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La recuperación: Es la presteza y
el éxito con que una persona vuelve a su funcionamiento primordial, fisiológico, emocional y
cognitivo, a posteriori de un brote de dolor.

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El crecimiento: Como expansión de nuevos
conocimientos, habilidades o fortalezas resultantes de la experiencia de afrontar el dolor",
explica Soler.

¿El dolor puede controlarse a fuerza de voluntad?

Unas investigadoras de la Universidad de Heidelberg, Linette Liqi Tan y Rohini Kuner, publicaron hace unos meses una revisión científica en Nature Neurosciences donde admitían que uno de los grandes retos de la biología y la medicina es entender cómo se crea una percepción del dolor, específica y variable en cada persona. Comprenderlo permitirá ayudar a más personas con un ataque más personalizado.

Rafael Nadal, entrenando en Manacor

Rafael Nadal, entrenando en Manacor en su agrupación. Las endorfinas al practicar deporte ayudan a tolerar mejor el dolor, como desviar la atención en otras actividades o tener una aspecto positiva 

Rafael Nadal

La revisión de las investigadoras desmenuza casi 170 trabajos científicos sobre este tema, y saco en claro que la experiencia dolorosa está muy modulada por factores cognitivos, motivacionales y emocionales, e involucra a la parte más desarrollada y inexperto del cerebro humano: el neocórtex, “que impulsa continuamente una plétora de funciones cerebrales como la toma de decisiones, la memoria y la emoción”. 

Las zonas más variables en cuanto a la percepción de intensidad del dolor entre unos individuos y otros son la corteza prefrontal ventromedial y la ventrolateral, según un artículo publicado esta semana en Nature Neurosciences. Estas zonas intervienen en la modulación cognitiva del dolor y su racionalización, la reconsideración de opciones, y la catastrofización. En concreto, la corteza prefrontal ventromedial está relacionada con la memoria autobiográfica, las valoraciones y los procesos cognitivos y afectivos. Es poco muy relacionado con la experiencia. Otra investigación, publicada hace unos meses en Science resume que la expectativa del dolor y permanecer en un estado más estresado y irresoluto o más relajado influyen en la tolerancia.

Según Soler, sin ninguna duda se puede incidir cognitivamente, con una buena vigor cerebral, y según la revisión y los trabajos anteriores de científicos, además, pero el mecanismo no es tan dócil como sólo desearlo, aunque influye, o no está desgranado todavía con suficiente detalle.

De debajo hacia lo alto y de hacia lo alto debajo

Soler resume cuatro etapas principales en el dolor para comprender cómo y dónde podría incidirse en llevarlo mejor. Estas etapas son: la propagación de la señal de un daño, como una corriente eléctrica, desde los nociceptores o receptores del tejido donde se produce; el alucinación de esa señal por la tuétano espinal hasta el cerebro; la activación en el cerebro de varias áreas que son las que construirán nuestra percepción del dolor; y, por postrero y lo que a Soler le parece más fascinante, la modulación de señales entre circuitos neuronales, que condicionan esa percepción. 

“Los nociceptores o receptores del dolor en un tejido dañado (una articulación, la piel, un víscera, etc.) transforman la energía del estímulo del daño periférico en energía eléctrica.

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La electricidad se transmite y propaga por la tuétano espinal hasta el cerebro.

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Al alcanzar al cerebro, el proceso se complica, porque se reparte activando varias áreas cerebrales implicadas en analizar, discriminar y procesar el dolor.

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La señal nocioceptiva o de dolor, se modula. Existe una red anatómica que regula la percepción del dolor del cerebro al sitio dañado, de hacia lo alto debajo, y del sitio dañado al cerebro, de debajo hacia lo alto.

​Esta modulación puede contribuir a que empeore o mejore la experiencia del dolor.

“La modulación tiene dos direcciones: de debajo hacia lo alto, de la zona dañada al cerebro, y de hacia lo alto debajo, del cerebro a la zona dañada”, enuncia la investigadora.  "El dolor se puede regular con estrategias probadas. Con examen, por ejemplo, se fuego e inhibe la respuesta del estrés, y toleras mejor el dolor. Desviar la atención a otra cosa, y quitarle atención al dolor, además se hace más tolerable", ejemplifica la investigadora, experta en modular el dolor con excitación eléctrica y efectividad potencial en pacientes amputados y con lesiones medulares.

