Para coger fuerzas en presencia de la estricto travesía en velocípedo hasta Tossa de Mar los canadienses Brandon Zhao y Critopher Kao toman, a media mañana, un completo piscolabis en la Fàbrica Cafè, uno de los locales pioneros de Girona enfocados al turismo de dos ruedas. Su dueña, Amber Meier, recuerda que cuando lo abrieron, en el 2015 con su marido, el exciclista profesional canadiense Christian Meier, no había cafeterías especializadas inspiradas en el mundo de la velocípedo.
La progresión de los negocios abiertos en la ciudad desde entonces ha sido exponencial. Según los últimos datos facilitados por el ámbito de promoción económica del Cabildo de Girona, son casi una treintena los locales destinados a este filón de turistas que la pandemia había dejado en coma, pero que ahora ha vuelto a abrir con mucha fuerza.
“En el 2015 había solo tres negocios”, rememora Amber. Ahora los hay de todo tipo y para todos los gustos: de cesión y arriendo de bicis, talleres de reparación, de cesión de ropa deportiva y accesorios, bares y restaurantes de comida saludable, agencias de alucinación vinculadas al ciclista... Eso sin contar la planta hotelera que, desde hace primaveras, cuenta con la calificativo bike friendly. A existencias prácticos, el sello implica que disponen de un oficio seguro para que puedan tener su bici (algunas valen más que un coche), ofrecen desayunos a colchoneta de hidratos de carbono y que huyen del croissant... “La acceso que ha vivido el ciclismo este año ha sido descomunal”, explica Jordi Mias, director del hotel Carlemany. En temporada ingreso, entre abril y junio, ese perfil representa el 20% de la clientela hotelera. Un perfil que, encima, gasta mucho más que el resto. Los packs, a partir de 1.500 euros la semana, incluyen todo tipo de servicios: desde el transfer al aeropuerto, hasta alojamiento o actividades de ocio complementarias, como cenar en algún restaurante con sino Michelin.
“Han regresado los ingleses, franceses y americanos, faltan los australianos”, dice el dueño de un negocio
“El ciclista aquí nota que no le desatiendo de nulo; Girona es para ellos como Disneyland para los niños”, explica David Sances, de la empresa Trek Travel, un touroperador norteamericano, que organiza paquetes cerrados en cualquier oficio de Europa, incluida el ámbito de Girona. La compañía abrirá en los próximos meses un negocio en la calle Nou, a pocos metros del oficio donde se instalará pronto otra franquicia de ropa ciclista.
¿Por qué Girona se ha convertido en una meca para los ciclistas? No hay una única respuesta, sino que son muchos factores que han contribuido a situar la ciudad, de unos 100.000 habitantes, en una auténtico paraíso para profesionales y aficionados al mundo de las dos ruedas. La proximidad a la costa y a la montaña, la facilidad con la que los ciclistas salen de la ciudad y empiezan a rodar por carretera, un proceso que no les lleva más de 10 minutos, el clima, el hecho de que más de 250 corredores profesionales vivan o entrenen en la demarcación y una larga tradición de acoger clubs (actualmente son tres los que tiene su colchoneta en la zona) han creado “el ecosistema consumado” para que arraiguen más negocios y más ciclistas fijen aquí su residencia.
Es el caso del britano Tobby Perry, de 22 primaveras, que milita en las filas del equipo profesional estadounidense Hagens Berman, propiedad del exciclista Axel Merckx, hijo del proverbial Eddie Merckx. “El pasado invierno viví tres meses aquí y este año he fijado mi residencia; se hacen buenos entrenos, con buenos compañeros y las carreteras son seguras”, explica mientras el mecánico Boris Cid le arregla la rueda pinchada. Cid, que abrió su taller Dos off Track en mayo del 2019, constata que el trabajo fuein crescendohasta la pandemia. En los últimos meses ha notado más actividad. De media, repara unas treinta bicis a la semana. Incluso tiene un servicio de emergencia que permite una puesta a punto en menos de 24 horas.
“Girona es para el ciclista lo que para los niños es Disneyland”, dicen en una empresa chaqueta
Igualmente Eat Sleep Cycle, una tienda de cesión y arriendo de bicis y packs, abierta hace cuatro primaveras, se ha quedado pequeña. Ampliarán pronto el negocio, al que han sumado una cafetería que cada tarde se llena de deportistas que reponen fuerzas tras el pedaleo. Su dueño, el britano Lee Comerford, explica que el comba de alquileres de bicis ha vuelto a registrar datos de prepandemia con rodeando de un centenar diarios. “Han regresado los ingleses, franceses y americanos, faltan los australianos, que reservan sus experiencias y packs especialmente en verano”, afirma. Otro punto de encontronazo es La Comuna, un negocio cafetería tipo brunch que otro deportista de élite, el triatleta ario Jan Frodeno, abrió en el intramuros de Pedret. Frodeno gestiona los apartamentos que hay encima del tópico y ha invertido en rehabiliar un edificio del Barri Vell destinado a apartamentos. “El colectivo contribuye a crear riqueza en la ciudad”, esgrimen fuentes de este negocio.
Otro exciclista profesional, el australiano Rory Sutherland, hace primaveras que fijó su residencia en Girona y hace cinco abrió un café, el Federal. No tiene intención de marcharse a pesar de que entrena a la selección franquista australiana de ciclismo en ruta. “Girona es el centro del ciclismo del mundo”, afirma sin dudar.
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