La influencia de las expectativas

Las vías descendentes del dolor a las que se refiere Soler están íntimamente vinculadas a partes del cerebro con varias funciones, entre ellas, la amigdalitis, “que es una etapa que se pone en marcha para originar una alerta cortical y activar el estrés. Igualmente tiene un papel muy importante lo que conocemos como sustancia vulgar periaductal, y es rica en opioides, pero que tiene neuronas ‘on’ que se activan por el estímulo de dolor intensificándolo para que actuemos, y neuronas ‘off’ que reducen la percepción del dolor liberando opioides”, detalla Soler.

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Rafael Nadal en Roland Garros el 5 de junio de 2005, el año que le diagnosticaron la enfermedad de Müller-Weiss  (Photo by Clive Mason/Getty Images)

Getty

“Igualmente hay neuronas de tipo serotoninérgicas que regulan e inhiben el dolor y explican la analgesia por placebo, que ocurre por la expectativa de que aquello que te estás tomando te va a beneficiar por una percepción cognitiva que hace que generes endorfinas, entre ellas o dopamina, vinculada además con las vías descendentes y con el circuito de remuneración del bienestar”, añade la investigadora.

"Cuando se está concentrado en el oponente, la modulación supraespinal y espinal puede hacer para inhibir la transmisión o confinar la conciencia de la señal de dolor. De ahí las historias de deportistas que han continuado a pesar de una dislocación que (teóricamente) debería haberles hecho detener. En el momento de la competición, el sistema del dolor puede " inhibirse" y los deportistas son capaces de continuar a pesar del
tejido dañado. Sin incautación, una vez que se vuelve a prestar atención al dolor agudo (sobre todo a posteriori de la competición), la conciencia del dolor vuelve a ser válido.
Las diferencias en cómo las personas perciben el dolor influyen en la sensibilidad, la percepción y cómo se afronta.
La genética puede explicar en parte esa variabilidad, aunque los estudios con mancuernas han demostrado que los comportamientos aprendidos además son importantes. Las emociones positivas desempeñan un papel esencia en la atenuación de las consecuencias negativas del dolor y el estrés, y además promueven la recuperación efectiva a posteriori de períodos de estrés o dolor elevados" (Soler)

De hecho, como recogen las investigadoras de Heidelberg, el placebo, contiguo con el mindfulness son formas de analgesia sin fármacos que empiezan a emplearse y activan las mismas vías de la laxitud que los opiáceos. 

El cerebro está programado para que sobrevivamos

La doctora de Guttmann explica cómo algunos pacientes, al ser heridos o acaecer sufrido un casualidad, no sienten dolor para poder hacer y pedir ayuda, y el dolor se posterga a a posteriori. “Nuestro cerebro está programado para certificar nuestra supervivencia, y tiene sus prioridades. El dolor es un sistema de inquietud que ha de funcionar muy acertadamente, pero nuestro cerebro es capaz de priorizar. Algún a quien han dañado pero que ha de pedir ayuda para salvarse, como fue el caso de un paciente al que por error yendo en bici le atravesó una bala de cazador sin querer, fue capaz de pedir ayuda y proceder en todo lo necesario para que pudiesen tratarlo”, cuenta Soler. “Al despertarse, el paciente sentía un dolor horrible, pero cuando lo atravesó la bala, su cerebro priorizó en hacer lo necesario para sobrevivir”, cuenta.

Según la investigadora, existe un proceso inherente y natural de toma de decisiones en una condición de dolor que determinará si seguir persistiendo a pesar de la presencia del dolor: "cuando una remuneración o refuerzo anticipado se percibe como más importante para la supervivencia que la reducción del dolor, el organismo continuará su búsqueda", señala.

Una de las cosas que explica Nadal en el video de Telefonica es la entrega al partido y una tensión por la atención puesta en el ocio, punto por punto, con respeto al adversario y al ocio que puede cambiar de la forma más inesperada, por lo que es mejor no confiarse y no soltar esa tensión. Esa concentración y autodominio es lo que seguramente esté ahorrándole muchos malestares al tenista manacorense y lo convierta en un ejemplo de resiliencia.

Salir a darlo todo con determinación, insistencia y entrenamiento hacen que la motivación de seguir jugando durante tantos abriles gane su partido personal contra la condición que arrastra su pie izquierdo. Aunque a veces flaquee, y en las últimas declaraciones admita que, tal vez, este sea su postrero Roland Garros. O no.

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